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5 errores a la hora de proteger a tu hijo

5 errores a la hora de proteger a tu hijo

Cuidarlo sí; sobreprotegerlo no. Hay que velar por su salud, pero sin cortarle las alas.

5 errores a la hora de proteger a tu hijo

Nos resistimos a aceptar que ese pequeño terremoto que corretea por el parque entusiasmado y que no deja de abrir y cerrar cajones en casa ya no es el bebé indefenso que hemos tenido en la cuna desde hace doce meses.

Ahora es una persona mucho más independiente que acaba de descubrir todas las posibilidades que ofrece el mundo. Todas le gustan y con todas quiere experimentar: tocando, chupando, oliendo… ¿Peligroso? No necesariamente.

Los niños son mucho más fuertes de lo que parecen; somos los padres los que nos empeñamos en tratarlos como si fueran débiles.

Cometemos errores de sobreprotección creyendo que de este modo nuestro pequeño estará mejor cuidado e incluso más sano, y no nos damos cuenta de que muchas veces nos equivocamos.

¿Te falta paciencia? Mira estos tips…

5 tips para tener paciencia, paciencia y más paciencia

1. Higiene: ¿baño todos los días?

La higiene es importante, pero no hay que caer en la obsesión. Para muchos, el baño diario forma parte del ritual de irse a dormir y es su ratito de relajación y juego con sus padres. Pero si pasa un día que no puedas bañarlo, no pasa nada, a menos que esté lleno de arena de pies a cabeza. Procura que los genitales estén limpios tras los cambios de pañal y que se lave bien las manos antes de comer y al irse a dormir.

2. Abrigarlo mucho

Es uno de los errores que comentemos con más frecuencia, sobre todo por miedo a que se resfríen. Pero los pediatras lo dejan muy claro: un catarro se produce por contagio, no por pasar frío. Cuando un bebé se desarropa durmiendo es porque tiene calor. Seguramente lo hemos acostado con un body de manga larga y una pijama más abrigadora, además del edredón, y no es extraño que trate de zafarse de la ropa que le sobra.

3. ¿Cómo ayudarlo a superar obstáculos?

Dejándole ensayar y permitiéndole fallar, porque aprender significa equivocarse una y otra vez. Cuando unos padres animan a su hijo a superar los errores, le están transmitiendo la idea de que puede alcanzar sus metas.Los refuerzos positivos le permiten seguir adelante.

4. Usar cualquier medio para que coman

Esta etapa suele coincidir con la introducción de una dieta más variada y con alimentos menos triturados y a la mayoría les cuesta un poquito acostumbrarse. Por eso muchos padres se agobian, porque su bebé, «ha dejado de comer». No es así, ellos saben lo que tienen que comer y cuánta cantidad, y si mantienen la actividad propia de esta edad y están alegres significa que están sanos y no les hace falta comer más.

Además, a partir de los doce meses los niños comen menos porque crecen a un ritmo mucho más lento que cuando eran lactantes. Por tanto, sus necesidades nutricionales también son menores.

¿Tu hijo no quiere comer? Mira estas fáciles recetas…

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5. No llevarlo a la guardería por miedo a que se enferme

Cuando un niño va a la guardería, casi siempre es porque sus papás trabajan y no pueden tenerlo en casa. También puede ocurrir que opten por contratar a una niñera o que lo cuiden los abuelos para que, al no ir a la guarde, estén a salvo de contagios y enfermedades. Es cierto que llevarlo a la guardería tiene el riesgo más que probable de que se pongan malitos con más frecuencia, sobre todo el primer año. Pero no nos engañemos: quedándose en casa los niños también se enferman. No se recomienda, mantener al niño dentro de una burbuja de cristal para evitar enfermedades e infecciones que son absolutamente normales a su edad y que tarde o temprano va a sufrir.

Retrasando su incorporación al mundo real e impidiendo el contacto con otros niños lo único que conseguimos es demorar su socialización. 

¿Has caído en alguna de estas acciones?

Foto: Getty Images

Esto es lo que debes saber sobre enfermedades en los niños…

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Bebé de 15 meses recibe mordiscos en la guardería

Bebé de 15 meses recibe mordiscos en la guardería, ¿le ha pasado algo así a tu bebé?

Alice Martin mamá de una bebé de 15 meses quienes viven en Tucson, Arizona, descubrió que su bebé tenía al menos 25 mordidas en el cuerpo.

Alice llamó a la policía al descubrir las marcas en el cuerpo de su bebé y estaba molesta y triste porque en la guardería no le llamaron ni le avisaron de lo sucedido.

Cómo detectar algo raro en tu bebé

  • De ser posible opta por una guardería que tenga cámaras y que puedas monitorear en el momento que desees. 
  • Pregunta siempre al personal sobre el cuidado que le dan a los niños. 
  • Ten referencias sobre la escuela. 
  • Si algo no te da confianza, no dejes en manos de esas personas a tu hijo.

¿Tu hijo no quiere ir a la guardería?

Son varias las causas que hacen que el proceso sea a veces difícil: desde un temperamento muy sensible a los cambios hasta la revolución que supone pasar de ser el rey de la casa a tener que compartir con otros veinte niños la atención de una educadora. Incluso hay veces que el problema está en los padres: les cuesta «soltar» a su hijo.

