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Hasta el año de edad, esto vivirás al dormir a tu bebé

Esto es a lo que te enfrentarás al dormir a tu bebé, los primeros meses. Aunque, conforme más lo conozcas y aprendas a identificar sus necesidades, sabrás qué hacer para dormirlo y ayudarlo a conciliar el sueño. 

Es bien cierto que a muchos padres les preocupa el sueño del bebé antes de que incluso nazca: «¡Ojalá duerma bien!» o «a ver si hay suerte y nos da mejores noches que su hermana». Los quebraderos de cabeza provocados por las profecías del entorno («aprovechen ahora, que luego no van a pegar el ojo») junto con consejos diversos (y a veces contradictorios entre sí), convierten el sueño en uno de los temas más controvertidos de la crianza en los primeros meses.

Sin embargo…

Cuando conoces a tu bebé es más fácil saber cómo solucionar este tema en cada etapa:

Los primeros tres meses 

Los bebés ya duermen en el útero materno y cuando nacen, su sueño es casi igual al que tenían dentro de la pancita de mamá. Por ese motivo, nuestros esfuerzos en esta etapa deben centrarse en conseguir recrear un entorno con condiciones parecidas a las de su vida dentro del útero materno, para que tu bebé duerma tranquilo y en la cantidad que necesite.

¿Qué puedes hacer? Al igual que en la pancita de mamá, necesita que se le ofrezca comida cuando tiene hambre (la lactancia materna a demanda es lo ideal), mucho contacto físico y balanceo (mecerlo es una excelente idea para calmarlo cuando está inquieto), una temperatura agradable y sonidos monótonos (nanas, cantos, susurros..).

De 4 A 7 meses

El bebé va creciendo y madurando, por lo que su sueño también. En esta etapa, en la que ya diferencia el día de la noche, tu bebé hará un par de siestas diurnas y por la noche dormirá un periodo de tiempo más largo. El número total de horas de sueño se reduce (entre diez y quince horas diarias), pero se van concentrando en la noche, lo que te permitirá disfrutar de sus lindezas durante el día y, por la noche, descansar un poco más. Aun así se trata de una fase bastante inestable y con frecuentes despertares.

¿El motivo? En primer lugar, se incrementan las fases del sueño (de dos a cuatro), por lo que hay una maduración neurológica que conlleva cierta adaptación. Y en segundo lugar, las experiencias diurnas van adquiriendo unos tintes mucho más movidos: tu bebé ya puede sentarse (por lo que su campo visual cambia por completo, ¡ahora puede ver algo más que el techo!) o agarrar cosas con las manos, y sus relaciones con los demás son más intensas y recíprocas (ya sonríe cuando se le saluda, hace ruiditos cuando mamá le susurra tiernas palabras, etc.).

El resultado de todo ello es que los niveles de atención y excitación alcanzados durante el día (además del tono muscular, que se incrementa por el desarrollo postural), son más complicados de regular que durante la noche.

De 8 A 12 meses

Alrededor de los ocho meses aparece en los bebés la angustia de la separación (algunos pequeños la manifestarán con más intensidad que otros), por lo que aquellos que hasta ahora habían dormido más o menos bien, puede que ahora empiecen a tener más despertares. Y es que la necesidad de comprobar que tiene cerca a mamá es suficiente para que todo su cuerpo se ponga en alerta solo con dejar de «olerla» en la misma habitación pueden inquietarse.

Si a esto le sumamos que comienzan a asomar los primeros dientecitos y que el gateo (o el comienzo de la locomoción) le da acceso a todos los rincones del mundo (y no quiere dejar de explorar ni de día ni de noche), tienes como resultado un sueño que no termina de ser tranquilo ni estable, aunque hay bebés que precisamente por el desgaste diario, comienzan a dormir ahora mejor –y, a veces, por un mayor periodo de tiempo–.

