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Padres e Hijos

5 tips para tener paciencia, paciencia y más paciencia

Antes de que pierdas el control con tu hijo, cierra los ojos y respira. Te damos 5 tips para tener paciencia, paciencia y más paciencia.

Hay veces en que tu hijo saca las peores emociones que hay dentro de ti, calma, recita en tu cabeza una y otra vez: paciencia, paciencia y más paciencia.

Gritar o dejar que tu enojo se desborde en tu hijo sólo te traerá tres problemas más:

* Te sentirás agotada

* Tu mente estará aturdida

* Tendrás la culpa de tratar mal a tu hijo

¿Cómo no gritar?

Sobre todo, no pierdas la paciencia y no olvides que tu actitud y las relaciones familiares dentro de tu hogar son un ejemplo para tu hijo.

Si sientes que vas a perder la cordura cuando tu hijo hace alguna travesura…

Sigue estas recomendaciones

1) Actúa, sin gritar. Si tu hijo hace algo que te molesta mucho, detén la acción despacio y sin arrebatos.

2) Cálmate. Si estás muy alterada, lo mejor es que dejes a tu hijo en un lugar seguro hasta que te tranquilices.

3) Desahógate. Respira hondo y suelta el aire con suavidad (exhala e inhala tanto como lo necesites).

4) Toma el control. Una vez que tú estés tranquila, podrás arreglar la situación.

5) Habla con tu hijo. Está bien dejarle ver a tu hijo que su acción te molestó, te hizo enojar, te hizo sentir triste o incluso llorar, él aprenderá a que mamá puede enojarse, y mucho, pero no muestres  descontrol frente a él.

Ten en mente que por más mal que haya hecho tu hijo no puedes darte el lujo de estallar. Los arrebatos no educan, al contrario, te alejan de tu hijo. No es bueno que te dejes llevar por el enojo, pero sí debes mostrar tu desagrado y poner límites claros.

¿Tu hijo ha agotado tu paciencia? ¿Qué haces para calmarte? ¿Le has dado un golpe?

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Así Crece

¿Tu hijo pega, araña y muerde?

Pocos son los niños que se han librado de algún arañazo o mordisco durante sus primeros años de vida, sobre todo cuando aún no son capaces de comunicarse con palabras.

Quién no ha sorprendido a su angelito usando las uñas y dientes con un compañero de juegos que pretende quitarle su coche preferido… Si tu pequeño pega, araña o muerde, no te alarmes. Si conduces bien “estos ataques”, será algo pasajero que desaparecerá cumplidos los 3 o 4 añitos. Te contamos por qué los niños suelen reaccionar de esta manera entre el primer y segundo año de edad cómo debes actuar en esos casos.

¿POR QUÉ LO HACE?

Cuando los niños se sienten amenazados, se defienden como pueden y saben: primero usan la boca; cuando manejan mejor las manos, arañan; cuando ganan estabilidad, empujan; y cuando toman mayor fuerza, dan patadas y golpes. Pero hay más razones que pueden explicarte esta reacción:

  • Afán de explorar. El morder está relacionado con la fase oral, que suele acabar aproximadamente a los tres años. Pero a esta edad todo lo chupan o muerden.
  • Una simple molestia dental. Las muelas comienzan a salir a los dos años, por lo que tienen las encías inflamadas y les duele la boca. Si ha coincidido además con que le quitaste el chupón, la cosa se complica porque está más irritable y sensible.
  • Una muestra de cariño. Todavía no son capaces de calibrar sus emociones; por eso, lo que en principio comienza como una demostración de afecto puede terminar con un mordisco. Justo en este momento debes decirle que se demuestra amor besando o abrazando, no lastimando.

¿QUÉ HACER?

Combinar firmeza y cariño. Si observas que tu hijo araña o empuja a otro niño, lo primero que debes hacer es acercarte al pequeño agredido y asegurarte de que está bien. Después, explica a tu hijo, sin levantar la voz, que ha actuado mal, que le ha hecho daño a su amiguito. Es suficiente con hacer que se siente en un lugar apartado y decirle: “Quédate aquí y observa. Ya no puedes jugar porque para jugar hay que saber estar tranquilo”.

