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9 necesidades emocionales de tu hijo que debes satisfacer para que sea feliz

Para que desarrolle una autoestima sana, tu hijo necesita que lo ayudes a satisfacer estas necesidades emocionales porque así se sentirá valorado, reconocido y amado; sabrá que sus papás lo aceptan tal cual es, que debe aceptarse a sí mismo y asegurarse de que los demás lo respeten.

De acuerdo con la experta en inteligencia emocional Eli Martinez, autora del libro Crea una vida a tu manera, los niños necesitan  tener satisfechas las siguientes necesidades emocionales vitales par desarrollarse de forma sana.

Necesidades emocionales de tu hijo

Necesidad de amor. Le proporciona la seguridad y confianza básica en él mismo y en la vida, así como la conciencia de ser digno de amor por ser lo que es.

Necesidad de presencia. Cuando sus papá lo ignoran, no pasan tiempo con él, no buscan conocerlo como personita con todos sus talentos, virtudes y defectos, es como si no lo vieran y él lo percibe. Esto le crea la idea de que no es digno de que la gente lo tome en cuenta. Por eso es importante que pases tiempo con tu hijo y, sobre todo, aproveches para conectar emocionalmente con él y te sienta presente.

Necesidad de apoyo. El saber que hay alguien allí para él, que le brinda su apoyo y ayuda cuando lo necesita, lo llena de seguridad y confianza para actuar. Muéstrale y déjale saber que te tiene incondicionalmente.

Necesidad de seguridad. No se trata sólo de satisfacer las necesidades fisiológicas como comer o dormir, se refiere a garantizarle el hogar, una familia estable, salud, un ambiente seguro y armónico durante su crecimiento.

Necesidad de validación. Que sienta que está bien ser, sentir y pensar como lo hace; sin experimentar críticas destructivas, maltrato, enjuiciamiento o falta de reconocimiento por sus logros y esfuerzos.

Necesidad de límites. Cuando los niños no tienen límites pueden tener conflictos de impulsividad, o incluso narcisismos cuando adultos. De hecho, el mensaje que recibe el niño ante padres que no saben poner límites es «no me importa lo que hagas”. El mensaje debe ser: «porque me importas yo deseo tu estabilidad y esta es una lección que necesitas aprender».

Necesidad de respeto. Respeto por sus gustos, disgustos, talentos, habilidades, emociones, pensamientos… aunque sea un niño, necesita que le des cabida a su individualidad.

Contacto físico positivo. El contacto humano es indispensable para transmitir el amor; abrazos, caricias, besos, miradas… es parte de la comunicación no verbal y por tanto, una manera decir te amo.

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Frases que NO debes decir a tu hijo cuando «no puede» hacer algo

Las palabras que usas para corregir, acompañar, motivar o calmar será su diálogo interno que lo acompañará durante toda su vida. Entonces ¿qué frases usar y no debes decir a tu hijo cuando se enfrenta a un reto? 

Ojo! Eso no significa que tu rol sea el mismo que una porrista que sólo quiere hacer sentir bien y animar, es más bien una oportunidad para generar frases en su mente que lo lleven a dirigir sus acciones.

Cuando te enfrentas a un reto en tu día a día, cometes un error o te sientes confundido escuchas una voz interna. Es algo dentro de tu mente que a veces te anima y a veces te hace sentir un poco peor con frases como “¡Claro! Siempre es lo mismo conmigo”.

¿De dónde viene ese diálogo? Se construye en los primeros años de vida, es una interiorización de las frases que otros nos repitieron. Durante la infancia la brújula moral se va creando conforme los límites son marcados, los impulsos manejados y la motivación externa se convierte en interna.

Lo mejor, antes de decir algo, es observar ¿a qué reto se enfrenta? ¿qué es lo que lo lleva a creer que “no puede” hacerlo? ¿es realmente un reto más difícil de lo que puede lograr? Y lo más importante, como decía María Montessori, ¿cómo lo puedes ayudar para que lo haga solo?

NO debes decir a tu hijo

“Ya, yo lo hago”

Con esta frase estamos comunicando que efectivamente, el niño no puede hacerlo. Habrá veces que el reto sea muy difícil para la etapa evolutiva en la que está y necesita que nosotros lo hagamos. En esos casos, es más aconsejable decir algo como “cuando te enfrentas a un reto, puedes pedir ayuda” o “yo te puedo ayudar, seguro luego lo vas a poder hacer tú solo”.