Uno de los cambios más significativos asociados a sus nuevas habilidades motoras es precisamente que se mueven mucho más por la noche: dan patadas, reptan por la cama (amaneciendo, casi siempre, justo al revés de como se acostaron), se giran sobre sí mismos e incluso se ponen de pie, cosa que altera el sueño… ¡pero de los padres! Por eso en esa etapa la opción de cuna pegada a la cama de los mayores suele ser la preferida.

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Conocer los estados del sueño de tu bebé también te permitirá ayudarlo a dormir mejor. 

Conoce las estados del sueño de tu bebé para ayudarlo a dormir mejor

Crear un ambiente y hábitos adecuados le permitirán conciliar el sueño profundo, ¡más pronto! Te invitamos a ver este video con tips para lograrlo. 

 

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Mi bebé está estreñido, ¿qué hago?

Lo primero es identificar si tiene un verdadero caso de estreñimiento o un pseudoestreñimiento (disquecia infantil). Te cuento lo que necesitas hacer para averiguar si tu bebé está estreñido y cómo ayudarlo.  

¿Qué hacer si tu bebé está estreñido?

La disquecia infantil es una dificultad del bebé para relajar el esfínter anal al mismo tiempo que puja, por lo que tiene 10 minutos o más de pujo con esfuerzo, llanto intenso, se pone rojo e irritable y cuando evacúa, las heces son blandas o incluso líquidas.

En el estreñimiento las heces son de consistencia sólida y seca, además la frecuencia de las evacuaciones va disminuyendo al pasar de los días y puede o no estar acompañada de rastros de sangre.

Las causas más comunes varían con la edad y son entre otras: alimentación con fórmula, deshidratación, inicio de la alimentación complementaria, exceso de productos lácteos y astringentes o bajo consumo de fibra. En todo caso, un cambio de la dieta puede ser más que suficiente para aliviar el problema de base.

Aunque, mucho ojo, no olvides que hasta los seis meses, tu bebé solo debe ser alimentado con leche materna o en su defecto fórmula infantil. No es recomendable el uso de jugos, infusiones o agua en ellos. Un bebé de lactancia materna difícilmente estará estreñido por la fácil digestión de la misma. Si usas fórmula es posible que sea necesario cambiar de línea, pide a tu pediatra te ayude a encontrar la más adecuada para tu bebé.

Si tu bebé ya inicio alimentación complementaria, disminuye los alimentos como plátano, manzana, arroz y ofrece más durazno, ciruela, verduras o avena. Y no olvides que tu bebé también necesita agua, ten un vaso a la mano para que pueda tomarlo de manera frecuente.

Pero mientras el cambio de alimentación comienza a surtir efecto o si tu bebé aún se encuentra con lactancia exclusiva, puedes realizar algunas estrategias que ayuden a tu  bebé a mejorar la función intestinal, entre ellas:

  1. Masajes: hazle masajes en el abdomen iniciando del ombligo, yendo hacia afuera y haciendo una espiral con movimientos circulares hacia la derecha.
  2. Ejercicios: con tu bebé acostado boca arriba, lleva las piernas hacia el cuerpo , de modo que las rodillas queden flexionadas en contacto con el abdomen (como si hiciera cuclillas) y posteriormente, realiza movimientos alternados de las piernas en un movimiento de pedaleo de bicicleta.
  3. Ayúdalo a relajar el esfínter: el uso de supositorios de glicerina es común, pero, es más recomendable hacer un estímulo externo; este consiste en colocar al bebé boca arriba con las piernas hacia la cabeza (como cuando cambiamos el pañal) y frotar muy suavemente la circunferencia del esfínter anal, para que este se relaje y facilite la evacuación. Puedes realizarlo con aceite vegetal para que no haya fricción. Esta medida también es útil en el caso de disquecia.

Por Geraldine Loredo Fuentes, médico General, doula, educadora perinatal y de lactancia maternal.

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