Pero es importante diferenciar los malestares normales, pasajeros y superables de aquellos más serios que sugiere investigar el problema o dejar la guardería para más adelante. Te ayudamos a distinguirlos:

Está callado y triste

Tu hijo suele hablar espontáneamente de sus experiencias y de las cosas que le pasan, para bien o para mal. Hay niños más reservados que prefieren no pregonar esa experiencia tan personal. Si es este el caso, es mejor no atosigarlos con interrogatorios, darles tiempo, mantener el oído despierto e informarse con el personal de la estancia infantil. Si los ves normales y alegres, no hay nada que temer: seguro que todo va bien.

Dice que le duele la cabeza, el estómago…

Es lo que normalmente se llama «somatizar», que es cuando un estado anímico provoca síntomas corporales: dolores de estómago o de cabeza, diarreas… La tensión que produce en algunos niños la guardería (sobre todo al comienzo) puede provocar estos síntomas de un modo pasajero. Sin embargo, si se prolongan más de dos semanas, consulta al pediatra.

Rechaza comer en la escuela

A algunos niños les cuesta más adaptarse a las comidas con las que no están familiarizados, aunque generalmente por imitación a sus compañeros acaban aceptando los platos que les pongan en la mesa. También ocurre algunas veces que, al rechazar la comida de la guardería, el niño está haciendo eco de los recelos de sus padres, que pueden desconfiar de la atención que recibe su hijo en la escuela y de la calidad de los alimentos que ahí le ofrecen.

Duerme mal

No es nada raro que se den estas alteraciones del sueño, que normalmente son pasajeras. Lo que hay que hacer es mantener los horarios y rutinas. Un niño, que pone resistencia para irse a la cama, puede ser que quiera compensar el tiempo que no pasa con sus padres. No obstante es importante mantener su horario de dormir, sobre todo porque necesita más que nunca descansar. Eso sí, un ratito de mimos y el ritual de buenas noches le resultará reconfortante. Pero si pasan meses y no se normaliza, habrá que consultar al especialista.

Siempre debes estar alerta con tu bebé, revisa bien cada parte de su cuerpo, de la cabeza a los pies y comunica cualquier anomalía.

¿Tu bebé ha sufrido algún golpe en la guardería?

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Foto: cortesía Facebook Alice Martin

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Requisitos de una buena estancia infantil

Revisa que la estancia infantil a la que llevarás a tu hijo cumpla con lo necesario para que tu niño esté seguro. 

Antes de decidirte, tienes que conocer la escuela elegida para evitar sorpresas desagradables. Por muy bien que te hayan hablado de ella vecinos o amigos que lleven a sus hijos, tu información debe ser de primera mano.

Lo primero: que sea legal

Si respeta la ley, adelante. Algunos centros ofrecen todas las comodidades, horarios que se ajustan  a nuestras necesidades y encima a unos precios muy baratos. Pues bien, no caigas en la tentación sin antes informarte. Hay escuelas clandestinas que no se ajustan a la normativa vigente, ¡mucho cuidado!

Instalaciones

El edificio debe tener accesos fáciles y pocos pisos. El patio debe ser de uso exclusivo de la escuela y estar perfectamente cercado. Lo ideal es que cuente con una zona de arena, con columpios y elementos de juego seguros y zonas de sombra. También debe tener una sala interior de usos múltiples que pueda utilizarse como sitio de recreo en los días de lluvia.

Los salones han de ser amplios y luminosos. Para los más pequeños debe haber una zona para los cambios de pañal y otra para preparar biberones y papillas, así como una zona de descanso donde estén las cunitas y otra de actividad y juegos. Para los  mayorcitos, las clases deben tener dentro los baños y han de estar adaptados al tamaño de sus usuarios.

Participación

La educación infantil es complementaria de la educación familiar y por tanto la relación ha de ser muy estrecha. La escuela debe abrir cauces variados para que todos los padres puedan participar. La vía más habitual es a través de las asociaciones de padres de familia. Hay que intentar no faltar a las reuniones colectivas o individuales a las que nos convoque su maestro.

Proyecto educativo

Nadie discute la labor asistencial de estos centros, pero debes elegir uno que, además, responda a criterios educativos. ¿Cómo indagar sobre este aspecto? Habla con los responsables sobre sus objetivos y programas, interesándote por la metodología de trabajo…

Un buen ejemplo son los materiales que utilicen. Tienen que responder a las necesidades de aprendizaje de los niños, y para ello en cada clase debe haber los adecuados a cada edad.

Profesionales

Cada grupo tendrá un maestro o un educador tutor; pero, aparte, el centro debe contar con educadores de respaldo para reforzar la labor educativa. Muchas escuelas cuentan con el apoyo de equipos de atención temprana. Suelen estar formados por pedagogos, psicólogos, terapeutas de lenguaje, trabajadores sociales y maestros. Su labor es apoyar a los niños con necesidades educativas especiales y a sus familias y educadores, y orientar la labor pedagógica del centro.

Número de niños

No masificados. De este modo, se garantiza un trato más individualizado y se pueden respetar mejor los ritmos de cada uno. Ten presente que cuanto más pequeños son, más atención requieren. No es conveniente que estén todos mezclados: a cada grupo de edad le corresponde un aula. El número máximo de niños por salón y maestro es: ocho para los de cero a un año, 13 para los de uno a dos años, 20 para los de dos a tres años y 25 como máximo para cada clase de niños con edades entre tres y seis años.