Evita poner etiquetas. Tu niño se las puede creer y terminar actuando de acuerdo con ellas. Prefiere cuidar mucho el lenguaje y utilizar las pa- labras correctas, porque lo que le dices en la infancia lo acompañará el resto de su vida; lo que dice un pa-á o mamá es la verdad absoluta de un hijo. Lo mejor para este caso es que le digas: “Tú no eres malo, pero si arañas o pegas a tu amiguito, le haces daño y eso no se hace”. Se consigue mucho más hablando con los pequeños, quitándole presión a estas conductas negativas y potenciando las positivas o correctas, que castigándolo, gritándole, pegándole o diciéndole cosas hirientes.

¿Y SI LE PEGAN A MI HIJO? ¿LE DIGO QUE SE DEFIENDA Y DEVUELVA EL MORDISCO?

Para que tu hijo se defienda de las agresiones sin usar la fuerza, hay que enseñarle a actuar con firmeza. Si observas que lo han mordido o arañado, lo primero que tienes que hacer es acercarte a él y atender su herida con una buena dosis de mimos. Cuando esté más tranquilo puedes animarlo a que le diga al otro pequeño: “No me pegues, me haces daño”. Como aún no es capaz de usar tanto vocabulario, con un NO será suficiente. Él te entenderá: a esta edad su nivel comprensivo es superior a su nivel expresivo.

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Ser Mamá

Este es el número de hijos que más estrés causa en la madre

Piensa con detenimiento cuántos hijos quieres tener, porque la ciencia ha descubierto el número de hijos que más estrés causa. 

Pese a que en la actualidad las familias son cada vez más pequeñas, aún hoy en día muchas parejas sueñan con familias grandes, pero parece que hay un número de hijos que causa mucho estrés en las mujeres.

Mira, antes de decidir ser mamá de un segundo o tercer hijo, te invitamos a leer esto:

9 argumentos que necesitas considerar antes de tener un segundo hijo

El número de hijos que más estrés causa

De acuerdo a un estudio realizado por TODAYMoms.com, las mujeres que tienen tres hijos se sienten más estresadas por todo el trabajo que ello conlleva.

Según la encuesta realizada en abril de 2018, donde 7 mil mujeres fueron cuestionadas, esta cantidad de hijos causa un nivel de estrés que no se compara con cualquier otro.

Los investigadores evaluaron el nivel de tensión, demostrando que éste no aumenta si la madre tiene más hijos; de hecho, las madres de cuatro, aseguraron tener menores niveles de nerviosismo, ellas aseguraron que son las menos de todas.

Los expertos señalan que, probablemente, las madres de cuatro están menos ansiosas que las de tres porque, con la experiencia aprenden a relajarse.

Sin embargo, también te conviene conocer las ventajas de ser mamá de más de dos hijos a sí como los benficios para tus hijos de tener varios hermanos, mira…

Los pros de tener más de 2 hijos

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La importancia de darle más libertad a tu hijo

La importancia de darle más libertad a tu hijo

Los rasguños, moretones, costras y demás eran comunes en nosotros y cada vez se ven menos en los niños, ¿por qué? La mayoría de las veces no los dejamos libres por temor.

La importancia de darle más libertad a tu hijo

Cuántas veces le dices a tu hijo: “No hagas eso porque te vas a caer”, “No toques aquello porque te puedes lastimar”, entre otras frases. Y ante cualquier conato de caída, estamos ahí para evitarles el golpe.

Y aunque como padres estamos orgullosos de que nuestros hijos no sean un catálogo de heridas, puede que ello no resulte tan benéfico para su desarrollo.

Mira cómo ayudar a tu hijo…

Cómo estimular la creatividad de mi hijo

La pedagoga italiana María Montessori animaba a los niños a correr bajo la lluvia y a meterse en los charcos, algo que por nada del mundo haríamos hoy en día, y por el contrario los vamos haciendo más “maduros” y nos enorgullecemos.