“No digas no puedo”

Cuando un niño dice “no puedo” hay que observar si realmente necesita que lo hagamos nosotros o está buscando un camino fácil para algo que realmente ya sabe hacer. Una buena idea es guiarlo con palabras específicas paso a paso por lo que debe hacer para lograrlo, siempre siendo muy claros. Por ejemplo: “para ponerte el calcetín primero ábrelo, mete primero tus dedos y luego acomódalo para que cubra tu pie”.

“O lo haces o no hay…”

Condicionar las acciones esperando una recompensa o intentando evitar un castigo es muy efectivo a corto plazo porque los niños “obedecen”, pero realmente no se está ayudando a crear una disciplina interna que lo ayude a largo plazo.

Busca cambiar este discurso por una motivación, frases como “yo sé que estás cansado pero ya casi acabas” o “estoy segura que tu puedes con esto” lo ayudan a superar la frustración entendiendo que lo debe hacer, no por algo que viene sino porque eso se debe hacer. Más adelante esto es lo que nos ayuda a mantenernos en un camino para alcanzar nuestras metas.

En suma, lo ideal es hacer conciencia y reflexionar hoy sobre los mensajes que das a tus hijos. ¿Qué diálogo interno estás formando? Y lo más importante,
cómo puedes ayudar a fomentar su autoconfianza.

Por Lic. María Cristina Fernández, Gerente Pedagógico de Advenio

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Lo que sí y no debes hacer cuando ayudas a tu hijo en su tarea

Estos tips para el momento de hacer la tarea te pueden guiar para generar un hábito en tu hijo y aprovechar esos momentos con él. Mira lo que sí y no debes hacer cuando ayudas a tu hijo en su tarea.

Todos tenemos recuerdos de cuando éramos niños haciendo la tarea. ¿Cómo son los tuyos? Probablemente, algunos sean de enojo porque querías ir a jugar en lugar de sentarte a resolver operaciones o hacer un resumen. También vendrá a tu memoria un momento en que lograste solucionar algo que te costaba trabajo o entendiste por fin eso que en la escuela no hacía sentido.

El objetivo de la tarea es llevar a casa la experiencia de aprendizaje para que, en compañía de sus padres, los niños pongan en práctica lo aprendido en la escuela.

Conforme tu hijo crece, tu rol en sus tareas se modificará hasta el punto de volverte un supervisor que está dispuesto a apoyar en la búsqueda de respuestas sin necesidad de darlas. Pero como todos los hábitos, para que sean parte de su cotidianidad se tiene que establecer, practicar y acompañar hasta que tu hijo esté listo para hacerlo solo.

Lo que sí y no debes hacer cuando ayudas a tu hijo en su tarea

Genera un ambiente que invite al trabajo. Tener un espacio designado para hacer la tarea le permite a tu hijo canalizar su atención para entrar en un estado de concentración. Los niños se apoyan del exterior para estructurar su interior, por eso este espacio necesita ser ordenado, contar con los recursos necesarios, tener una buena luz, una silla y mesa que le ayuden a mantener una buena postura.

No hagan la tarea sentados en el sillón, con la televisión prendida o en su cuarto junto a los juguetes, este tipo de situaciones lo distraen y no lo motivan a trabajar.

Crea una rutina. El momento ideal para hacer la tarea depende de la dinámica familiar, piensa cuál es el mejor para ustedes. Puede ser después de comer para que al terminar tenga tiempo del juego libre o al llegar a casa después de sus clases de la tarde.

Considera que hacer tarea por la noche es más difícil para tu hijo, su cerebro ya comprendió que hay momentos de vigilia (estar despierto y activo) y otros de sueño y descanso, conforme su hora de dormir se acerca, su cerebro necesitará hacer un mayor esfuerzo.

Mantente presente cuando tu hijo hace la tarea. ¡Ojo! estar sentados en la misma mesa mientras revisas el celular no es lo mismo que estar presente. Dependiendo del apoyo que tu hijo necesite durante la tarea, puedes tener alguna actividad como leer o incluso trabajar, pero es importante que tu hijo sepa que estás para él, para resolver dudas, revisar lo que lleva o animarlo.

