Categorías
Ser Bebé

Desde recién nacido, ya tendrá sus primeros miedos, ¡ayúdalo a superarlos!

Desde recién nacidos experimentamos nuestros primeros miedos; estos provienen de la angustia, que es una de las principales fuentes de malestar emocional porque significa la amenaza de algo contra nuestra integridad. Los bebés y los niños aún no cuentan con los recursos necesarios para enfrentar sus miedos, apenas los están adquiriendo; de hecho, se hacen de ellos gracias a su papás. Por ello, es importante que tú conozcas estos primeros miedos que tu hijo experimentará desde su nacimiento.

DESDE LOS PRIMEROS DÍAS DE NACIDO

MIEDO A NO SOBREVIVIR

El cuerpo de un recién nacido es muy frágil, su sistema inmunológico no está bien desarrollado; es vulnerable y dependiente. Él lo sabe, no a nivel cognitivo, sino sensorial. Por ello, experimenta angustia; desconoce si estará seguro o no, si sobrevivirá. Pero esto es algo que apenas descubrirá de la mano de mamá y papá.

Paty Osuna explica que los bebés perciben el malestar en general, el problema es que ellos aún no se lo pueden explicar, mucho menos expresarlo. “Nace el bebé y lo que siente fuera del útero materno es frío, demasiada luz, muchos sonidos; afortunamente, la inmadurez de su sistema nervioso le permite dormirse pronto, queda fuera de circulación, pero de todas maneras, los estímulos que siente son muy intensos para él por su pequeñez; cuando siente hambre, solo siente algo muy intenso en su cuerpo que no entiende, lo que siente es temor de no sobrevivir porque sus necesidades no están satisfechas; es una angustia que por sí mismo no puede solucionar”.

Justo aquí es cuando entra la función de la madre, o del cuidador. Es decir, esta dependencia del niño lo lleva a exigir lo que necesita y el trabajo de sus cuidadores es satisfacerlo. En este sentido, cuando sus cuidadores (madre, padre, abuelos, nana) responden a sus necesidades básicas, él desarrolla la confianza de que todo va a estar bien, la esperanza. Aprende a superar este primer miedo porque poco a poco, se va dando cuenta de que sí sobrevivirá, pues sus necesidades básicas están siendo satisfechas. No hay riesgo.

Tu ayuda para que supere este miedo

  • Sintonízate con tu bebé. Responde empáticamente a él, ponte en sus zapatitos para intuir qué necesita: ser arropado, cambiado de pañal, alimento, dormir, estar en brazos…
  • Dale afecto. El sistema nervioso nos hace experimentar placer ante el contacto físico; tu bebé lo necesita más porque está en una etapa sensorial. Entre más placer sienta, más seguro se percibirá.

ENTRE EL PRIMER Y SEGUNDO AÑO DE VIDA

MIEDO A PERDER A MAMÁ O PAPÁ

A esta edad, el bebé aprende que hay un otro que se hace cargo de él y en quien puede confiar porque satisface sus necesidades, por lo que comienza a crear un vínculo muy importante con esa persona y nace la angustia de perderlo. Para el bebé es vital saber que esto no ocurrirá.

“Los bebés no tienen la noción a nivel neurológico de que si alguien desaparece de su vista, sigue existiendo; por ello, cuando deja de ver al sujeto es como si desapareciera, lo perdiera. Solamente, conforme se va dando la constancia de la presencia reconoce que esa madre o padre o abuelo, aunque salga de su campo visual, sigue con él; entonces va quedando convencido de que puede confiar.

Además, su campo visual empieza a cambiar por simple maduración; pero este proceso se puede ver afectado en el terreno psicológico cuando hay una pérdida importantísima en esta etapa de vida, mal trabajada. Lo que significa que aunque su cerebro tenga la capacidad de entenderlo, va a desarrollar el miedo al abandono.

Tu ayuda para que supere este miedo

  • Evita los abandonos, asegúrate de que su cuidador sea el mismo durante esta etapa, al menos. Cambiar de nana con frecuencia, o llevarlo unos días con los abuelos paternos y otros con los maternos, luego con la cuñada y enseguida con la hermana, no le ofrece constancia ni seguridad. Tu pequeño necesita vínculos y ahora está formando uno especial con su cuidador.

MIEDO A NO SER AMADO

Entre los tres y cinco años de edad, los niños están viviendo la plena etapa de la disciplina, aprendizaje de hábitos, el control de esfínteres… Esto los hace sentir ávidos de aprobacion, lo que les causa la angustia de no ser aceptados y el miedo a ser rechazados; que su cuidador constante lo deje de querer. “Es un momento en el que los niños se sienten muy culpables fácilmente.

Por ello, el mensaje que deben recibir de sus papás, abuelitos y cualquier otra persona cercana es que lo quieren aunque sea muy travieso, o haya roto un objeto. Necesita tener claro que eso no condiciona su amor y sentir confianza en el amor que las personas sienten por él: ‘pase lo que pase, de todas maneras eres mi hijo y yo te voy a seguir queriendo’”.

