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Sí a la crianza sin «etiquetas» (dañan la autoestima de tu hijo)

¿Le has dicho a tu hijo algún adjetivo como… ¡Guapo! ¡Desobediente! ¡Inteligente! ¡Lento! ¡Llorón!? Las etiquetas no son buenas, aquí te decimos por qué.

Cabe que te preguntes: ¿por qué etiquetas? Porque el cerebro simplifica y categoriza todo para dar significado a lo que te rodea. Pero ten en mente que tu hijo se comportará de acuerdo a las etiquetas que le pongas porque tú eres su referente. Como papá y mamá formas, en buena parte, la personalidad de tu hijo: todo lo que le digas acerca de él mismo, él lo piensa como la verdad absoluta porque tú eres su primera fuente de conocimientos en todo aspecto.

Por ello, si describes a tu hijo como “torpe”, “desobediente”, “respondón”, “malo”… él actuará ante determinadas situaciones con ese comportamiento, porque “papá y mamá le han dicho que es así”.  Lo que papá o mamá dicen (cómo, con qué voz, palabras y gestos) ejerce sobre tu hijo un ejemplo que puede persistir hasta la vida adulta.

Es simple: si el niño piensa que es un desastre (egoísta, distraído, agresivo, caprichoso o desobediente), se le dificultará comportarse de otra manera. ¿Por qué? Porque así es como ha aprendido qué es (según tú). Etiquetar hace que tu hijo crezca inseguro e incapaz de reconocer sus propias emociones y a sí mismo.

Etiquetas comunes

El niño “desobediente” se siente frustrado porque permanentemente se le llama la atención sobre su comportamiento y suele recibir castigos, gritos y represiones. Si recalcas su conducta, sólo afianzarás en él la idea de que es así y que no sabe ni puede ser de otra manera. Para mejorar la convivencia, indaga por qué no obedece a la primera. Como papá, dile las cosas de una forma más constructiva.

¿Hay etiquetas positivas?

Las etiquetas en “positivo” tampoco son siempre buenas. Una cosa es la estimulación positiva, muy necesaria para el desarrollo personal y el logro de objetivos, y otra es crear en el niño la idea de que “es mejor que los demás”. Es importante que tu hijo entienda sus atributos como naturales; ayúdale a asumir la simpatía, bondad o generosidad para ser amable con hermanos o amigos. En lugar de etiquetar, mejor:

  • Dale más oportunidades
  • Préstale más atención
  • Estimula su inteligencia
  • Ayúdalo a aumentar sus respuestas positivas.

¿Qué puedes hacer?

  • No hagas valoraciones sobre su persona, sino sobre las conductas o acciones.
  • Reconoce lo que hace bien para fomentar su autoconfianza.
  • Explícale la conducta que te gustaría que modificara y cómo puede hacerlo.
  • Evita repetirle lo que hace incorrectamente.
  • Evita las palabras “siempre” y “nunca”.
  • Escúchalo, respétalo y confía en su capacidad de cambio.
  • No tires la toalla: tu hijo lo logrará.
  • Evita estas frases: “Qué grosero”, “Eres muy llorón”, “Qué lento”, “Ya no eres un bebé”, “Eres un desastre”, “Haces lo que te da la gana”, “Nunca obedeces a la primera”.

ESTE ARTÍCULO SALIÓ PUBLICADO EN LA EDICIÓN IMPRESA DE PADRES E HIJOS EN ABRIL DE 2019, FUE REDACTADO POR MAYRA MARTÍNEZ.

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Pon límites sin llorar en el intento

Siempre es posible establecer reglas en casa sin perder de vista el amor, pero hacerlo  equivale a que mamá y papá trabajen su autoconfianza y seguridad. Aprende a poner límite sin sentir culpas. 

Disciplinar puede ser tu mayor dolor de cabeza o tu mejor aliado, según cómo los marques. Recuerda que los niños requieren que papá y mamá les señalen el camino a seguir para saber hasta dónde pueden llegar; los límites lo ubican en su realidad, pero los niños responden mejor cuando se les conduce mediante reglas claras y coherentes, acordes con su edad y sus capacidades, estableciendo las consecuencias de sus actos, lo cual media su conducta y les proporciona la seguridad suficiente para saber cómo actuar.

En esta tarea, los papás suelen perderse. Las grandes expectativas que se centran en la paternidad no dan lugar a equivocaciones, sino que imponen perfección. Y aunque es una meta irreal, se encuentra presente en las relaciones con los hijos. Un resultado común de tal miedo es que muchos padres se paralizan cuando tratan de fijar límites sanos.