Permite que encuentre sus errores. Recuerda, es su tarea, necesita intentar y fallar, cuando detectes un error busca la manera de cuestionarlo para que él sólo lo vea. Por ejemplo, si respondió mal una operación busca replicarla con algún material “si tienes 10 papeles y sumo 7 ¿cuántos tienes? ¿qué pusiste en tu hoja? ¿es la misma respuesta?”

No le digas directamente qué es lo que debe cambiar, tampoco le des tú la respuesta correcta, lo que buscamos es que cuando esté solo resuelva sus problemas encontrando estrategias.

Enséñalo también a descansar. Valora el tiempo y la atención que dedicó a su tarea. Cuando termine, ayúdalo a relajarse y cerrar el momento de trabajo para que después juegue en su tiempo libre. El juego es la mejor estrategia para que los niños puedan lidiar con el estrés, asegúrate que tu hijo tenga momentos recreativos.

Finalmente, considera que la mejora se logra cuando se compite con uno mismo, no con los otros. No compares los resultados de tu hijo contra los otros niños, compáralo con lo que lograba hacer antes y apóyalo para que descubra sus talentos.

Por Lic María Cristina Fernández, Gerente Pedagógica de Advenio

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3 sanas formas de expresar amor que tu hijo debe aprender

Está en ti, como mamá o papá, enseñar a tu hijo a expresar amor de modo positivo; si aprende a vincularse de esta forma, llenará su vida de momentos y personas de gran valía y plenitud.

Sigmund Freud decía que “infancia es destino” y, si esto es cierto, significa que la calidad de amor a la que se acostumbre tu hijo de pequeño será la calidad de amor que busque y provea cuando sea adulto. Y eso sí que es destino.

Sanas formas de expresar amor

BESOS

  • Implican emociones, sensaciones, mensajes químicos, intercambios de información olfativa, táctil y psíquica que permiten detectar la compatibilidad con otras personas.
  • Activan el centro cerebral del placer, lo que nos hace sentirnos más cercanos a las personas.
  • Implican una vulnerabilidad del espacio vital que no debe llevarse a cabo con cualquiera: deben ser personas apreciadas, cercanas, confiables y genuinas.
  • Respeta y avala la decisión de tu hijo sobre a quién besar y a quién no para que cuando no estés cerca, él pueda cuidarse a sí mismo.
  • Enseña a tu hijo que los besos en la boca están destinados nada más para la pareja.
  • Cuando los niños son pequeños demuestran su cariño a través de los besos, son uno de sus regalos más valiosos; reconócelos, agradécelos y nunca, aunque estés enojada, los rechaces.

ABRAZOS

  • Los humanos nacemos sin la noción de nuestros límites corporales; a través del contacto logramos establecer un concepto mental con nuestro cuerpo y sus necesidades de afecto.
  • Cuando abrazas a tu pequeño le transmites varios mensajes: desde comprensión y cariño hasta contención e inclusión.
  • Los niños que son abrazados constantemente por sus padres aprenden a sentirse amados y seguros, lo que se traduce en autonomía, amor propio y preocupación por las demás personas en su adultez.
  • Facilitan la recuperación de su equilibrio en un berrinche; alguien fuerte, capaz e interesado en su bienestar le ayuda a contener su agresión, cordura e identidad.
  • Los abrazos cariñosos provocan una mayor secreción de serotonina, y reducen los sentimientos de enfado y apatía.
  • Los abrazos nos permiten expresar todo tipo de sentimientos sin tener que hablar. Es una forma instintiva e inconsciente por la cual dos personas se comunican de manera profunda. Cuando no sepas qué decirle a tu hijo, dale un abrazo.

“TE QUIERO”

  • Escucharlo le ayudará a saberse valioso, que merece ser amado. Así se relacionará con los demás.
  • Estas palabras aumentan la conexión emocional, formando un canal de confianza y diálogo entre quienes se las dicen.
  • Cuando le dices “te quiero” generas un ambiente de tranquilidad, seguridad y felicidad. Esa es la base de la salud mental.
  • No hay mejor manera de reconocer sus aciertos y alentar las conductas que le sean beneficiosas que a través del “te quiero”.
  • Permite construir una relación positiva donde las personas se sienten con toda certidumbre admiradas, respetadas y aceptadas.
  • Tu hijo reproducirá tu forma de expresar emociones y afectos: sé un modelo asertivo, amoroso y sin miedo a exteriorizar emociones.