Estos cuidados excesivos no permiten que los niños desarrollen instintos básicos, como:

  • Correr ante el peligro
  • Controlarse ante situaciones de estrés
  • Estar alerta de su entorno
  • Disfrutar del mundo que les rodea
  • Aprender sobre las cosas que hay a su alrededor

No temas a alentar a tu hijo a correr, a trepar los árboles, jugar bajo la lluvia, etc. comparte con él estos momentos para que los guarde por siempre en su memoria.

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Beneficios de que tu hijo juegue bajo la lluvia

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Así Crece

Niños que se autolesionan, ¿por qué se hacen esto?

Primero que nada, me gustaría establecer que la autolesión es una manifestación de que algo que está pasando, algo en la vida del niño está siendo intolerable y lo manifiesta a través de las lesiones. Te invito a conocer las razones de los niños que se autolesionan. 

Entre más pequeño es un ser humano, más le cuesta expresar lo que siente, por ello, lo niños tienden a manifestarse de manera simbólica, a través del juego y los dibujos. Pero cuando algo pasa que excede la capacidad del niño para comunicarse por estos medios, surge otro tipo de canal por el cual se expresa, uno que es fuerte, difícil y doloroso; pero que sirve al propósito de comunicar las emociones de lo que le está pasando.

Y es importante hacer caso a esta llamada de atención.

Generalmente, con un manejo adecuado, los niños que se autolesionan no pasarán a mayores, pero si no se atienden, podría ser un disparador de situaciones más graves en la adolescencia.

La autolesión cumple dos propósitos:

  • Analgésico: ofrece una sensación de control y alivio de culpas
  • Comunicativo: transmite un mensaje que simboliza un estado emocional.

Puede ser un autocastigo (que lleva un mensaje por haber hecho algo mal, como tallarse en la piel la palabra “tonto”) y/o para comunicarse con otras personas; como venganza, la manifestación de algún abuso, o un desesperado grito de auxilio y compasión.

Las vivencias que más se relacionan a la autolesión son las siguientes:

  • Violencia intrafamiliar
  • Ser víctima de abuso o haber presenciado uno
  • Pérdida de algún miembro de la familia
  • Sufrir algún tipo de intimidación, como cuando uno de los padres amenazan al niño con no ver al otro padre.
  • Abandono
  • Alguna enfermedad incapacitante
  • Abuso de sustancias por parte de los padres.
  • Ser elegidos como cuidadores de sus hermanos menores o algún familiar enfermo.
  • Bullying
  • Estrés escolar.

Los puntos anteriores explican las razones por las cuales un niño puede autolesionarse y las lesiones son la manifestación del dolor que está sintiendo.

¡Por favor! No hagas caso omiso si tu hijo o hija, está lesionándose.

Algunos adultos dicen: “no le hagas caso, quiere llamar la atención” Ahora yo te diría: por favor, hazle caso, si quiere llamar la atención es porque algo está pasando y no sabe cómo comunicarlo. Llamar la atención no es un capricho, en una petición de auxilio, no lo dejes pasar.

Por Psic. Iskra Salcido Valle, psicoterapeuta, orientadora psicológica en el IPN, presidenta de la Asociación de Egresados de Psicología de la Universidad Iberoamericana: iskrasalcidovalle@hotmail.com

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Razones por las que jamás debes maltratar a tu hijo

No gritos, golpes, amenazas, castigos hirientes… Aquí te decimos por qué nunca debes maltratar  a un niño.

Pegarle a un niño para educarlo es una práctica muy arraigada en muchas sociedades, de tal forma que una «nalgada» no está del todo mal vista; sin embargo, está comprobado que los golpes, gritos, insultos dañan tanto física como psicológicamente a los niños.

Como adultos y padres responsables, debes saber que pegarle a tu hijo, o gritarle o utilizar palabras insultantes con él es una conducta reprobable que no conduce a nada bueno.