En vez de eso, buscan alejar a su niño de los “peligros” del mundo exterior porque consideran que así le demuestran lo importante que es. También sucede que, cuando no están entregados al cuidado de su hijo en un 100%, piensan que le están fallando y sobrecompensan ese tiempo dándole mayor libertad o colmándolo de regalos para que no resienta la ausencia.

La falta de límites deriva en…

La permisividad en el hogar puede ocasionar un incremento en el trastorno antisocial de la personalidad, el cual consiste en el desafío de las normas establecidas. Los individuos con esta patología suelen no tener sentimientos de culpa ni se dan cuenta del daño que sus actos ocasionan a los demás. Lo grave es que esta tendencia crece por el tipo de educación que prevalece hoy día. Para hacerle frente, los terapeutas familiares recomiendan a los padres evitar la sobreprotección, la falta de reglas claras y el darles todo lo que piden.

Tu poder para poner límites

Para que estés en condiciones de dar a tu hijo las herramientas que necesita para modular su conducta debes contar con mucha fuerza interna para transmitir lo que esperas de él, proponiéndote como modelo, pues tu niño te imita. Si te sientes débil frente a él y consideras que sus demandas son excesivas, puedes pensarte rebasada y creer que no cuentas con la capacidad suficiente para guiarlo; es entonces cuando, al no saber cómo actuar, entras en pánico y pasas por alto las reglas.

Pero ¿por qué ocurre esto? Según nuestro experto, sucede en padres que tuvieron una educación autoritaria, por lo que es comprensible que no deseen repetir ese patrón con su hijo. También porque no saben cuál es el punto medio y sano de la disciplina, por tanto, se inclinan hacia la permisividad, dejando que su niño actúe sin control. También sucede en los papás que caen en la trampa de la inconstancia: un día son muy enérgicos y otro condescendientes, lo que descontrola al nene.

“Como papás, cuando no sabemos qué hacer para dar cariño, es frecuente que llenemos de obsequios a los hijos. La razón de ello es simple: no damos amor porque no aprendimos a recibirlo; arrastramos en la vida una carencia de afecto. Esto crea en el niño un hambre de amor cada vez más crónica, al grado que la única manera de saciarlo es con amor”, dice Arturo Ortiz.

De igual manera, los padres sobreprotectores encubren un sentimiento de incapacidad para responder a las necesidades del hijo, entonces el progenitor busca reparar ese hecho volcándose al menor, asfixiándolo al cuidarlo de más. En apariencia, este padre cree que es excelente en su tarea porque cuida, platica, juega, procura y protege mucho al niño, pero en el fondo se trata de un mecanismo inconsciente para apaciguar la angustia de no ser un papá o mamá fuerte.

Recuerda que los chicos construyen su mundo emocional a partir de cómo los adultos responden a sus demandas. Por ello, lo primordial es trabajar tus propios temores al momento de ponerle límites a tu hijo; la confianza en ti misma, autoestima y amor propio (tu empoderamiento) son tus principales herramientas para no dudar que eres la mejor mamá (o papá) que tu hijo puede tener, sin importar que trabajes fuera de casa o te dediques de tiempo completo a su cuidado.

ESTE ARTÍCULO SALIÓ PUBLICADO EN LA EDICIÓN IMPRESA DE PADRES E HIJOS EN ABRIL DE 2019, FUE REDACTADO POR MAYRA MARTÍNEZ.

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12 estrategias que hacen que tu hijo entienda con un «buen regaño»

De un lado de la moneda está el castigo y del otro, el refuerzo positivo. Los niños suelen responder mucho mejor a esta segunda alternativa. Pero necesitas aprender algunas estrategias para que tu hijo entienda. 

La idea es estimular las conductas contrarias a la mala acción, de tal manera que al ser mucho más frecuentes y habituales, neutralicen las incorrectas. Esto aplica sobre todo a cuestiones recurrentes: si tu niño miente de forma regular y dice que se lavó los dientes cuando en realidad no lo ha hecho (o insiste en no levantar los juguetes que usó), la táctica consiste en aplaudirle, reconocerlo y premiarlo cuando sí lo haga; ¡funciona estupendamente!

