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Soluciones para casos problemáticos de disciplina

Disciplina es la cualidad que nos ayuda a conseguir lo que queremos en la vida, a llegar sin perdernos por el camino. Así que en cuestiones de «disciplina» no estarías frente a tu hijo luchando por el poder, sino a su lado enseñándole a no sucumbir ante la frustración.

Justamente por esto es que a muchos niños les cuesta trabajo aceptar la disciplina: aún no saben cómo lidiar con el «no poder hacer lo que sus instintos desean». Es una lección que mamá y papá les dan, pero siempre transmitiéndoles con amor y seguridad las normas que rigen la vida personal y social, las que le ayudarán a manejarse en la vida.

Soluciones con amor

Cuando no hace caso…

Pocas cosas molestan tanto como ser ignorados. Los niños no suelen ignorarnos. Son muy disciplinados y su naturaleza es colaboradora. Pero según la edad que tengan no siempre están en condiciones de seguir una consigna por sí solos, aunque nos los hayan prometido. Si no pueden realizarla la ignoran y siguen con lo suyo. A esta edad todavía hay que guiarlos y acompañarlos en todo lo que no sea un hábito ya adquirido.

¿QUÉ HACER?

Haz que tu niño participe siempre en las tareas. Dile: «Vamos a guardar tus juguetes». Recójanlos tranquilamente e indícale dónde poner cada cosa. Más adelante, deja que lo haga solo: «Recoge tus juguetes mientras yo doblo tu ropa». Después de un tiempo se convertirá en un buen hábito.

Es algo terco y necio

Es un proceso normal en su maduración, pero puede hacerlo de muchas formas y elegirá esta precisamente cuando se encuentre frente a unos límites «blandos» o unos padres inseguros ante determinadas situaciones. ¿Es muy listo? No, necesita seguridad, comprobar que lo tienes claro y que los límites son inamovibles. Para guiar a tu pequeño, necesitas estar segura del camino a seguir, porque si no lo tienes claro, tu pequeñín encontrará y, sobre todo, aplicará sus propias fórmulas.

¿QUÉ HACER?

Mantenerte (serenamente) firme, pero no plantarte frente al niño esperando a que se derrumbe su voluntad (para terco, terco y medio). Hay técnicas que le ayudarán a salir de su negatividad, por ejemplo, cambiar el foco de atención. Plantear la cuestión no como algo que «debe» hacer sino como un juego o un reto.

Por favor, mamiiiiiii…

Y resulta que cuando piensas que manejas las cuestiones de disciplina con los ojos vendados, se acerca tu hijo, de cuatro años, te mira con una sonrisa triste, señala a un niño que tiene una dona de chocolate y te dice: «Por favor, mami, yo quiero», aunque sabe perfectamente que no es la hora de la comida. Todo sucede sin rabieta, y con esa mirada que te parte el alma. Es una cuestión compleja.

Tu pequeño siente frustración, quiere algo que no tiene. Pero su vocabulario es más amplio, su comprensión más fina y no suele entregarse a la rabieta que lo sacudía a los dos años de edad, fruto de la misma privación. Utiliza más palabras y, además, busca tu empatía. Debes tener cuidado en estas situaciones, pues tu respuesta puede ser un arma de dos filos que establezca precedentes.

¿QUÉ HACER?

La respuesta, por regla general, es la misma que a la hora de abordar los berrinches: mantenerte firme en las normas que has acordado con él. Si estableces que sólo habrá flan los domingos si se acaba la comida, pero resulta que no ha tomado nada, debemos tener cuidado y no ceder a lo que puede convertirse en un chantaje emocional. Tu labor es clara: contenerlo en su frustración y ayudarle a crecer favoreciendo el respeto de las normas importantes.