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«¿Quién soy, mami?», te decimos cómo ayudar a tu hijo a conocerse a sí mismo

Al plantear esta pregunta, entramos al terreno de la autoestima, así que en otras palabras, el tema de esta ocasión es cómo nutrir la autoestima de tu hijo de tal manera que lo ayudes a conocerse a sí mismo y al mismo tiempos a aceptarse y respetarse. ¿Empezamos? 

Cómo ayudar a tu hijo a conocerse a sí mismo

Este objetivo va mucho más allá de llamar a nuestros hijos campeón o princesa y es que si lo reflexionamos un poco ¿qué mensaje enviamos cada que les llamamos así? Claro que la intensión es que sean mensajes positivos, pero se nos escapa que llamar a un niño “campeón” constantemente, le manda el mensaje de que esperamos que siempre gane. ¿Quiere decir eso que siempre está a prueba?

¿No lo estamos predisponiendo para que ponga en primer lugar la lucha, el dominio, la competitividad y que quizá deje de lado otros valores como la compasión, la solidaridad y la generosidad? ¿Y qué hay de las “princesas”? Al llamar princesa a una niña ¿en qué estamos poniendo el acento? ¿En la belleza, el glamour, quizá la superficialidad? Claro que el concepto de princesas de hoy en día incluye ser guerreras, pero no dejan de ser estereotipos; lo mismo que los campeones.

Lo que realmente nutre la autoestima de un niño es recibir el genuino reconocimiento de todas las características que conforman su personalidad por parte de sus padres, TODAS. Esto quiere decir que realmente conozcamos a nuestros hijos, que nos involucremos con ellos, con sus deseos y necesidades, con sus sueños y temores.

¿Qué no eso forma parte de ser un ser humano? Conocer profundamente a nuestro hijo nos permitirá conocer sus cualidades y fortalezas para apoyarlas, así como identificar sus características negativas y sus debilidades (sí, por muy perfectos que veamos a nuestros hijos, también los tienen) para ayudarlos a manejarlas de la mejor manera posible.

Un riesgo que corremos como padres es pretender dar a nuestros hijos aquello de lo que carecimos en nuestra propia infancia; y no me refiero necesariamente a cosas materiales. Puede ser que de niñas nos quedamos con ganas de ganar alguna competencia de natación y nos empeñamos en que nuestra hija lo haga porque consideramos que es algo muy bueno.

O qué tal que de niños queríamos aprender a tocar algún instrumento musical e inscribimos a nuestro hijo a clases de piano también porque es muy bueno. Nadie en su sano juicio cuestionaría los beneficios que a la formación de los niños aportan el ejercicio o la educación musical, pero el error está en anteponer nuestras expectativas a las reales aptitudes y deseos de nuestros hijos. El panorama empeora cuando queremos dirigir los pasos de nuestros hijos por el camino que nosotros “sabemos que le conviene” o el que han recorrido miembros de generaciones anteriores de la familia.

Es todo un desafío mantenernos lo más neutrales que nos sea posible y acompañarlos a que descubran qué de la enorme riqueza que ofrece este mundo les hace felices, sin que les impongamos nuestras expectativas, sueños, deseos, etc.

En la medida en que podamos reconocer sus cualidades, virtudes, y habilidades propias, sin lamentar que no tengan aquellas con las que nosotros soñamos, estaremos enseñándoles a reconocerse y aceptarse tal como son; estaremos nutriendo y reforzando su autoestima y contribuyendo a que en un futuro no busquen desesperadamente la aceptación de otras personas, pues habrán recibido el mensaje de que así como son, su genuina forma de ser, está muy bien.

Por Patricia Angélica Osuna Navarro, psicoanalista miembro de la Asociación Mexicana para la Práctica, Investigación y Enseñanza del Psicoanálisis, A.C. (AMPIEP): www.ampiep.org Tel. (55) 5157-0409

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«¿Me haces avioncito, papi?», conoce los juegos que pueden lastimar a tu hijo de 5 años

Disfruta con tu hijo pequeño juegos acordes con su edad; poco a poco su cuerpo irá madurando y podrás dar mil marometas juntos, cuantas veces quieran. Estos juegos pueden lastimar a tu hijo.

Juegos que pueden lastimar a tu hijo pequeño

Cuántas veces has tomado a tu pequeño de un brazo y una mano para hacerle avioncito, o lo has lanzado al techo para cacharlo al caer, o lo has tomado desde sus muñecas para levantarlo y subirlo mientras él ríe a carcajadas porque le encanta el movimiento. Muchos papás se han divertido así con su hijo pequeño.