HAZLO DESDE EL CORAZÓN

  1. Habla con él en un tono firme pero tranquilo, en un momento en el cual ambos estén en calma.
  2. En la charla, necesitas dejar claros los límites que no debe rebasar y las consecuencias de hacerlo. Sé constante al aplicarlos y procura que tanto tú como tu pareja estén de acuerdo.
  3. Las consecuencias no consisten en castigar a tu hijo o en hacerlo sufrir, sino en que remedie su “mala acción”. Debe saber que todo acto implica una consecuencia positiva  o negativa.
  4. Con los más grandecitos, las consecuencias pueden ser previamente negociadas para que se comprometan más y sepan que son tomados en cuenta en la familia.
  5. Hazle saber que no lo regañas por lo que es, sino por lo que hace; no le pongas ningún adjetivo calificativo negativo, evita etiquetarlo (ve a la página 46, encontrás los tips para lograrlo).
  6. Confía en su capacidad para lidiar con las adversidades. Recuérdale que siempre estarás a su lado en las dificultades.
  7. Déjale claro que lo amas incondicionalmente, haga lo que haga, pero que tú eres el adulto responsable de cuidarlo y educarlo.
  8. No pierdas de vista que estás formando a un ser humano que requiere no sólo que le digas lo que no debe hacer, sino cómo hacerlo mejor de forma positiva.
  9. Se vale decir: “Esto no fue correcto, pero no sé cuál será tu consecuencia. La pensaré y te digo en una hora”. Date tiempo para calmarte.
  10. Ten en mente que todo castigo requiere una explicación para que tu niño entienda su error; también debe implicar un esfuerzo, una lección y una reparación del daño.
  11. Nunca lo humilles, amenaces o dañes con palabras o golpes, aún cuando tenga un mal comportamiento.
  12. Mantén la calma, respira, aplica el regaño y termina con un abrazo y un “te amo”.

ESTE ARTÍCULO SALIÓ PUBLICADO EN LA EDICIÓN IMPRESA DE PADRES E HIJOS EN ABRIL DE 2019, FUE REDACTADO POR JESSICA LÓPEZ CERVANTES.

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Castigos, para cuando todo lo demás ha fallado

Es necesario empezar a corregirlo, pero la guía y regaños no siempre dan resultado y, aunque la idea del castigo te molesta e inquieta, te preguntas si no será algo necesario.

HE AQUÍ LA RESPUESTA

Con los niños, las reglas del juego tienen que ser muy claras y la autoridad que ejercen los papás no debe dejar lugar a dudas. Si los pequeños ignoran cualquiera de las dos, es momento de pensar en un método más efectivo.

Primero… necesitas cerciorarte de que fuiste clara y congruente en las indicaciones. Por ejemplo, decirle:

“Esto no se toca porque mamá lo necesita para hacer su trabajo; si lo tomas, ella no podrá realizar sus tareas y puede tener problemas . Si lo vuelves a hacer tenemos que castigarte hasta que entiendas. ¿Me puedes repetir lo que te dije?”.

Segundo… debes conservar la calma para castigarlo desde un buen lugar, si es el caso. Es decir, si te dejas llevar por el enojo, la desesperación o frustración, lo más probable es que la intención didáctica que debe tener un castigo positivo se pierda.

Además, desde una emoción descontrolada podrías poner correctivos exagerados y que también te serán casi imposibles de cumplir: “Nunca más visitarás a tu prima”, “Voy a castigar absolutamente todos tus juguetes”, “Se acabó el helado para ti”.  Recuerda que los castigos deben ser consecuencias, por tanto sí necesitas cumplirlos.

Tercero… mientras tomas aire, pregúntate:

  1. ¿Por qué está mal esto que hace mi hijo?
  2. ¿Cuáles son las consecuencias reales de su conducta?
  3. En una escala de 1 a 5, ¿qué tan grave es lo sucedido?
  4. ¿Le he advertido con anterioridad que si hace esto sería castigado?
  5. ¿Qué tipo de castigo le permitiría darse cuenta de que esto es incorrecto?

Lo anterior te dará tiempo de poner las cosas en perspectiva y tomar mejores decisiones.

ESTE ARTÍCULO SALIÓ PUBLICADO EN LA EDICIÓN IMPRESA DE PADRES E HIJOS EN ABRIL DE 2019, FUE REDACTADO POR JESSICA LÓPEZ CERVANTES.

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Cómo evitar accidentes de niños en vacaciones

En vacaciones, los accidentes de niños aumentan ya que están más expuestos al sol y a actividades al aire libre.

De acuerdo con el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), durante las vacaciones los accidentes de niños aumentan hasta en un 25%. Estos están relacionados a la exposición al sol, a la práctica de actividades acuáticas y al aire libre.

Para prevenir este tipo de accidentes es muy importante insistir en que los pequeños cumplan con las siguientes normas mínimas de seguridad:

Exposición solar

  1. La exposición al sol debe ser mínima en los primeros año de vida de un niño.
  2. Siempre utiliza el protector solar adecuado para el tipo de piel de tu bebé. Aplica generosamente 30 minutos antes de tomar el sol y renueva con frecuencia.
  3. Ofrécele abundantes líquidos.
  4. Además, protege a tu hijo de la radiación solar con sombrillas, gorras y gafas.
  5. Evita exponerlo al sol en las horas centrales del día.

