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5 claves para lograr que tu hijo duerma la siesta

Reforzar el sueño nocturno con una o dos siestas diurnas ayuda a tu hijo a asimilar mejor el aprendizaje y a estar más fresco y de mejor humor por la tarde. ¿Las claves? Te compartimos cómo lograr que tu hijo duerma la siesta. 

A los dos años, todavía es muy conveniente que tu hijo duerma la siesta a lo largo del día.

Se avecina una época de grandes cambios: tu hijo comienza a ir al baño solo, a vestirse sin la ayuda de papá o mamá y, en muchos casos, empieza la guardería. Para enfrentarse a todo esto necesita estar descansado.

1. ¿Cuánto necesita dormir durante la siesta?
Entre los seis meses y el año se consolida el sueño nocturno, y lo habitual es que empiece a dormir de corrido por la noche. A los dos años sigue necesitando entre una y dos siestas diurnas para completar el sueño. A esta edad duerme una media de 12 horas diarias, de las cuales diez suelen ser nocturnas y dos diurnas. A medida que crece, el número de horas se reduce. Así, a los cuatro años duerme diez horas y media.

2. ¿Por qué es tan necesaria la siesta?
La siesta no sólo le ayuda a «recargar las pilas» a mitad del día, también le facilita el aprendizaje. Porque al estar más descansado, asimila mejor los descubrimientos de la tarde. Le ayuda, además, a llegar más relajado a la hora de meterse a la cama por la noche, lo que sin duda hará que disminuyan las clásicas peleas con un pequeño que está de malas porque tiene tanto sueño que no se puede dormir.

3. ¿Cuánto debe durar la siesta?
Si el pequeño toma dos siestas al día cada una podría durar entre 45 y 60 minutos. Y si toma solo una, no deberá prolongarse más de dos horas; no obstante, estos son valores aproximados. Cada pequeño es un mundo y tiene sus propias necesidades. Lo más recomendable es que observes a tu hijo atentamente para conocer y determinar lo que es mejor para él en cada momento.

4. ¿A qué hora dormirla?
Lo mejor es que haga varias siestas y que la primera sea a media mañana, tres o cuatro horas después de que el niño se haya levantado. Para entonces, ya habrá jugado, experimentado y es muy posible que necesite reponer fuerzas para llegar descansado a la hora de la comida.

5. Siempre a la misma hora
Conviene establecer un horario fijo de siesta para que el niño forme el hábito y tenga sueño siempre a la misma hora. No pasa nada si un día no hace la siesta. Los dos años están llenos de cambios, así que tiene flexibilidad para aprender a nuevas cosas. Eso sí, siempre que estas variaciones sea ocasionales, porque si son constantes perderán las rutinas que tanto te ha costado conseguir.

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Siestas, ¿qué hacer cuando tu hijo no quiere dormirlas?

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Niños que duermen poco sufren mayor envejecimiento celular, estudios

Los malos hábitos de sueño no sólo repercuten en la energía de los niños, un estudio revela otros efectos sobre la salud de los niños que duermen poco.

Niños que duermen poco…

Los niños que han dormido poco no solo pueden resultar más quejumbrosos o distraídos, sino que sufrirían mayor envejecimiento celular, un proceso que podría tener efectos a largo plazo para la salud ya que sus telómeros son más cortos, según Sarah James y Daniel Notterman, de la Universidad de Princeton.

El equipo extrajo ADN de muestras de saliva de los niños y examinó la longitud de sus telómeros (los extremos de los cromosomas, cuya función principal es la estabilidad estructural de los cromosomas en las células eucariotas, la división celular y el tiempo de vida de las estirpes celulares) y se dieron cuenta que eran cortos.

Los telómeros cortos se relacionan con:

  • cáncer, enfermedades del corazón y deterioro cognitivo, y aunque estos niños no mostraron signos de estas enfermedades (probablemente debido a su corta edad),  pueden tener un mayor riesgo de desarrollar estos trastornos en la vida adulta.

Los investigadores no saben si el acortamiento de los telómeros puede revertirse con más sueño, pero señalan que el estudio reitera la importancia de dormir mucho y por ello recomendaron que los niños deben dormir entre 9 y 11 horas.

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Siestas, ¿qué hacer cuando tu hijo no quiere dormirlas?

Tu bebé está irritable durante el día, se talla los ojos, bosteza, llora, pero ¡no se duerme, o si se duerme es solo por unos pocos minutos, ¿Te ha pasado? Te decimos qué hacer cuando tu hijo no quiere dormir las siestas.

¿POR QUÉ OCURRE?

Generalmente la razón es porque tu bebé está demasiado cansado y le cuesta trabajo relajarse. Una vez que aparecen todos esos signos de sueño es porque ya vas tarde para acostarlo a dormir.

¿QUÉ PUEDES HACER?

Registra durante 1 semana las horas a las que prefiere dormir tu bebé. Una vez que hayas detectado un patrón de sueño, acuéstalo 30 minutos ANTES de esa hora para que en cuanto le dé sueño, tu bebé ya esté listo para dormir, o también puedes seguir esta recomendación de horarios.

