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Sin golpes ni gritos, elimina la violencia intrafamiliar

Sin golpes, ni gritos, elimina la violencia intrafamiliar, es posible, porque cuando un niño recibe nalgadas como método “correctivo” es más agresivo.

¿Escuchaste el caso de Aideé, de 18 años, estudiante de la CDMX quien murió por un recibir un disparo dentro de su plantel estudiantil? Ante situaciones tan alarmantes y graves como ésta, la misión como papás es eliminar la violencia de raíz desde casa.

¿Qué es la violencia?

Es golpear, gritar, burlarse, hacer menos, agredir sexualmente, obligar a alguien a hacer algo que no desea.

La violencia intrafamiliar es cuando se sufre algún tipo de maltrato en casa a mano de los mismos familiares. Un niño que crece en medio de una familia violenta, desarrolla poca capacidad para vivir en armonía porque no es consciente del daño que causa a otros.

90% de los casos de maltrato infantil se producen a manos de mamá o papá.

¿Qué propicia la violencia en casa?

No ser empáticos ante la infancia, la adolescencia y la vejez.

Actuar mal ante dificultades económicas, enfermedades, ser papás primerizos, un divorcio, infidelidades, perder un trabajo…

Estar siempre bajo los efectos de drogas o alcohol.

No tener tiempo y espacio para que la familia conviva bien.

No disfrutar la relación de  pareja.

Casi siempre cuando un papá o mamá golpea a su hijo es porque también sufrieron maltrato durante la infancia.

Ten en cuenta que los golpes…

  • No ayudan a disciplinar 
  • No le enseñan a tu hijo sobre responsabilidad ni autocontrol 
  • Incrementan la agresividad de tu hijo 
  • Elevan el estrés y ansiedad 
  • Generan sentimientos de soledad, depresión e impotencia 
  • Retrasan el crecimiento 
  • Dejan lesiones
  • Podrían provocarle alguna discapacidad 
  • Generan tristeza, agresividad y rebeldía 
  • Provocan bajo rendimiento en actividades escolares 
  • Generan pérdida de confianza en las demás personas
  • Propician una baja autoestima, aislamiento, ansiedad y angustia 
  • Causan una incapacidad para resolver problemas de otra forma 
  • Orillan a que tu hijo se junte con malas compañías 
  • Provocan que tu hijo caiga en las drogas y alcohol 
  • Llevan a que tu hijo pueda cometer un delito

EL MALTRATO FÍSICO O EMOCIONAL JAMÁS SERÁ BUENO PARA EDUCAR A UN NIÑO.

Sin golpes ni gritos, elimina la violencia intrafamiliar

Escucha más a tu pareja e hijos
Tene una equidad en las responsabilidades del hogar
Convivan en familia por lo menos una hora al día
Tengan más paciencia con su hijo
Lleven al niño a un lugar seguro para que pueda correr, jugar y liberar energía
Asistan en familia a actividades culturales y deportivas
Busquen orientación profesional cuando sientan que algún problema se les sale de las manos
Eviten a toda costa los golpes y gritos para «solucionar» problemas
Eviten el uso de lenguaje ofensivo con su hijo y pareja

La violencia intrafamiliar es la causa de familias desintegradas, mayor incidencia de enfermedades mentales como depresión, que llevan a suicidios, homicidios o a cometer delitos.

¿Le has dado una nalgada a tu hijo?

Mira estas 5 razones por las que nunca debes pegarle a tu hijo

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4 técnicas para serenarte y poder ayudar a tu hijo en berrinche

La clave es cambiar tu percepción. Es decir, cuando tu hijo está en berrinche probablemente lo que más se te viene a la mente es la pena de que la gente mira a tu hijo “maleducado” y a ti, su mamá que «no lo puede calmar». Algo que por supuesto te causa ansiedad: “no quiero que me mal-miren”.

Te decimos cómo  hacer para serenarte y desde este punto, poder ayudar a tu hijo a calmarse.

Calmada tú, puedes tranquilizar el berrinche de  tu hijo

  1. Concéntrate en los árboles, en tus compras, en un producto de la tienda, en el color de un carro… cambia tu foco de atención. Quítala del temor, la culpa y de lo mal que se puede llegar a poner tu hijoen berrinche frente a la gente. Piensa de inmediato en algo que te haga sentir bien. Necesitarás tener agilidad mental. Cuando tu ansiedad disminuya (tus reacciones físicas aminoren), estarás lista para decidir cómo actuar.
  2. Convéncete. Háblate con el mismo tono con el que tú misma le hablas a tu hijo para reconfortalo; en verdad hazlo, en voz alta: “todo saldrá bien, ahorita se le va a pasar, tengo paciencia, la gente está en lo suyo”. Mantente así hasta que sientas cómo te relajas y tu energía cambia.
  3. Sé firme contigo. Evita criticarte, regañarte o hablarte mal. Sé compasiva y generosa con tu emoción del momento: “ok, te da pena su berrinche, quieres desaparecer, pero… todas las madres pasan por lo mismo, yo no soy la peor por no controlarlo y ahorita primero me calmo para poder contenerlo a él”.
  4. Verbaliza lo que quieres que suceda. En cuanto tu emoción de enojo, frustración, vergüenza haya disminuido en tu cuerpo y hayas controlado tu mente, piensa en lo que quieres que ocurra, visualízalo y dilo: «mi amor, en este momento no puedo comprarte un helado porque no traigo dinero. Así que necesito que dejes de gritar y patalear para que nos vayamos. Estoy enojada por tu berrinche, porque no es lo correcto”.