Actividades acuáticas

  1. Enséñales a respetar las zonas de baño y la señalización de las playas.
  2. Cuídalos todo el tiempo mientras estén en la alberca o playa aunque sepan nadar especialmente cuando juegan con flotadores o salvavidas, ya que al pesar poco pueden ser arrastrados por la corriente.
  3. Pídeles salir del agua si se sienten mal.
  4. Deja pasar al menos dos horas después de la comida para ir a la alberca.
  5. Evita  que se zambullan en sitios donde no se ve el fondo o hay poca profundidad.
  6. Evitar que se bañen en zonas de riesgo de ríos, pozas naturales o bajo cascadas de agua.
  7. Enséñales a respetar las normas de seguridad de piscinas y parques acuáticos.

Foto: Pinterest

Precaución con heridas y picaduras

  1. Insiste en que utilicen calzado especial para el agua para evitar el riesgo de heridas, cortes y picaduras en los pies.
  2. Si hay riesgo de bancos de medusas conviene utilizar fotoprotectores con efecto repelente y respetar las normas de seguridad que aconsejen los servicios de vigilancia.
  3. Utiliza repelentes de insectos en las últimas horas del día y durante la noche evitando el contacto con mucosas (ojos y boca), heridas, piel quemada o pliegues profundos.
  4. En caso de los niños más pequeños se pueden proteger camas y cunas con mosquiteros.
  5. Así mismo, podemos colocar una tela mosquitera en el cochecito de estos niños pequeños procurando que los bordes de la misma estén bien ajustados.

 

 

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¿Disciplinar a tu hijo desde los 7 meses de nacido? Sí, te decimos cómo lograrlo

Entre que no quiere comer, tender su cama, levantar sus juguetes, apagar la pantalla, dejar el celular, ponerse los zapatos, vestirse, dejar de correr por la casa… Toda una batalla diaria ocurre cuando de disciplinar a tu hijo se trata. ¿Qué hacer?

Probablemente este recurso que estamos por compartirte te sea de mucha utilidad en el tema de disciplinar a tu hijo.

LA CLAVE ES ESTABLECER RUTINAS

Las rutinas ayudan a los niños a saber de llevar un orden y ser ordenado, cumplir reglas y tener límites; le dan estructura. Por ello, si desde bebé lo acostumbras a las rutinas, cuando niño no te costará trabajo que te haga caso cuando le pidas que mantenga sus juguetes en una caja o que se lave los dientes o que cuando es tiempo de comer no se juega o que hay un límite para usar la tablet.

Aunque, esto no significa que si tienes un hijo mayorcito las rutinas no te sirvan, solo que quizá necesites más paciencia con él.

Las rutinas lo disciplinan desde bebé

Todavía hasta su sexto mes de vida es necesario que te doblegues cada vez que tu bebé quiera dormir o comer. A partir del séptimo mes podrás empezar a atenderlo siguiendo un orden (a: cuando despierte, darle de comer; luego, cambiarle el pañal; después jugar con él y por último, acostarlo para que se vuelva a dormir. Y lo mismo cada día, introduciendo de manera gradual actividades como el baño, el paseo en carriola, etcétera.

¿Cómo trabajarlas?

  1. Las actividades más importantes a incluir en las primeras rutinas son: desayuno, comida y cena; refrigerios, sueño nocturno y, al menos, una siesta. Si logras que tu
    hijo esté satisfecho en todo esto, será más fácil que se adapte luego a un determinado orden.
  2. Establece las rutinas en las horas que requieren una mayor organización, como la mañana, antes del trabajoguardería y la tarde-noche, previo a la hora de dormir. Esto redundará en menos batallas con el pequeño.
  3. Si tienes algún niño mayorcito (de cinco años en adelante), involúcralo en la planeación de las rutinas.
  4. Elabora carteles que ilustren lo más simple posible la secuencia de las actividades a realizar por tu pequeño (y por ustedes los padres, de preferencia). Esto será un
    recordatorio y motivador permanente para todos.
  5. Incluye en la rutina algo de tiempo libre para tu niño, con el propósito de que también dé rienda suelta a su espontaneidad y aprenda a entretenerse por sí mismo.
  6. Coloca recordatorios para el peque (por ejemplo, en las puertas de su cuarto) de lo que tiene que hacer en determinado periodo de tiempo. También puedes hacer
    sonar el reloj despertador para indicar que el tiempo de cierta actividad, como el juego, se ha agotado.
  7. Ya que tu niño esté bien adentrado en la rutina, prémialo cada vez que haga algo sin ayuda ni recordatorio; por ejemplo, cuando guarde un juguete después de usarlo.
  8. Recuerda, un niño necesita tomarse su tiempo para asimilar todas las nuevas cosas que lo rodean, no puede responder con la rapidez que tú quisieras ya que su
    aprendizaje es gradual, sé paciente con él.

Por Felipe Salinas