Por Judith Celis, psicoterapeuta y bloguera en padresestrella.com

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¿Por qué a tu hijo le divierten tanto las cosquillas?

«¡Otra vez, mami!»… las cosquillas son una sensación muy placentera, tanto que aunque puedan llegar a causar «angustia» ¡deseamos más y más! ¿Pero por qué y por qué les gustan tanto a los niños? 

Básicamente hay dos explicaciones:

Le dan placer

La sensación placentera de las cosquillas libera dopamina, que obliga al cerebro a desear más; ocurre que el cerebro siempre buscará aquellas experiencias gratificantes ¡y las cosquillas lo son!

La dopamina es el centro del placer de nuestro cuerpo, ya que regula la motivación y el deseo, esto hace que tu hijo quiera repetir la conducta que le está proporcionando beneficios o placer (justo como las cosquillas).

Lo curioso es que la dopamina se libera tanto con estímulos agradables como con desagradables, por lo que si bien las cosquillas llegan a generar ambas sensaciones, tu hijo siempre querrá conseguir más.

 Lo hacen sentir vinculado a mamá y papá

Las investigaciones en el tema han revelado que la respuesta de las cosquillas sirve para crear vínculos sociales. Por esta razón, el cerebro no reacciona cuando uno mismo trata de hacerse cosquillas: las autoinfligidas no tienen mucho sentido ni finalidad en la sociabilización y menos en la necesidad biológica de sobrevivencia, en el sentido de que necesitamos vincularnos con los otros para satisfacer nuestras necesidades básicas.

En este sentido, los bebés y los niños, que instintivamente se saben vulnerables y con la necesidad de la protección de los adultos que los cuidan, usan las cosquillas como un medio para conectar con ellos, socializar y crear lazos afectivos que les garanticen la sobrevivencia.

Por esto mismo, desde esta teoría darwinesca, se cree que la función primera de  las cosquillas es el vínculo afectivo con la madre, y, posteriormente, esa misma felicidad se extiende a otras relaciones sociales.

Son un tipo de juego

Los niños son los maestros del juego porque les crea mucho placer y las cosquillas tienen relación con las conductas de juego: el cerebro es  capaz de rastrear el propio movimiento y por eso sabe dónde está la propia mano, por ejemplo. Pero desconoce y no puede saber dónde estará la del otro. En tal sentido, es un juego en elq ue la diversión radica en el facto sorpresa: no saber por dónde va a venir la sensación placentera.

Con información de Psyciencia

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6 claves para hacer de tu casa un hogar cálido para la familia

Crea una atmósfera adecuada en tu casa para que cada tu hijo, pareja, abuelos, tíos y tú misma tengan una sensación de bienestar; para que sea un hogar cálido para la familia donde cada uno se sienta a gusto, protegido, reconfortado y lleno de amor.

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Un hogar cálido para la familia

  1. Decóralo con texturas suaves y agradables al tacto; esto ayudará a que cuando ocupen una silla, su cama o la sala, por ejemplo, se sientan cómodos.
  2. Ten un sillón o un edredón mullido y cálido, representa el sentirse abrazado y seguro.
  3. Personaliza los espacios: el cuarto de tu hijo, la recámara de papá y mamá (o la tuya), la de los abuelos (si viven con ustedes), tu escritorio, el cuarto de juegos…
  4. De vez en vez haz cambios en los espacios, agrega un elemento nuevo o guarda aquellos que no van con la temporada y agrega otros con nuevos colores; esto ayuda a que parezca que sí hay alguien viviendo las casa, que nos es un museo.
  5. Coloca elementos clave de lo que quieres lograr en cada espacio; por ejemplo, si la sala es donde al atardecer del domingo se sientan a ver la televisión todos juntos,  deja sobre las mesitas posavasos o alguna frazada; significa confort familiar.
  6. Usa aromas agradables para todos, esto fomentará la buena actitud y armonía entre todos.

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