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5 tips para calmar a tu hijo tras una pesadilla

5 tips para calmar a tu hijo tras una pesadilla

Los niños son los candidatos perfectos para tener pesadillas; de hecho, un tercio de ellos las padecen.

¿Qué son las pesadillas?

Saber a qué se deben y cómo erradicarlas es la única forma de conseguir que su descanso sea más reparador.

Éstas se producen en la fase activa del sueño (REM), que se caracteriza por el rápido movimiento de los ojos (Rapid Eye Movement). En general, son sueños no gratos que pueden ocasionar que tu nene se despierte llorando a media noche. ¡No te alarmes!

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¿Por qué se tienen pesadillas?

Tu hijo vive tantas experiencias en el día, que a veces requiere parte de la noche para asimilarlas, por ello tienen pesadillas.

5 tips para calmar a tu hijo tras una pesadilla

  1. Ve a su cuarto, abrázalo y dile palabras de consuelo como «ya pasó, ya pasó», que le ayuden a romper el vínculo entre lo real y lo irreal.
  2. Ofrécele agua. Beber algún líquido tranquiliza a tu hijo.
  3. Quédate con él hasta que deje de llorar y le vuelva a dar sueño.
  4. Cuando salgas de su cuarto, deja la luz del encendida. Esta lo hará sentirse más «acompañado».
  5. Ponle cerca a su muñeco de peluche favorito y dile que él lo acompañará.

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¿Qué hacer al siguiente día?

Al día siguiente puedes preguntarle qué le pasó por la noche. De esta manera revive la pesadilla desde el control y la seguridad que le produce estar despierto y contigo.

Anímalo a dibujarla y después, pídele que cambie el dibujo para convertirlo en algo agradable. También puedes pedirle que te la cuente y que la asocie con una palabra que la aleje de él, como «vete para siempre».

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Tenlo en mente

Las pesadillas suelen desaparecer en unos 15 días. Pero si tu peque continúa teniéndolas, a pesar de haber practicado los consejos anteriores, es importante que lo lleves con especialistas. Él te ayudará a encontrar la causa de sus malos sueños, de esta manera podrás solucionar el problema y lograr que tu hijo duerma bien.

Ubica la causa del problema para ayudar a tu hijo a descansar mejor.

¿Tu hijo tiene pesadillas constantes?

Foto: Getty Images

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La razón por la que tu hijo está aferrado a su juguete

La razón por la que tu hijo está aferrado a su juguete

Por Judith Celis, psicoanalista y psicoterapeuta en padresestrella.com

Si te preguntas por qué tu hijo se niega a soltar un juguete en específico, la respuesta es… está aprendiendo a sobrevivir en el mundo por sí mismo. Es muy común que los niños pequeños se chupen los dedos, se aferren a un oso, un muñeco de peluche o repitan una melodía de manera constante.

Como papás, estas situaciones nos llaman la atención: a veces nos dan gracia y otras nos irritan. Sin embargo, estos objetos o fenómenos son relevantes en su desarrollo emocional.

La razón por la que tu hijo está aferrado a su juguete

Los recién nacidos requieren, para sobrevivir, que mamá o alguien esté cerca para satisfacer todas sus necesidades, tanto físicas como emocionales. En un primer momento no cuentan con una mente que les permita tolerar la espera, solo a partir de repetidas experiencias amorosas y asertivas en la satisfacción de sus necesidades lo asimilan.

Tal repetición ocasiona que el bebé empiece a generar dentro de él la ilusión de que siempre será igual… pero esto no dura mucho. Conforme pasan los meses, mamá empieza a frustrar —de manera inconsciente, natural y paulatina— al pequeño, comenzando el proceso de la desilusión: ahora ella no acude de inmediato a atenderlo y el bebé aprende, poco a poco, a tolerar más la espera y el displacer sabiendo, por experiencia, que la frustración es temporal y él tiene la capacidad de sobrevivir a ella.

Esta ilusión-desilusión es necesaria para el inicio de toda relación entre el niño y el mundo exterior, pero en el ínter, esa almohada que no deja, la frazadita que chupa o el peluche sin el que no puede conciliar el sueño son parte del mundo ajeno a él mismo con el cual está aprendiendo a relacionarse.

Este primer objeto simboliza de cierto modo a su mamá, quien ha dejado de estar al 100 con él para ayudarlo a sobrevivir. Es por eso que mientras su mente acepta esta desilusión, muchas veces su objeto favorito cobra aun más importancia.

Tu relación con su objeto favorito

Él lo elige, nadie puede imponérselo, ni tú misma.

Déjalo ponerlo a prueba: es normal que se enoje y trate de romperlo u olvidarlo, lo aviente desde grandes alturas y hasta intente cortarlo, ¡o triturarlo!

Observa cómo tu pequeño se siente salvaguardado por este objeto: el chupón hace que el niño se sienta satisfecho en cuanto a la alimentación, tal vez la cobijita cubra sus necesidades de contacto y la melodía de una canción de cuna lo haga sentir seguro y acompañado al intentar dormir en medio de la oscuridad.

Tu niño está al tanto de cada cambio que sufre su objeto: si lo vas a lavar o reparar debes avisarle para que sepa que no lo tendrá por un rato.

No intentes quitárselo: es mejor que no haya duelo por este objeto, debe de ir quedando paulatinamente en el olvido. Así supera esta “zona transicional” de manera satisfactoria y funcional.

¿Y si no tiene un objeto favorito?

Tal vez para este momento ya coincidimos en que el objeto y/o los fenómenos transicionales van más allá de un mero capricho de los niños: son tan importantes que ya no habrá un objeto como tal en sus vidas; solo gracias a ellos acceden al juego, la creatividad, el arte, aprendizaje, espiritualidad y cultura.

Cuando por alguna razón se complica el uso cotidiano y libre de estos objetos o fenómenos, se obstruye el desarrollo emocional; hay intolerancia a la separación, manifestándose en adicción, tendencia a las mentiras, búsqueda de satisfacción inmediata y dificultad para estar a solas.

Es importante que respetes este objeto, lo cuides mucho y le des el lugar especial que amerita en el desarrollo mental de tu hijo.

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Foto: Getty Images

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