Aquí más razones para nunca pegarle a tu hijo:

1. Demuestra que has perdido el control:

Como padre, eres tú quien siempre debe tener el control de la situación, esto no significa ser autoritario, sino tener la capacidad de guiar al pequeño y explicarle por qué su comportamiento no es el adecuado. Cuando recurres a los golpes le estás demostrando que estás fuera de control y tu referente como autoridad se derrumba.

2. Violencia llama violencia:

¿Cómo le podrás decir a tu hijo que está mal pegarle a otro niño cuando tú lo haces en casa? Educar con golpes es una forma de justificar la violencia y tu hijo aprenderá que esta es la única forma de solucionar los problemas. Además, está demostrado que los niños expuestos a la violencia en el hogar se convierten en niños violentos.

3. No te ayuda a educar:

Pegarle a los niños deja en evidencia que eres poco creativo como padre. Es muy fácil dar un golpe, pero este solo resuelve el conflicto al momento a través del miedo, pero no modifica el comportamiento del niño.Evitará hacerlo para no volver a recibir un golpe, pero no entenderá por qué no debe comportarse de esa manera.

4. Daña la personalidad de los niños:

Los gritos, las humillaciones, y por supuesto, pegarle a un niño deja una huella imborrable en su personalidad. La violencia los hace sentir indefensos y humillados y provoca daños en su autoestima.

5. Porque es delito:

Además de todo lo anterior, pegarle a un niño es un delito que se castiga en la mayoría de los países. No importa el tipo de golpe, la violencia física y psicológica contra un niño está prohibido por la ley.

Por Berenice Villatoro

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5 factores que pueden afectar la vida emocional de tu hijo en su adultez

 

 

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Por muy mal que se porte, no le pegues a tu hijo

Por muy mal que se porte, no le pegues a tu hijo, porque aunque de alguna extraña forma siga siendo «aceptable» que los papás golpeen a su hijo NO está bien.

¿Qué harías si un desconocido le pega a tu hijo? ¿Si un policía te golpeara por cometer una infracción? ¿Si tu pareja te pusiera una mano encima? ¿Si tu jefe te diera una cachetada por no entregar algo a tiempo? ¿Aprobarías estas formas de violencia?

Toma en cuenta que todos los niños hacen travesuras y que les toma tiempo aprender a comportarse de una forma «correcta», pero de ti depende, eliminar la violencia en casa.

Cuando le pegas a tu hijo…

Le enseñas que cualquier persona puede pegarle.

Que no merece respeto.

Que los más fuertes tienen derecho a imponer su voluntad.

Que no sirve platicar, porque todo se resuelve a golpes.

Que los golpes son muestras de afecto porque es “por su bien”.

Las amenazas, golpes y gritos te quitan autoridad.

Generas desconcierto en el niño y una atracción por el conflicto.

Tu hijo se aleja de ti.

Por muy mal que se porte, no le pegues a tu hijo

Debes estar consciente de cuáles son tus dificultades para educar a tu hijo y ten en mente que tu hijo es tu espejo, si ve que mamá y papá pelean, golpean, gritan… él también lo hará.

  1. Encuentra el equilibrio entre ser un papá amoroso y estricto.
  2. Sé más democrático.
  3. Incluye a tu hijo en las decisiones familiares.
  4. Participen en pareja en la educación de su hijo.
  5. Explícale a tu hijo qué quieres y por qué de buena forma, sin gritos ni groserías.
  6. Observa a tu hijo. Toma en cuenta el tiempo que emplea en hacer travesuras, tal vez sea una evidencia de que lo dejas mucho tiempo solo y su conducta es respuesta a tu descuido o falta de atención.
  7. Dile un “no” firme, sin discursos.
  8. Explícale con calma, lo que no debe hacer.
  9. Que en tu casa exista un equilibrio, que no todo sea “no” pero tampoco todo “sí”, pon límites.
  10. Si algo no queda claro, explica a tu hijo varias veces pero no toleres insultos o violencia entre hermanos.
  11. Busca la forma de comunicarte con tu hijo, escúchalo, hazle saber que es importante para ti el saber cómo se siente.