Sin embargo, en esta clase de juegos, existe un tema: hay juegos que implican ciertos movimientos que pueden causar a los niños un daño en su cuerpecito, incluso irreversibles. Los hacemos sin intención de lastimarlos, por supuesto, pero con el desconocimiento de lo correcto e incorrecto. Quizá no nos damos cuenta de que ellos no son adultos, sino personitas aún en pleno desarrollo: su organismo y su cuerpo todavía no han terminado de madurar, por lo tanto, son susceptibles de salir lastimados.

El doctor Carlos Jorge González Flores, médico especialista en rehabilitacion ortopédica y jefe del servicio de rehabilitación en Sports Clinic nos ayudó a entender por qué estos juegos no son recomendados para que papis y niños se diviertan, sobre todo, por lo menos no antes de que sus hijos cumplan cinco años de edad, pues todavía sus cuerpos no resistirían fuertes impactos.

“Papá, ahora hazme avioncito al revés, más alto, más alto”.

Los niños quieren aventuras, aprendizajes… pero los adultos somos responsables de su seguridad. Hasta que su cuerpo soporte juegos más rudos o de mayor intensidad, lo adecuado es jugar con ellos de forma suave, sin correr el riesgo de consecuencias catastróficas, como algún traumatismo, que puede ser desde algo muy simple como una contusión hasta algo más grave como una fractura múltiple o incluso, cráneo-encefálica o vertebral.

Aventarlo hacia arriba y cacharlo, llevarlo en caballito corriendo, tomar su cabecita o cuerpo para sacudirlos…

¿Qué problema ocasionan?

El mayor es el síndrome del bebé sacudido. Consiste en un sangrado dentro del cerebro del niño. Ocurre porque todos los vasos sanguíneos a nivel cerebral son muy endebles, sobre todo durante el primer año de vida. Cuando estos vasos son expuestos a un estrés exarcebado (como una fuerte e intensa sacudida), se daña algo que se llama matriz germinal (un tejido altamente vascularizado que da origen a las neuronas); esta es la que al sangrar provoca daños severos en la calidad de vida del peque.

Las lesiones

Hemorragias en la retina que pueden derivar en ceguera, daños de la médula espinal y el cuello, fracturas de las costillas y otros huesos. También le pueden generar deterioro mental de intensidad variable y alteraciones posteriores como retraso mental o motriz, epilepsia y parálisis cerebral (que pueden no ser aparentes sino hasta los seis años de edad).

¿Por qué lo lastimarían?

Los músculos del cuello del bebé son débiles y la cabeza es grande y pesada; no tienen bien desarrollados la musculatura, por ello, no tienen toda la fuerza para controlar el cuello sobre la cabeza. Las sacudidas hacen que el frágil cerebro salte para adelante y para atrás dentro del cráneo y sufra contusiones, hinchazón y hemorragia, que pueden causar daños cerebrales graves permanentes, o la muerte.

Cuando la lesión ocurre, el niño…

• Se mostrará con irritabilidad extrema y letargo; no tendrá apetito.

• Tendrá problemas para respirar, convulsiones, vómito, piel pálida y puntos de sangre en los ojos.

Avioncito, tomarlo de las manos para levantarlo y bajarlo, columpiarlo de los brazos.

¿Qué problema ocasionan?

La dislocación de un hueso llamado radio en el codo del peque; se rompen ligamentos que hay a nivel del codo. Esta afección se llama codo de niñera. Se presenta sobre todo en menores de cinco años cuando se les jala del brazo o de la muñeca con demasiado fuerza.

Lesiones

Una vez que el codo se disloca, es probable que lo haga de nuevo, especialmente en las tres o cuatro semanas posteriores a la lesión. Además, en algunas ocasiones requiere de tratamiento quirúrgico, dependiendo de qué tan desplazado esté el hueso. No suele tener complicaciones a largo plazo, aunque sí hay casos en los que puede quedar alguna limitación en la movilidad del codo.

¿Por qué lo lastimarían?

Las articulaciones y estructuras circundantes de los peques son muy sensibles y poco maduras hasta antes de los cinco años, entonces son más propensas a lesionarse.

Cuando la lesión ocurre, el niño…

• Llorará de inmediato y se negará a usar el brazo debido al dolor en el codo.

