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¿Qué es la fibromialgia?

Es una enfermedad crónica asociada más a mujeres que a hombres, caracterizada por síntomas originados por una alteración central de la sensibilidad al dolor. Por lo que si con frecuencia sientes dolor muscular y fatiga sin causa aparente, debes recurrir al médico para que sea él quien determine si padeces fibromialgia.

Porque la fibromialgia no se detecta a través de pruebas específicas, sino a través de sus síntomas. Por lo que solo un experto te podrá diagnosticar.

Sus síntomas: 

  • Mareos y sensación de inestabilidad
  • Ojos y boca secos
  • Dolor en mandíbula
  • Rigidez muscular
  • Contracturas en varios grupos musculares
  • Problemas para concentrarse
  • Palpitaciones
  • Intolerancia a medicamentos

No se conocen de forma exacta las causas que provocan la fibromialgia, sin embargo se han reconocido algunas circunstancias relacionadas, como alteraciones en determinadas sustancias que forman parte de procesos neuroquímicos, desequilibrio de neutrotransmisores del sistema nervioso, cierta predisposción genética en aquellas personas que han tenido algún familiar que la ha padecido, asociación a cuadros depresivos, etc. Asimismo, suele aparecer entre los 44-55 años.

No tiene cura, se tratan los síntomas, sobre todo el alivio del dolor, mejorar la calidad del sueño y restablecer el equilibrio emocional. Por ello, los médicos suelen recomendar:

  1. Actividad física, el ejercicio aeróbico mejora el rendimiento y puede ayudar a disminuir el dolor.
  2. Terapia psicológica, para aprender a afrontar la enfermedad y adquirir hábitos que ayuden a la recuperación.
  3. Fármacos mediante antidepresivos o relajantes musculares para mejorar los síntomas de la enfermedad.
  4. La fatiga no es extenuante;  se alivia con el sueño. 
  5. Alimentos que potencien la inmunidad, que mejoren el sistema muscular y la secreción de serotonina, encargada de mantener un buen estado de ánimo.

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¿Tu hijo no quiere convivir con los demás niños?

Convivir con las personas y afianzar lazos afectivos con quienes convivimos día a día, es una fuente de felicidad y, en el caso de los niños, determina la mayor parte de sus pensamientos y emociones en la vida adulta. Pero, si has notado que a tu hijo no le gusta estar con otros niños o adultos, no te preocupes de más. Existen razones que son muy naturales en su desarrollo.

Por ello, es importante hacer una revisión de las razones por las cuales un niño no quiere convivir con los demás y, que ofrezcas a tu hijo un modelo de confianza en el mundo, herramientas para desenvolverse que le permitan establecer relaciones saludables y placenteras. No, no es muy pronto para hacerlo, es justo el momento oportuno.

Vamos, juega con los demás

Cuando se trata de la socialización de los hijos no hay puntos medios: o te parece bien que se pasen el día jugando solos o te preocupa profundamente socializarlos, para lo cual resulta imprescindible llevarlos a la guardería, pasearlos por el parque cada vez que puedas y acudir a todos los eventos donde haya padres con hijos.

Sin embargo, hasta los dos años los pequeños se centran casi exclusivamente en la vida familiar (aunque le enriquecen todas las relaciones), y a partir de esta edad cada niño «despierta» a los demás cuando está preparado. No se puede forzar. Por lo mismo, no te debe extrañar que hasta esta edad, solo quiera estar en los brazos de papá o de mamá.

En este caso, no permitas que tu preocupación de que no aprenda a relacionarse, te lleve a transmitirle ideas equivocadas de sí mismo. Cada vez que, al verlo jugar solo, le insistes para que juegue con otro niño, le estás transmitiendo que hay algo malo en su actitud, cuando no es así en absoluto.

Como en todos los aspectos de la vida, cada pequeño tiene su ritmo y da el siguiente paso cuando se siente preparado para hacerlo. Si a tu nene de dos años no le interesan los demás, no hay nada de qué preocuparte. Si a tu pequeño de cuatro años no le interesan los demás, entonces sí debes preguntarte qué está pasando y tomar cartas en el asunto.

Felipe Salinas