Adelantarte a un berrinche te salvará de caer en golpes
y gritos derivados de perder la paciencia.

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5 factores que pueden afectar la vida emocional de tu hijo en su adultez

Sin darte cuenta, o saberlo ni pensarlo, podrías estar cayendo en algunas acciones que pueden afectar la vida emocional de tu hijo y que podrían determinar su bienestar en su edad adulta. Te invitamos a descubrirlas y reconocerlas.

Los especialistas en la mente humana dicen que «niñez es adultez»; es decir, las experiencias de vida durante los primeros años de un niño son determinantes en su vida como adulto, así como en su bienestar físico y psicológico.

En este sentido, la forma en que un niño recién nacido hasta los 7 años se relaciona con sus padres determinará cómo será su calidad de vida y bienestar en el futuro. pero ocurre que en el día a día podrías no ser completamente consciente de algunas acciones que podrían dañar a tu hijo.

A veces, los niños interpretan acciones de lo adultos desde su mundo imaginativo, fantasioso o literal, dándoles un significado que papá y mamá no desean. Por eso, es importante saber cuáles son los factores que más determinan el bienestar emocional de tu hijo.

5 principales tipos de acciones que podrían afectar la vida emocional de tu hijo

Rechazo. Al vivir y sentir el rechazo, el niño vive con la idea equivocada respecto al derecho a existir o vivir. Este sentimiento se intensifica cuando el rechazo proviene del progenitor del mismo sexo y ocurre cuando el bebé, por ejemplo, llega por sorpresa, porque los papás lo están viviendo como un fastidio o porque hay un verdadero rechazo por parte de uno de ellos.

La forma en que el rechazo o maltrato emocional afecta en su vida adulta son: huir de las situaciones desagradables, ser poco sociable, abandonar lo que inicia y desapego a las cosas y personas.

Abandono. Sucede cuando los padres están ausentes la mayoría del tiempo o ante la llegada de un nuevo hermanito. También, ocurre cuando el niño es aislado en una parte de la casa la mayor parte del tiempo.

El niño que sufre este tipo de maltrato emocional genera pensamientos de soledad y abandono. Su personalidad se orienta a ser retraído, a rechazar el contacto con los demás y ser dramático ante hechos sin importancia.

Humillación. Avergonzarlo, gritarle o compararlo. Este tipo de maltrato emocional infantil se da tanto en el ámbito familiar como social, y se hace más fuerte cuando este tipo de abuso emocional provienen de la madre.

Los principales sentimientos que acompañan a este tipo de maltrato son abandono, comparación y baja autoestima. Además, en su edad adulta suele ser orgulloso, rígido y masoquista.

Traición. En este tipo de maltrato emocional se genera un sentimiento de envidia hacia los demás por no merecer lo que tienen.

La personalidad que genera este tipo de maltrato piscológico en su vida adulta es la de ser muy estricto, rígido y difícil de cambiar su manera de pensar. Así, como controlador sobre los demás para así evitar ser traicionado. También, se forma una personalidad de carácter fuerte para justificar su capacidad de control y sus miedos, como disociarse de sí mismo y perder a su pareja.

Injusticia. Este tipo de maltrato emocional se origina en un entorno familiar donde los padres son fríos en sus relaciones y demasiado estrictos. También, por exigir demasiado al hijo.

Este tipo de maltrato piscológico conlleva pensamientos de comparación con los demás y con ciertos indicios de auto-sabotaje. La persona adulta suele proyectar fuerza, poder y es extremadamente ordenado, perfeccionista y sólo confía en sí mismo.

Sin duda, es importante analizar cada uno de estos factores, reconocerlos
y hacer todo lo posible por sanarlos en su niñez y a tiempo. 

Por Berenice Villatoro

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La delgada línea entre los castigos y el maltrato, ¡identifícala!

