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Padres e Hijos

¿Por qué decimos mentiras a los niños?

Mentir es no decir la verdad, frente al dilema de decirla o no, la opción es hablar con la verdad eligiendo qué datos es necesario revelar. Y lo más importante, es saber por qué decimos mentiras, ya que desde ahí es posible que nos demos cuenta que nos son necesarias. 

Haz consciente el motivo por el cual lo haces

1. Por proteger a tu niño. Recurrimos a las mentiras piadosas para evitarle un sufrimiento. Por ejemplo, en el caso de la muerte de un familiar cercano, como el abuelito, se suele decir a los niños que se quedó dormido o que se fue de viaje, para que no tengan un trauma. Sin embargo, ese sufrimiento sí llegará y podría ser más complejo si se enteran por boca de personas que no reparan en explicarles con afecto.

2. Por guardar las apariencias. Ocurre sobre todo cuando la imagen familiar está de por medio, en caso de abuso sexual, un familiar encarcelado, hijos adoptados… Pero cabría preguntarse qué es más importante: las buenas costumbres, o el mensaje que estamos transmitiendo (que es válido engañar a nuestros seres queridos).

3. Para evadir responsabilidades. Pasa comúnmente frente a situaciones de la vida cotidiana: “no digas que estoy en casa, diles que fui al mercado”; “hoy no iré a trabajar, le diré a mi jefe que estoy enferma”. Lo hacemos pensando que no afectaremos a nadie, pero sí lo estamos haciendo, porque es el ejemplo que estamos dando a nuestro niño.

Date cuenta de que decir mentiras no es necesario. La terapeuta Karla Amieva explica que “no hay ventaja alguna en decir mentiras a los niños y que es mejor hablarles con la verdad porque ellos sí entienden las explicaciones. Además, entre los cuatro y cinco años empiezan a tener cierta concepción de la mentira, ya saben que una mentira es buena o mala”, por lo que lejos de ayudar, les podrían causar una confusión moral.

Mejor da a tu hijo respuestas conscientes y reflexionadas. Necesitas hacer un análisis de los mensajes que transmites a tu pequeño; muchas veces frente a la premura, estrés, cotidianidad… “les respondemos por responder”, sin detenernos a pensar en el efecto que nuestras palabras tendrá en ellos: cómo lo están interpretando.

Es una trabajo complejo porque requiere mucha introspección, pero es parte de ser padres. Verás que, poco a poco, controlarás más tus acciones y palabras.

FOTO GETTY IMAGES