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Ser Pareja

3 preguntas para saber si tu relación de pareja sigue fuerte

Tener una relación de pareja fuerte y sana es base de un familia armónica, algo que todos los niños necesitan. Te dejamos estas preguntas para que descubras si tienes este tipo de relación, o no.

Pregúntate:

¿Mi pareja se interesa en verdad en mí?

Indicios:

  • Te llama, envía mensajes de correo electrónico y de celular para saber cómo estás.
  • Le gusta si tú le llamas y se muestra con gusto de saber de ti.
  • Escoge salidas y regalos que corresponden a tus gustos y personalidad.
  • Hace cosas para facilitarte la vida y estés contenta.
  • Es feliz de darte su tiempo y atención sin enojarse si tú no puedes.
  • Sí te sientes cuidada, respetada y valorada por él.

¿Aún somos compatibles?

Indicios:

  • Nunca se te atora nada, no te quedas sin temas de conversación con tu pareja ni dudas si contarle algo de tu día a día, o no.
  • Se terminó la Luna de Miel y llevan ya algunos años juntos, pero todavía les gusta estar juntos.
  • Cuando se conocieron, sentiste muy fácil la comunicación con él y fluyeron bien.
  • Aunque les gusten cosas distintas, aprueban las decisiones y forma de vida del otro.

¿Estimula lo mejor de mí?

Indicios:

  • Te sientes alentada y sabes que él cree en tus posibilidades.
  • Se entusiasma de que intentes cosas nuevas, aun si hay posibilidad de fracasar.
  • Nunca sientes que tu pareja trata de cambiarte ni de dirigir tu vida.
  • Te escucha pero no da consejos que no solicitas.
  • Sabes que tu pareja confía en que te haces cargo de tu vida.
  • Los dos son francos en cuanto a sus ambiciones y sueños.

Te invitamos a leer:

6 pilares de una relación de pareja que forma una familia feliz

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Padres e Hijos

¿Por qué decimos mentiras a los niños?

Mentir es no decir la verdad, frente al dilema de decirla o no, la opción es hablar con la verdad eligiendo qué datos es necesario revelar. Y lo más importante, es saber por qué decimos mentiras, ya que desde ahí es posible que nos demos cuenta que nos son necesarias. 

Haz consciente el motivo por el cual lo haces

1. Por proteger a tu niño. Recurrimos a las mentiras piadosas para evitarle un sufrimiento. Por ejemplo, en el caso de la muerte de un familiar cercano, como el abuelito, se suele decir a los niños que se quedó dormido o que se fue de viaje, para que no tengan un trauma. Sin embargo, ese sufrimiento sí llegará y podría ser más complejo si se enteran por boca de personas que no reparan en explicarles con afecto.

2. Por guardar las apariencias. Ocurre sobre todo cuando la imagen familiar está de por medio, en caso de abuso sexual, un familiar encarcelado, hijos adoptados… Pero cabría preguntarse qué es más importante: las buenas costumbres, o el mensaje que estamos transmitiendo (que es válido engañar a nuestros seres queridos).

3. Para evadir responsabilidades. Pasa comúnmente frente a situaciones de la vida cotidiana: “no digas que estoy en casa, diles que fui al mercado”; “hoy no iré a trabajar, le diré a mi jefe que estoy enferma”. Lo hacemos pensando que no afectaremos a nadie, pero sí lo estamos haciendo, porque es el ejemplo que estamos dando a nuestro niño.

Date cuenta de que decir mentiras no es necesario. La terapeuta Karla Amieva explica que “no hay ventaja alguna en decir mentiras a los niños y que es mejor hablarles con la verdad porque ellos sí entienden las explicaciones. Además, entre los cuatro y cinco años empiezan a tener cierta concepción de la mentira, ya saben que una mentira es buena o mala”, por lo que lejos de ayudar, les podrían causar una confusión moral.

Mejor da a tu hijo respuestas conscientes y reflexionadas. Necesitas hacer un análisis de los mensajes que transmites a tu pequeño; muchas veces frente a la premura, estrés, cotidianidad… “les respondemos por responder”, sin detenernos a pensar en el efecto que nuestras palabras tendrá en ellos: cómo lo están interpretando.

Es una trabajo complejo porque requiere mucha introspección, pero es parte de ser padres. Verás que, poco a poco, controlarás más tus acciones y palabras.

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