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¿Cómo saber si mi hijo está sufriendo abuso sexual?

De acuerdo con un estudio, aproximadamente 1.8 millones de niños en el mundo han sido víctima de abuso sexual. Aquí te decimos cómo saber si tu hijo es víctima.

La especialista en abuso sexual infantil Laura Landgraf explica en el el portal SerPadres.com cuáles son las señales que indican que tu hijo podría estar sufriendo abuso sexual; también explica que estas señales suelen ser distintas en niños menores de 10 años que en los ya más grandes, que están entrando a la pubertad o son adolescentes.

Aunque no hay un comportamiento definido ante el abuso sexual, ya que cada niño y contexto es diferente; existen ciertas conductas que son señales de alarma de que algo ocurre. A continuación te decimos cuáles son.

¿Cómo saber si mi hijo está sufriendo abuso sexual?

Niños pequeños

  • Tiene pesadillas
  • Pinta dibujos siniestros
  • Representa o imita actos sexuales al jugar con sus juguetes
  • Desarrolla un miedo inexplicable a ciertas personas y lugares
  • Se niega a hablar acerca de un secreto que comparte con un adulto u otro niño
  • Nombra o apoda sus partes privadas
  • Muestra una regresión a comportamientos infantiles, como hacerse pipí en la cama
  • Muestra una alta dependencia y ansiedad
  • Cambia sus hábitos a la hora de comer o pierde el apetito.
  • Aunque no son frecuentes, también puede haber señales físicas como dolor, decoloración, sangrado o descargas/ secreciones no comunes de genitales, ano o boca, y sentir dolor al orinar.

Adolescentes

  • Cortarse o hacerse daño a si mismo
  • Hablar del suicidio
  • Depresión o ansiedad
  • Escaparse de casa
  • Promiscuidad.
  • Abuso de drogas y/o alcohol
  • Falta de higiene personal

Es importante enseñar a los niños a entender qué es el abuso sexual para que sepan protegerse ellos mismos. 

Si crees que tu hijo/a está siendo víctima de abuso sexual, acude inmediatamente a denunciarlo a las autoridades. Se trata de una situación extremadamente seria y necesitarás ayuda experta para afrontarla.

Por Berrenice Villatoro

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¿Cómo criar, cuidar y proteger a tu hijo entre tanta violencia?

Estamos viviendo tiempos marcados por la violencia, tanto a nivel mundial como local. Violencia que no respeta nada y cuya sombra se extiende sobre todos por igual, por lo que es imposible no pensar en nuestros niños y en cómo protegerlos. Y justamente es lo que te invitamos a descubrir. 

Una de las acepciones de infundir es “causar en el ánimo un impulso moral o afectivo”; justamente, al no poder protegerlos desde lo externo con un escudo, la idea es fortalecerlos internamente.

Quizá nuestra percepción sea que la violencia se ha incrementado en años recientes; pero si nos detenemos a pensarlo, hemos escuchado de muerte y destrucción a través de crímenes, guerras, masacres, hambrunas, etc. desde siempre, pues el ser humano es así.

En nuestra naturaleza está la creación y la destrucción. No obstante, es nuestro deber proteger a los más vulnerables; o en todo caso, ayudarlos a procesar la exposición a la violencia cuando no podemos evitarla.

Una de las primeras áreas que se ve afectada ante sucesos violentos es el sentido de seguridad interno. Tanto adultos como niños pueden sentirse desolados, con una aflicción que se traduce en angustia. ¿Qué podemos hacer cuando no es posible evitar que nuestros niños se enteren o hasta padezcan las consecuencias de actos violentos que afecten nuestra ciudad, colonia, familia o comunidad? Infundirles seguridad.

¿Cómo?

  1. Recordemos que lo más importante siempre será reconocer y poner en palabras aquello que nos causa malestar; pues hablar de las cosas que nos hacen sufrir nos ayuda a “digerirlas” y que nos hagan menos daño. Además, esto requiere tiempo y a veces lo que necesitamos es detenernos para asimilar la experiencia.
  2. También es importante llevar a nuestros hijos a reflexionar sobre los actos violentos, sobre su posible origen y propósito. Claro que habrá que usar un lenguaje y tal vez metáforas adecuadas para su edad, que permitan expresar que no está bien eso que ha sucedido, pues callar lleva a conceder y eso legitima la violencia.
  3. Para algunas personas, es preferible negar lo que ha pasado o restarle importancia, pero no es recomendable. Los niños son perspicaces e intuitivos y casi siempre se dan cuenta de que algo grave ha ocurrido. Si no lo hablamos con ellos, les negamos la oportunidad de confirmar que su percepción era correcta y de tratar de entender, lo cual puede ser fuente de afectaciones psicológicas posteriormente.
  4. Si en definitiva sentimos que no podemos hablar del tema con los niños, podemos pedir ayuda a algún familiar cercano y suficientemente sensible o bien, acudir con un psicoterapeuta calificado. No tenemos que ser superhéroes.
  5. Tener presente que aún cuando los eventos nos sobrepasen, siempre habrá algo que podamos hacer para compensar, reparar, subsanar o mejorar la situación.
  6. Eso nos conduce a tomar una actitud resiliente. Desde la perspectiva psicoanalítica, la resiliencia se puede entender como la capacidad de superar la adversidad y salir fortalecido/a de ella. En el caso de sucesos violentos, puede ayudar a recuperar la sensación de bienestar el hacer un repaso de aquello que sí tenemos, de lo que no hemos perdido, lo que puede continuar.
  7. El apapacho siempre brinda consuelo. Si nuestro hijo nos pide abrazo, cercanía física, “piojito”, etc., es porque los necesita y darlos también puede resultarnos reconfortante.

Si después de un evento violento observas conductas raras en tu hijo,
necesitarás buscar ayuda profesional.

Patricia Osuna @PatriciaOsunaPsicoanalista

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