Estas técnicas no es para calmar el berrinche de tu hijo, seguramente él continuará llorando, gritando y pataleando, pero si tú consigues serenarte, podrás confrontar
la situación del mejor modo posible para él y para ti.

FOTO GETTY IMAGES

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3 formas de controlar el enojo

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Cómo evitar los castigos físicos

El castigo físico no educa, con una nalgada, por “muy suave” que sea, tu hijo aprende que puede usar la violencia para resolver conflictos.

¿Te ha pasado que sientes que tu hijo adora rebasar o poner a prueba los límites que le marcas? ¿Cuando estás más cansado, nervioso o enojado, pierdes los nervios y recurres a golpes y a gritos? ¿Después de pegarle o gritarle a tu hijo te sientes mal?

¿Has dicho alguna de estas frases «comunes» al pegarle a tu hijo?

  • “Es por tu bien”

  • “A mí también me pegaron”

  • “Te voy a dar”

  • “Una nalgada a tiempo te ayudará”

  • «Te lo mereces por hacerme enojar»

  • «Si no te callas, te doy otro»

  • «Te voy a pegar para que sepas lo que es bueno»

  • «Cállate o te pego»

  • «Te doy una razón para que llores con ganas»

Cómo evitar los castigos físicos

Un castigo físico es usar la fuerza para corregir una conducta (nalgadas, zarandeo, chanclazos, cachetadas, jalones de oreja, pellizcos…).

Debes dejar de pensar que los castigos físicos son educativos.

Piensa que le enseñas a tu hijo a obedecer por miedo.

Porque le haces pensar a tu hijo que las personas que lo quieren están autorizadas a pegarle (y cualquiera que lo quiera).

Justificar tu violencia diciendo “te pegué por tu culpa”, tu hijo entiende que la violencia es una solución dependiendo de la situación.

Cuando golpeas a tu hijo, él registra que en casa «no lo quieren».

Casi siempre un golpe va acompañado de frases negativas, maltrato verbal y eso baja la autoestima de tu hijo.

Si ves la violencia como forma para descargar tu frustración, ira y otros sentimientos, tu hijo hará lo mismo.

¿Quieres que tu hijo resuelva sus problemas de una forma responsable y civilizada? Trata a tu hijo con respeto. Tu misión como papá: que nadie ejerza ningún tipo de violencia sobre tu hijo. Tu deber como papá es protegerlo, eres el último que debería pegarle o gritarle.

¿Cómo «castigas» a tu hijo?

Mira cómo evitar la violencia intrafamiliar

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Castigos, para cuando todo lo demás ha fallado

Es necesario empezar a corregirlo, pero la guía y regaños no siempre dan resultado y, aunque la idea del castigo te molesta e inquieta, te preguntas si no será algo necesario.

HE AQUÍ LA RESPUESTA

Con los niños, las reglas del juego tienen que ser muy claras y la autoridad que ejercen los papás no debe dejar lugar a dudas. Si los pequeños ignoran cualquiera de las dos, es momento de pensar en un método más efectivo.

Primero… necesitas cerciorarte de que fuiste clara y congruente en las indicaciones. Por ejemplo, decirle:

“Esto no se toca porque mamá lo necesita para hacer su trabajo; si lo tomas, ella no podrá realizar sus tareas y puede tener problemas . Si lo vuelves a hacer tenemos que castigarte hasta que entiendas. ¿Me puedes repetir lo que te dije?”.

Segundo… debes conservar la calma para castigarlo desde un buen lugar, si es el caso. Es decir, si te dejas llevar por el enojo, la desesperación o frustración, lo más probable es que la intención didáctica que debe tener un castigo positivo se pierda.

Además, desde una emoción descontrolada podrías poner correctivos exagerados y que también te serán casi imposibles de cumplir: “Nunca más visitarás a tu prima”, “Voy a castigar absolutamente todos tus juguetes”, “Se acabó el helado para ti”.  Recuerda que los castigos deben ser consecuencias, por tanto sí necesitas cumplirlos.

Tercero… mientras tomas aire, pregúntate:

  1. ¿Por qué está mal esto que hace mi hijo?
  2. ¿Cuáles son las consecuencias reales de su conducta?
  3. En una escala de 1 a 5, ¿qué tan grave es lo sucedido?
  4. ¿Le he advertido con anterioridad que si hace esto sería castigado?
  5. ¿Qué tipo de castigo le permitiría darse cuenta de que esto es incorrecto?

Lo anterior te dará tiempo de poner las cosas en perspectiva y tomar mejores decisiones.

ESTE ARTÍCULO SALIÓ PUBLICADO EN LA EDICIÓN IMPRESA DE PADRES E HIJOS EN ABRIL DE 2019, FUE REDACTADO POR JESSICA LÓPEZ CERVANTES.