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Enseña a tu hijo a no ceder a los chantajes de sus amigos

A esta edad son muy habituales los chantajes entre amigos («si no me das ese juguete no te invito a mi cumple»). Te proponemos explicar a tu hij@ lo que son y animarlo a permanecer firme y no ceder a las presiones de los demás. Hacerlo fortalece  el concepto que empieza a desarrollar de sí mismo.

¿Qué es un chantaje?

Se considera una forma de maltrato psicológico mediante el cual se influye en las decisiones y acciones de otra persona. Los involucrado tienen una cercanía emocional (como en este caso, los amigos de tu hijo), justo eso facilita al chantajista lograr sus propósitos, además de que su víctima suele manifestar dificultad a decir no y de defender su criterio; una baja autoestima.

Por supuesto, es dañino para el bienestar emocional de la víctima, porque se ve forzada a actuar en contra de su voluntad (aunque piense que aquello que le pide hacer el chantajista es incorrecto: «miéntele a la profesora o dejas de ser amigo», su necesidad de ser aceptado o amado lo lleva a ceder al chantaje) y se deja influenciar muy fácil. Esta condición provoca que su autoestima se debilite aún más, porque se percibe como débil e incapaz de defender lo que realmente quiere, siente y piensa. ,

¿Qué debes hacer?

  1. Fortalecer el autoestima de tu hijo; enseñarle que él es capaz de salir adelante por sí mismo, que sus sentimientos y pensamientos valen.
  2. Hacerle saber que no está solo, que cuenta con sus padres para solucionar cualquier problema que se le presente.
  3. Darle tu confianza; tu hijo necesita sentir que tú, como mamá o papá, le creen y puede contarles cualquier cosa.
  4. Asegurarte de que sienta amado; ocurre que la falta capacidad de enfrentar los chantajes se relaciona con la percepción de no sentirse amado. Tu niño necesita saberlo y sentirlo.
  5. Enseñarle a reconocer cuando sus amigos pretenden que haga algo que no quiere; a escuchar su intuición, el foco rojo que le avisa lo que está bien y lo que está mal.
  6. Fomentar en tu hijo el empoderamiento; el poder de decisión, de seguridad en sí mismo, el respeto a su emociones y sus ideas, a su valores. A decir no.

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La delgada línea entre los castigos y el maltrato, ¡identifícala!

Te compartimos este análisis de los castigos más frecuentes que los padres aplican a sus hijos, para que puedas identificar aquellos errores que como padres solemos cometer. Regina Ojeda, especialista en psicología de niños y adolescentes en Neuroingenia, nos explicó los pros y contras de cada uno.

Quitarle o prohibirle sus juguetes

Inútil… Es un castigo que no le implica un esfuerzo, es decir, tú le quitas su juguete y él es tan creativo que tomará otro o decidirá divertirse con una caja o correteando al gato. No te funcionará.

A menos que… Lo condiciones: “No vas a usar este juguete hasta que recojas todos los demás”. De esta forma tu niño sabrá que existe una solución para su problema: que si hace tal cosa volverá a tener su juguete, por tanto se esforzará en guardar los otros. Si no le pones este esfuerzo de por medio no tomará interés en hacer lo que le indicas porque no encuentra una recompensa: “Si te quito tu carro es porque no has terminado tu tarea, entonces, cuando la termines, te lo devuelvo”. Necesitas darle un sentido a su consecuencia.

Tú no, él sí

Puede funcionar… Lo que más ayuda para cambiar una conducta es reforzar lo positivo; muchas veces los niños se esfuerzan en cumplir algo con tal de obtener lo que quieren: “Los dos tienen que recoger sus juguetes, quien lo acabe primero podrá comer postre”. Pero el secreto de esta consecuencia es plantear bien su sentido y cumplirla; así, el niño que no termine se motivará al ver que el otro ya se está comiendo su postre.

Contraproducente… Cuando la consecuencia no está bien planteada o se va a aplicar mucho tiempo después: ya quedaron que el domingo irán todos al cine, pero el martes previo tu niño no se comió las verduras y le dices: “Tú no irás con nosotros”; realmente no tiene ninguna relación causal y sólo puede hacerlo sentir rechazado. Aplica esta consecuencia cuando necesites que haga una acción particular, aprovecha las cosas que le gustan para que resuelva eso que deseas; como un premio.

