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Ser Familia

Reconozcamos a las nuevas familias mexicanas

No son el género ni la nacionalidad lo que establece los vínculos entre padres-hijos; así lo demuestran las nuevas familias mexicanas: monoparentales, reestructuradas y homoparentales. Te invitamos a reconocerlas.

Son muchos los factores que han influido en esta transformación que se ha producido en el concepto de familia: leyes como la del divorcio exprés y la del matrimonio entre personas del mismo sexo; la sociedad de convivencia; la mayor incorporación de la mujer al mundo laboral (con el consiguiente retraso de la edad de la primera maternidad); las facilidades en el ámbito de la custodia compartida; los avances médicos (que abren nuevas posibilidades a la maternidad) y, sobre todo, una sociedad cada vez más flexible y tolerante. Todo ello ha contribuido a que estos nuevos modelos familiares hayan dejado de ser «rarezas».

Monoparentales, un modelo al alza

La psicóloga Cayetana García las define como “familias compuestas por un solo miembro y sus hijos. Puede derivarse de varias situaciones: viudez, padre/madre soltero, abandon de uno de los progenitores…”. Para García, la seña principal de identidad es el estrecho vínculo que se establece entre el padre/madre y el hijo/a. “A veces puede ocurrir que los padres se infantilicen y acaben dejando de lado un poco su vida de adulto, adecuándose a la vida infantil; o que el pequeño tienda a adoptar los roles del padre/madre ausente o se convierta en el confidente-amigo de su progenitor, asumiendo el rol de cuidador”, explica.

También es común, según la especialista, que el progenitor manifieste cierta culpabilidad por la situación y tienda a compensar a su hijo con más permisividad. “El niño se puede aprovechar de la situación, pidiendo más y dando lugar a problemas con los límites. Asimismo, cuando el sexo del progenitor es diferente al del niño, puede que éste extrañe el referente del mismo sexo y sienta esa necesidad no cubierta, que suele buscar en algún familiar o amigo de su contexto cercano”, asevera.

Por otro lado, está demostrado que la estructura monoparental tiene efectos positivos sobre los niños: «Por lo general, estos niños asumen más tareas y se vuelven más autónomos, responsables y colaboradores con su entorno», señala García.

Homoparentales, plenamente integradas

Son aquellas formadas por una pareja del mismo sexo y sus hijos. Varios estudios han demostrado que los hijos de parejas del mismo sexo –concretamente los de madres lesbianas– tienen un buen ajuste psicológico y presentan, en general, dificultades emocionales similares que los niños criados en familias heterosexuales.

“El amor hacia los hijos no es más que la proyección del amor que existe entre los miembros de la pareja parental, independientemente del género de sus integrantes o de otros factores como la edad. La familia debe buscar la felicidad de sus miembros y ésta se puede encontrar en diferentes caminos y no solamente en uno (el tradicional)”, dice García. Por eso, es importante que ambos progenitores, sean del género que sean, dediquen tiempo a estar y a comunicarse con ellos y les muestren los límites de lo que deben y no deben hacer.

Reconstituidas… Los tuyos, míos, nuestros

“Se trata de núcleos familiares formados por una pareja en la que cada uno aporta hijos de una relación anterior. Es el modelo más proclive a que surjan problemas

entre sus miembros, ya que supone todo un proceso de adaptación. Además, trae consigo la disolución de la anterior familia, con lo que esto conlleva, pues implica la elaboración de esa pérdida y su proceso”, señala Cayetana García.

Para la psicóloga, uno de los problemas más frecuentes se da cuando los hijos ven vulnerado el vínculo que mantienen con su progenitor por la aparición de la nueva pareja y sus hijos. “Esta situación se vive como amenazante y, por ello, mantienen conductas de oposición, por lo que será fundamental dedicar espacios en los que el padre/madre pase tiempo a solas con su hijo. Es una forma de hacerle entender que sigue manteniendo su lugar”.

También hay que establecer unas normas de convivencia comunes a todos los hijos, que deben ser propuestas y consensuadas por ambos miembros de la nueva pareja.

Es recomendable elegir un lugar de residencia nueva y compartir actividades para facilitar la integración. Y una premisa básica: ser muy respetuoso con el padremadre ausente.