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¿Cómo inmunizar a tu hijo contra las malas influencias?

Quisiéramos aplicarles una vacuna y despreocuparnos sabiendo que nuestros hijos siempre harán buenas elecciones. Pero… eso se queda en el mundo de los sueños y la realidad es que constantemente los niños enfrentan situaciones que, en proporción a su edad, les presentan dilemas éticos. Por eso, es necesario enseñarle a reconocer y confrontar las malas influencias. 

Desde muy pequeños, los niños comienzan a aprender que pueden o no dar satisfacción a sus deseos y que hacerlo, en algunas ocasiones, puede acarrear consecuencias negativas, como el regaño de mamá y/o papá, mismo que incluso puede llegar a ser sentido como la posible pérdida de su amor.

Esto significa que el buen comportamiento se construye sobre la base del temor a perder el cariño de los padres y se extiende al cariño de las personas que cuidan del niño. Cabe aclarar que estamos hablando de la experiencia del niño pequeño cuando se le aplica algún correctivo para disciplinarlo. Quedan descartadas las agresiones físicas y verbales; no se insulta ni se golpea a un niño.

Pero no puedes esperar que el temor sea por siempre la base del sentido ético de tu hijo, pues llegará un día en que se sienta (y lo sea realmente) más fuerte que tú. Además, piensa en un adulto que tome sus decisiones principalmente a partir de la necesidad de sentirse amado y aceptado.

¡Le haría terriblemente manipulable! Aunque todos conocemos personas que se mueven así por la vida, seguro que preferirías que tu hijo fuese capaz de decir NO cuando la situación lo amerita. ¿Qué hacer entonces?

Fomenta los elementos que van construyendo el sentido ético

La empatía, que suele ser descrita como la capacidad de ponerse en los zapatos del otro. Si un niño es capaz de comprender intuitivamente cómo se puede sentir un compañerito de la escuela cuando es acosado, sea su amigo o no, entonces habrá mayores probabilidades de que se niegue a ser “cómplice” del acoso. Para ello, cuéntale a tu hijo cómo te sientes cuando ves sufrir o padecer a otra persona; pregúntale como se siente cuando ve a un animal lastimado, por ejemplo.

La capacidad de análisis de una situación. ¿Qué tal si en palabras sencillas explicas a tu hijo por qué no tomas artículos del supermercado y te los llevas sin pagar? No solo porque robar es malo. Cuando robamos algo, aunque sea jugando, causamos daño a otra persona, a una institución, al país, etc.

El juicio de realidad, que se entiende como la capacidad de anticiparse a las consecuencias de los propios actos y se deriva de la capacidad de análisis. Esto significa enseñar a los niños a evaluar sus actos en función del objetivo que pretenden alcanzar y de las consecuencias naturales que generan. Parece complicado, pero puedes enseñarlo con peras y manzanas.

Por ejemplo, a muchos se nos antojaría comer un litro de helado de chocolate, pero además de sentirnos muy contentos después de hacerlo, también nos sentiremos con dolor de estómago, quizá de garganta, pasaremos largo rato en el baño y hasta se nos olvidará lo contentos dando paso a un malestar generalizado.

En ocasiones, es necesario platicar con tu hijo acerca del “gustito” que puede sentir al desafiar las reglas, que en pequeña medida es normal, pero si se intensifica puede ser indicador de algún problema que es mejor atender de manera profesional con el apoyo de un psicólogo.

Ninguna norma o ley vale arbitrariamente. Es importante explicar su sentido,
por qué sí o por qué no; lo que ayudará a nuestros hijos a irse formando un criterio ético y con ello, tal vez no alcancen la inmunidad, pero sí les ayudará a mantener
cierta capacidad reflexiva e independencia en su toma de decisiones.
Aún si esas decisiones consisten en devolver la goma que pidieron prestada o negarse
a hacer burla al compañerito nuevo del grupo.

Por Patricia Angélica Osuna Navarro, psicoanalista miembro de la Asociación Mexicana para la Práctica, Investigación y Enseñanza del Psicoanálisis, A.C. (AMPIEP): www.ampiep.org Tel. (55) 5157-0409 Facebook: PatriciaOsunaPsicoanalista

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Enseña a tu hijo a ser solidario con estas 7 lecciones

Ayudar a los demás es una actitud importante para sentirse bien con uno mismo y construir un mundo de bienestar para todos. Por eso es importante que enseñes a tu hijo a ser solidario.

La solidaridad nace del sentimiento de estar unido a los demás, es decir, ayudar a aquellos que lo necesitan; como a los animalitos callejeros, los niños huérfanos, los animales del mundo, un enfermo o accidentado… Es una acción que nace de la capacidad de ponerse en su lugar. Y la infancia es un buen momento para aprender a pensar sobre lo que sienten los otros, tanto personas como animales y plantas.

Te invitamos a considerar que un día tu hijo se convertirá en adulto y si deseas que sea una persona capaz de aportar bienestar al  mundo, necesita que le enseñes valores humanos, como el respeto, la generosidad, tolerancia o la solidaridad. Y como todo aprendizaje, también este debe comenzar en casa.

La solidaridad desde casa

Sé amorosa

Entre más cariño le des, más afecto será capaz de dar. Concede. Salte de tu perspectiva, pon tu energía en otros y haz testigo de ello a tu pequeño. Comenta con él la experiencia y escucha sus puntos de vista. Dale amor puro. Evita compensarlo con juguetes o regalos, pues lo que tu chiquillo necesita es de tu tiempo y atención por sobre todas las cosas. Deja los presentes para fechas preestablecidas y evita regalarle objetos costosos, máxime si él ni siquiera te los ha pedido.

Enséñale a reconocer su entorno

Las otras personas, el medio ambiente, la vegetación, las estrellas… Es necesario que se dé cuenta de que no sólo existe él, sino que coexiste con estos elementos, a los cuales, por tanto, debe reconocimiento y respeto, a fin de mantener la armonía del todo.

Entrénalo en el arte de escuchar

El objetivo no es que sea un experto recabando información acerca de quienes le rodean, sino que sea capaz de percibir el grado de bienestar y las necesidades de los otros.

Háblale del respeto

Hazle saber que la naturaleza ha proyectado a las personas de manera diferente en cuanto al físico, talentos, preferencias, etcétera, pero, al ser esencialmente seres humanos, no hay mejores ni peores, de modo que todos merecemos respeto y vivir en armonía.

Revisa tus valores y actitudes

¿Tratas a otros con respeto? ¿Qué tanta importancia das a la empatía, la compasión y la justicia? ¿Pierdes el control con facilidad y gritas o usas la violencia física? Si hay deficiencias en cuanto al manejo de estos conceptos básicos, la enseñanza nunca podrá ser efectiva, pues no se puede enseñar lo que no se sabe.

Sé compasiva con sus sentimientos

Cuando tu pequeño se sienta triste o enojado, refleja sus sentimientos y enfatiza los ángulos importantes del asunto: Sé que estás enojado porque no conseguiste ese juguete, pero es peligroso y recuerda que lo más importante es tu seguridad.

Neutraliza influencias nocivas

La exposición excesiva de tu hijo a los medios audiovisuales, en forma directa o a través de otros niños que la viven, entraña el riesgo de sabotaje, pues mensajes equivocados que aparecen en ellos pueden afectar de forma negativa su comportamiento. Reduce el tiempo que tu chiquito ve la televisión, a 30 minutos diarios, como máximo.

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