• Sostendrá el brazo ligeramente doblado a la altura del codo, presionando celosamente contra la zona abdominal.

• Moverá el hombro, pero no el codo.

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10 derechos que necesitas dar a tu hijo para hacerlo sentir valorado

Así es como tu hijo se sabrá merecedor de bienestar, abundancia y amor, también, capaz de dar esto mismo a los demás y de sentirse seguro y empoderado para lograr sus metas y sueños. Estos son los derechos que necesitas darle para hacerlo sentir valorado.  

10 derechos que necesitas dar a tu hijo

  1. Ser tratado con respeto y dignidad; no dejes que nadie le falte al respeto a tu hijo , ni tú lo hagas
  2. Tener y expresar sus sentimientos y opiniones, o a no hacerlo, o hacerlo hasta que se sienta listo.
  3. Tener sus propias necesidades, establecer sus prioridades y tomar sus propias decisiones.
  4. Poder decir No sin sentir culpa o lo hagan sentir obligado o culpable.
  5. Pedir lo que quiere, entendiendo que tú o cualquier otra persona es libre de acceder o no a sus deseos.
  6. Derecho a cambiar de opinión, gustos, intereses o aficiones; respeta si tu hijo  eligen algo distinto de los había dicho.
  7. Decidir qué hacer con sus propiedades y su cuerpo mientras que no viole los derechos de los demás, o esté en contra de su seguridad y bienestar.
  8. Derecho a equivocarse y cometer errores.
  9. Derecho a ser él mismo, crecer a su propio ritmo, tener un carácter y una personalidad; no tiene que ser como nadie más, procura no compararlo.
  10. Derecho a descansar y aislarse, permite que tenga su espacio de tranquilidad; si quiere estar en su cuarto dibujando está bien, no lo quieras tener a la fuerza a dos metros de ti.

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Para que sepa darse felicidad, estimula su inteligencia emocional

Nacer con un cociente intelectual (CI) alto no es sinónimo de éxito, de hecho, quien tiene un alto cociente emocional (CE) tiene más probabilidades de triunfar porque sabe que darse bienestar significa darse felicidad. 

El primer año de vida no sólo implica el cuidado de tu bebé y la satisfacción de sus necesidades, sino que es fundamental estimular el desarrollo de su inteligencia emocional (IE), un aspecto de la inteligencia que hasta hace poco no era tomado en cuenta.

Estrategias para estimular la IE

Te damos los secretos para llevar a la práctica el desarrollo de la inteligencia emocional. ¡Toma nota!

1 . Reconocimiento y diferenciación de las emociones básicas. «Para que el bebé empiece a familiarizarse con las emociones, lo primero que debes hacer es ponerles nombre, etiquetarlas: ‘Estás contento porque ya comiste’, ‘te sientes enojado porque te quitaron tu muñeco’, ‘lloras porque tienes hambre’, así, de una manera sencilla, le enseñas a reconocer e identificar sus estados emocionales.

Otra método consiste en dibujar caritas de personas que expresen alegría, tristeza, enojo, y cuando tu retoño manifieste alguna de esas emociones, llévalo frente a la carita correspondiente y dile: ‘Mira, tú estás contento como este muñequito’.

2. Relacionar gestos con sentimientos. Es importante que el niño aprenda a identificar emociones en otras personas, de este modo desarrollará la empatía. Haz gestos de sorpresa, tristeza, cólera, alegría, temor…, ponte frente a un espejo para que él pueda observar cómo cambian los ojos, la boca, las cejas y la frente.

3. Créale una imagen positiva de sí mismo. Es vital que, desde su nacimiento, tu hijo tenga una imagen positiva de sí mismo. Intercambia con él mensajes corporales de amor. Un abrazo, un beso, una caricia, un arrullo, una palabra de aliento son el principio de una comunicación cálida y real. Lo mismo sucede cuando le demuestras que lo quieres y aceptas tal y como es, de manera incondicional.

4. Oriéntalo. Una vez que tu hijo crezca un poco más y sepa reconocer sus emociones, dale reglas básicas para enfrentarse a ellas. Una buena norma es: «Cuando externes tu enojo no puedes hacerte daño a ti, ni los demás, ni a las cosas». Explícale lo que sí puede hacer. Por ejemplo: correr, dar puñetazos a una almohada, arrugar un periódico, etc. Hacer esto no es malo, al contrario, manifestar lo enojado que uno se siente es saludable, siempre que se exprese de manera aceptable.

Por Felipe Salinas