Tu ayuda para que supere este miedo

  • Hablar de los sentimientos. Muchos adultos no saben reconocer lo que sienten porque no pudieron hablar de lo que sentían de niños; saben que se sienten angustiados pero no logran entender la razón, es porque no pueden ponerlo en palabras. Procura hablar con tu pequeño de lo que siente, sobre todo cuando viva algún episodio estresante, como la entrada a la escuela.

Lo indeseable

  • Cuando una persona no confía en que la aman, desarrolla mecanismos de huida para no vivir el rechazo: tiene severos problemas para concretar las relaciones de pareja o amistades largas y duraderas; se le dificulta la cercanía emocional porque está convencida de que nadie tolerará su oscuridad ni la aceptará

 

Categorías
Padres e Hijos

Alegre, triste, enojado…¡Enséñale a reconocer sus emociones!

Si les enseñas a reconocer sus emociones, le ayudarás a entenderse a sí mismo y le darás el mejor regalo: la felicidad. Los niños no saben nombrar sus emociones ni regular sus sentimientos. Ese aprendizaje corre por cuenta de mamá y papá.

Pablo, de dos años, está en el parque recogiendo piedras cuando ve un perro negro mirándole. Su reacción no se hace esperar: corre hacia su madre y se esconde detrás de sus piernas. Vaya, ha actuado como lo haría cualquier adulto ante la percepción de un peligro.

¿Por qué explicarle que eso que sintió es miedo, si su reacción probablemente no cambiará? Por muchas razones. Porque se sentirá comprendido si mamá le explica que también tiene miedo cuando, por ejemplo, se sube a algo muy alto. Pero si además le dice que se ha dado cuenta de que ese perro le produce temor, pero no todos los perros son peligrosos, le ayudarás a no desarrollar fobias relacionadas con animales.

Lo más importante es que al hablar de sus emociones le ayudes a manejarlas, lo cual se traducirá en una larga lista de beneficios: evitar que las reprima o las niegue, prevenir que las somatice, ayudarle en el aprendizaje (pues todo lo que se interioriza con emoción perdura para siempre), enseñarle a tomar decisiones, puesto que las emociones dan información entre muchas otras cosas.

Alegría

Aparece cada vez que consigue un objetivo o se siente querido. Por eso, cuando vienen sus primos a los que sólo ve en verano, Juan canta, salta, chilla y hasta se pone nervioso. Son las formas más comunes de expresión de la alegría junto a la sonrisa, la carcajada o el abrazo. Y al ser una emoción extrovertida, es una de las que más le ayudan a relacionarse con los demás. Explicándole con ejemplos que eso que siente en situaciones determinadas es estar contento, será capaz de poner nombre a esa sensación que le produce tanto bienestar.

Enojo

Todas las emociones son necesarias porque tienen una utilidad. Por eso no hay que negarlas. Ni siquiera las que, a primera vista, tienen connotaciones negativas, como el enojo, que en realidad es una reacción a la frustración, a sentirse atacado o no respetado, pero si se aprende a manejarlo bien no tiene por qué ser algo que lleve a la violencia.

Sorpresa

Es una de las emociones que más experimentan a esta edad: cuando logran un nuevo decubrimiento. La sienten al aprender a saltar de cojito, al subirse a un árbol, montar en el triciclo… Si le explicas que eso que siente es sorpresa y que con cada cosa que descubra tendrá la misma sensación, le ayudarás en el aprendizaje, pues todo lo que aprenden con emoción queda grabado con más intensidad en su cerebro.

Miedo

Normalmente se expresa alejándonos de lo que produce temor. Pero también se puede sentir ante cualquier novedad, como cambiar de ciudad. ¿Cuál es la parte positiva de esta emoción? Que avisa de un potencial peligro. Sin embargo, si no se gestiona puede acabar perjudicando al niño. Por eso es buena idea que te diga lo que le da miedo, explicarle que también lo sientes a veces y que vas a estar ahí para que pueda tomarte de la mano y se sienta mejor.

Tristeza

Aparece como respuesta a una pérdida, ya sea de una persona (aunque sea una pérdida momentánea, como cuando mamá se va a trabajar) o de una expectativa, por ejemplo, cuando la tarde en el parque se cancela por la lluvia. Asimismo, hay niños que se niegan a sentirla, y lo que generan es tensión. Juan se ha quedado a dormir en casa de los abuelos y por la noche está triste porque extraña a su mami. A la abuela le da pena e intenta entretenerlo: le pone la tele, le cuenta un cuento…

A Juan no se le está permitiendo expresar esa tristeza, está intentando ocultarla, pero está ahí. Por esa razón es bueno que cuando sientan tristeza, la expresen e, incluso, la compartan, para que así aprendan a regularla. Una buena forma de hacerlo es preguntarles cómo se sienten para poder escucharlos, consolarlos y protegerlos.