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Soluciones para la mamitis aguda

Soluciones para la mamitis aguda

A partir de los dos años, los niños sufren por una fase de fuerte apego a su mamá llamada comúnmente como: «mamitis aguda». ¿De qué se trata? ¡Descúbrelo!

¿Qué es la mamitis aguda?

De pronto el bebé cumple dos años y quiere estar todo el tiempo con mamá, incluso rechaza al papá. El niño no es consciente de que esta actitud puede estar lastimando a su papá o a otras personas. Los niños esta edad aún no son capaces de generar empatía.

Simplemente, estar al lado de mamá les da seguridad y les permite atreverse a experimentar cosas nuevas.

Es una fase normal del desarrollo del niño, sin embargo, es una etapa que se puede aprovechar para potenciar la confianza y la independencia.

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Soluciones para la mamitis aguda

¿En casa, con tu pareja se reparten las tareas por igual? Los niños necesitan rutinas y necesitan hacer las cosas todos los días de la misma forma para que estas se conviertan en un hábito. Si mamá, es quien siempre se encarga de cuidar al pequeño, es normal que rechace al papá si de repente, sin previo aviso, pretende ‘usurpar’ el puesto de mamá.

Los niños que desde pequeños están acostumbrados a quedarse a cargo de los abuelos, los tíos… suelen ser más independientes. También pasan por fases de mamitis aguda, pero tienen más recursos para superarlas.

Aunque todavía son pequeños para hacer ciertas cosas, si muestran interés por hacer actividades por sí solos como comer con cuchara o vestirse solos, hay que dejar que lo intenten. De esta forma, irán desarrollando la autonomía que necesitan para ser independientes.

Los niños van aprendiendo poco a poco a separarse de sus padres. Pero también los padres tienen que aprender a separarse de sus hijos. Si los adultos toman esa etapa de separación con calma, transmitirán tranquilidad y seguridad a sus hijos y todo resultará más sencillo.

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Si tu hijo ya va en la guardería y sufre una crisis aguda de mamitis, lo mejor es que la separación sea gradual y poco a poco. 

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Cuando tu pareja (o tú) tienen «mamitis», ¿qué hacer?

Es cierto que tanto mujeres como hombres buscan mucho la compañía de mamá o le piden con recurrencia su opinión, pero muchas veces ello no significa que no puedan marcar su territorio familiar. ¿Qué hacer cuando tu pareja o tú misma tienen mamitis?

La llamada «mamitis» se caracteriza por la marcada dependencia del adulto hacia la figura maternal. Los expertos en psicología la delimitan como una codependencia emocional en la que ni el hijo o hija, ni la madre, son conscientes de la relación insana que están formando, pues están viviendo en la inseguridad de perder el afecto del otro.

Justo por lo cual, les cuesta trabajo tomar sus decisiones in consultar a su mamá, no hacer caso de lo que ella les indica, desear estar en el nicho materno la mayor parte del tiempo y, por consecuencia, no responsabilizarse de su propia vida ni familia.

De hecho, las mujeres son más celosas de su hogar y por ello se les facilita marcar más límites a las intromisiones. Claro que también puede haber mujeres y hombres que creen que lo que dice su mamá es la ley.

TU TAREA: evitar reclamar, sobre todo, frente a los niños. Ellos pueden sufrir ansiedad cuando ven que su mamá y papá tienen problemas a causa de la abuelita, a quien también quieren mucho, pero al mismo tiempo, que está “dañando” a su familia;
no logran entender el conflicto y comienzan a crear “malas alianzas familiares”, las cuales no deben existir porque les niega la oportunidad de una red familiar amplia y sana.

Cualquiera que sea la situación, lo importante es sentarse como pareja a aclarar los dilemas, decir lo que les molesta y cómo los hace sentir. Quizás a tu pareja le hace falta ayuda, con quién hablar o hay algo que no puede compartir contigo; es una buena oportunidad para preguntarle si necesita que tú hagas más por ella.

Asesoría: Mtra. Lorena Mendoza Sosa, Terapeuta infantil y juvenil en NeuroIngenia.

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Ser Familia

¿La mamá de tu pareja te dice cómo hacer las cosas, ¡en tu casa!?

Lidiar con tu suegra puede ser complejo sobre todo cuando a ella le cuesta trabajo entender que su hijo y tú ya conforman una familia aparte, con su propia forma de vida. No desesperes, te compartimos esta posible solución para que la mamá de tu pareja comprenda esta realidad. Inténtala y cuéntanos si te ayudó. 

La mamá de tu pareja…

Siempre te dice qué hacer: qué cocinarle a su hijo, cómo cuidar a tu bebé, hasta cómo deberías vestirte… Respira. A las mamás les cuesta mucho dejar el control sobre sus hijos, siempre querrán asegurarse de que están bien… Piénsalo, han sido su mamá por
varios años.