Prohibirle jugar con sus primos

Depende… Cada niño es un caso distinto. Si tu hijo es tímido, un castigo como este no servirá: “Me porto mal y me quitan lo que no me agrada, me va superbién”. En cambio, si es muy sociable, claro que te funcionará porque lo estarás reprimiendo de algo que le interesa y por lo cual sí se esforzaría para tener o no perder. No existe una receta de cocina en cuestión de castigos, por ello necesitas conocer bien a tu hijo y su entorno, para que identifiques qué sí le implica un esfuerzo.

No

Cuando le evitas una lección. La convivencia es esencial para el desarrollo de los niños porque les enseña a comunicarse. Retomemos el caso del niño tímido: las actividades en grupo le permitirán manejar su estrés y sentirse cómodo consigo mismo. Ahora hablemos de un niño pegalón: nunca va a modificar su conducta si no lo exponemos ante los demás y le enseñamos otro modo de enfrentar su frustración.

Siempre y cuando tenga relación directa con la conducta que deseas modificar: “No terminaste tu tarea por irte a jugar con tus primos, así que la próxima vez que te inviten no irás con ellos a jugar”. Pero si es: “No te comiste la sopa de verduras y por eso no vas con tus primos”, no tiene un sentido, tu hijo no captará la relación entre su conducta y la consecuencia ni el esfuerzo que debe hacer: en la primera sabrá que está mal no cumplir su responsabilidad, por lo que ahora estará primero su obligación; en la segunda, no siempre necesitará comerse la sopa para salir a jugar con los primos.

Retirarle la actividad que más le gusta

Inútil… No le estarías enseñando un mejor comportamiento. Por ejemplo, si tu niño se porta mal en la clase de futbol, cancelarla no soluciona nada porque cuando vaya a otra actividad volverá a portarse mal. Es necesario describirle la conducta inadecuada: “No obedeces al profesor, muerdes a tu compañero…”; en vez de quitarlo de lo que hace, ayúdalo a entender que esto es incorrecto, a enfrentar su error y solucionarlo. Para lograrlo, la consecuencia tiene que ser clara: “Estás pegándole a tus compañeros de tu clase, no irás dos días y les tendrás que ofrecer una disculpa”.

Ponerle una actividad que no le gusta

Contraproducente… Sólo le va a causar enojo y rebeldía, no le dejará un aprendizaje significativo y, en cambio, le estarás transmitiendo que está bien reaccionar con venganza: “No te cambiaste cuando te dije, ahora tendrás que darle de comer al perro”; es un desquite. Recuerda que cada vez que le pones una consecuencia le enseñas que así es correcto reaccionar: no le gusta sacar la basura, pero es su tarea, entonces le estás enseñando a enfrentar la frustración; esta situación sí tiene una lección.

La ley del hielo

Nunca… Cuando se establece sin explicación y se alarga incluso por un día o más, es ineficaz. Es una forma errónea de enseñar a tu hijo a resolver los conflictos, pues lo que aprende es a evadir los problemas y a ejercer violencia emocional sobre otros. Además, le envías el mensaje de que “es malo” en lugar de especificar que su acción fue la incorrecta.

Aunque… Depende de cómo la utilices: cuando estés en realidad enfadada y quieras que tu hijo entienda que sus actos son inaceptables está bien que le suprimas la palabra, pero siempre diciéndole en el momento: “Estoy muy enojada y por eso no quiero hablar contigo ahora”. Cuando estés tranquila, siéntate y explícale qué hizo mal o qué te lastimó.

El castigo está hecho para corregir una acción negativa del niño, por ello debe aplicarse bajo el concepto de consecuencia. El maltrato físico o emocional jamás será bueno para educar a un niño, pues lejos de corregir una conducta, le crea miedos y creencias negativas acerca de él mismo y de cómo relacionarse con el mundo que lo rodea.

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