Aunque para algunas es más fácil “soltarlos” porque tienen su mente ocupada en sus propias actividades, a otras les cuesta quizá por su personalidad estricta o porque es su manera de hacerse presentes y sentirse útiles.

Intenta ponerte en sus zapatos e imaginar cuando tú seas la suegra. Verás que esto te ayuda a mirarla desde otra perspectiva y entenderla, también a encontrar algunos recursos para sobrellevarla.

TU TAREA: exprésale a tu pareja cómo te hace sentir esta situación y pídele que hable con su mamá. Hazlo sin juzgar ni desaprobarla; sin enojos ni gritos. Ayúdalo a empatizar contigo explicándole con ejemplos muy concretos.

La intención es que él pueda transmitírselo a su mamá porque él es el adecuado para poner límites; finalmente él la conoce mejor, sabe cómo reacciona y cuáles son sus puntos vulnerables; tu pareja sabrá cómo hablarle para no agrandar los problemas.

Asesoría: Mtra. Lorena Mendoza Sosa, Terapeuta infantil y juvenil en NeuroIngenia.

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Soluciones para casos problemáticos de disciplina

Disciplina es la cualidad que nos ayuda a conseguir lo que queremos en la vida, a llegar sin perdernos por el camino. Así que en cuestiones de «disciplina» no estarías frente a tu hijo luchando por el poder, sino a su lado enseñándole a no sucumbir ante la frustración.

Justamente por esto es que a muchos niños les cuesta trabajo aceptar la disciplina: aún no saben cómo lidiar con el «no poder hacer lo que sus instintos desean». Es una lección que mamá y papá les dan, pero siempre transmitiéndoles con amor y seguridad las normas que rigen la vida personal y social, las que le ayudarán a manejarse en la vida.

Soluciones con amor

Cuando no hace caso…

Pocas cosas molestan tanto como ser ignorados. Los niños no suelen ignorarnos. Son muy disciplinados y su naturaleza es colaboradora. Pero según la edad que tengan no siempre están en condiciones de seguir una consigna por sí solos, aunque nos los hayan prometido. Si no pueden realizarla la ignoran y siguen con lo suyo. A esta edad todavía hay que guiarlos y acompañarlos en todo lo que no sea un hábito ya adquirido.

¿QUÉ HACER?

Haz que tu niño participe siempre en las tareas. Dile: «Vamos a guardar tus juguetes». Recójanlos tranquilamente e indícale dónde poner cada cosa. Más adelante, deja que lo haga solo: «Recoge tus juguetes mientras yo doblo tu ropa». Después de un tiempo se convertirá en un buen hábito.

Es algo terco y necio

Es un proceso normal en su maduración, pero puede hacerlo de muchas formas y elegirá esta precisamente cuando se encuentre frente a unos límites «blandos» o unos padres inseguros ante determinadas situaciones. ¿Es muy listo? No, necesita seguridad, comprobar que lo tienes claro y que los límites son inamovibles. Para guiar a tu pequeño, necesitas estar segura del camino a seguir, porque si no lo tienes claro, tu pequeñín encontrará y, sobre todo, aplicará sus propias fórmulas.

¿QUÉ HACER?

Mantenerte (serenamente) firme, pero no plantarte frente al niño esperando a que se derrumbe su voluntad (para terco, terco y medio). Hay técnicas que le ayudarán a salir de su negatividad, por ejemplo, cambiar el foco de atención. Plantear la cuestión no como algo que «debe» hacer sino como un juego o un reto.

Por favor, mamiiiiiii…

Y resulta que cuando piensas que manejas las cuestiones de disciplina con los ojos vendados, se acerca tu hijo, de cuatro años, te mira con una sonrisa triste, señala a un niño que tiene una dona de chocolate y te dice: «Por favor, mami, yo quiero», aunque sabe perfectamente que no es la hora de la comida. Todo sucede sin rabieta, y con esa mirada que te parte el alma. Es una cuestión compleja.

Tu pequeño siente frustración, quiere algo que no tiene. Pero su vocabulario es más amplio, su comprensión más fina y no suele entregarse a la rabieta que lo sacudía a los dos años de edad, fruto de la misma privación. Utiliza más palabras y, además, busca tu empatía. Debes tener cuidado en estas situaciones, pues tu respuesta puede ser un arma de dos filos que establezca precedentes.

¿QUÉ HACER?

La respuesta, por regla general, es la misma que a la hora de abordar los berrinches: mantenerte firme en las normas que has acordado con él. Si estableces que sólo habrá flan los domingos si se acaba la comida, pero resulta que no ha tomado nada, debemos tener cuidado y no ceder a lo que puede convertirse en un chantaje emocional. Tu labor es clara: contenerlo en su frustración y ayudarle a crecer favoreciendo el respeto de las normas importantes.