Edad Número de siestas Horarios recomendados
0 – 4 meses 4 – 5 siestas Varía
4 – 6 meses 3 siestas 9:00, 12:00 y 15:00 h
6 – 12 meses 2 siestas 10:00 y 14:00 h
12 meses – 3 años 1 siesta Entre las 12:00 y las 14:00 h
3 – 5 años 1 – 0 siestas Entre las 12:00 y las 14:00 h

Si sus patrones de sueño son muy irregulares, sigue la regla del reloj de acuerdo a su edad:

  •          2-4 meses: Acuéstalo a dormir cada 2 horas
  •          4-6 meses: Acuéstalo a dormir cada 3 horas
  •          6-12 meses: Acuéstalo a dormir cada 4 horas

Por ejemplo: Si tu hijo se despertó a las 06:30 h, acuéstalo a dormir a las 08:30 h; si durmió durante 1 hora, su siguiente siesta sería a las 11:30 h y así sucesivamente.

¡MUY IMPORTANTE!

Procura evitar que las siestas pasen de las 16:00 h, de lo contrario, tu bebé no estará lo suficientemente cansado para dormirse a una hora adecuada (entre 19:00 y 20:00 h, lo que podría interferir con el sueño nocturno.

Si sigues estas sencillas recomendaciones, lo más probable es que el sueño de tu bebé mejore mucho durante el día y durante la noche también.

Por Romelia Rubio, psicóloga clínica especialista en sueño infantil y fundadora de Happy Nights.

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Hasta el año de edad, esto vivirás al dormir a tu bebé

Esto es a lo que te enfrentarás al dormir a tu bebé, los primeros meses. Aunque, conforme más lo conozcas y aprendas a identificar sus necesidades, sabrás qué hacer para dormirlo y ayudarlo a conciliar el sueño. 

Es bien cierto que a muchos padres les preocupa el sueño del bebé antes de que incluso nazca: «¡Ojalá duerma bien!» o «a ver si hay suerte y nos da mejores noches que su hermana». Los quebraderos de cabeza provocados por las profecías del entorno («aprovechen ahora, que luego no van a pegar el ojo») junto con consejos diversos (y a veces contradictorios entre sí), convierten el sueño en uno de los temas más controvertidos de la crianza en los primeros meses.

Sin embargo…

Cuando conoces a tu bebé es más fácil saber cómo solucionar este tema en cada etapa:

Los primeros tres meses 

Los bebés ya duermen en el útero materno y cuando nacen, su sueño es casi igual al que tenían dentro de la pancita de mamá. Por ese motivo, nuestros esfuerzos en esta etapa deben centrarse en conseguir recrear un entorno con condiciones parecidas a las de su vida dentro del útero materno, para que tu bebé duerma tranquilo y en la cantidad que necesite.

¿Qué puedes hacer? Al igual que en la pancita de mamá, necesita que se le ofrezca comida cuando tiene hambre (la lactancia materna a demanda es lo ideal), mucho contacto físico y balanceo (mecerlo es una excelente idea para calmarlo cuando está inquieto), una temperatura agradable y sonidos monótonos (nanas, cantos, susurros..).

De 4 A 7 meses

El bebé va creciendo y madurando, por lo que su sueño también. En esta etapa, en la que ya diferencia el día de la noche, tu bebé hará un par de siestas diurnas y por la noche dormirá un periodo de tiempo más largo. El número total de horas de sueño se reduce (entre diez y quince horas diarias), pero se van concentrando en la noche, lo que te permitirá disfrutar de sus lindezas durante el día y, por la noche, descansar un poco más. Aun así se trata de una fase bastante inestable y con frecuentes despertares.

¿El motivo? En primer lugar, se incrementan las fases del sueño (de dos a cuatro), por lo que hay una maduración neurológica que conlleva cierta adaptación. Y en segundo lugar, las experiencias diurnas van adquiriendo unos tintes mucho más movidos: tu bebé ya puede sentarse (por lo que su campo visual cambia por completo, ¡ahora puede ver algo más que el techo!) o agarrar cosas con las manos, y sus relaciones con los demás son más intensas y recíprocas (ya sonríe cuando se le saluda, hace ruiditos cuando mamá le susurra tiernas palabras, etc.).

El resultado de todo ello es que los niveles de atención y excitación alcanzados durante el día (además del tono muscular, que se incrementa por el desarrollo postural), son más complicados de regular que durante la noche.

De 8 A 12 meses

Alrededor de los ocho meses aparece en los bebés la angustia de la separación (algunos pequeños la manifestarán con más intensidad que otros), por lo que aquellos que hasta ahora habían dormido más o menos bien, puede que ahora empiecen a tener más despertares. Y es que la necesidad de comprobar que tiene cerca a mamá es suficiente para que todo su cuerpo se ponga en alerta solo con dejar de «olerla» en la misma habitación pueden inquietarse.

Si a esto le sumamos que comienzan a asomar los primeros dientecitos y que el gateo (o el comienzo de la locomoción) le da acceso a todos los rincones del mundo (y no quiere dejar de explorar ni de día ni de noche), tienes como resultado un sueño que no termina de ser tranquilo ni estable, aunque hay bebés que precisamente por el desgaste diario, comienzan a dormir ahora mejor –y, a veces, por un mayor periodo de tiempo–.

Uno de los cambios más significativos asociados a sus nuevas habilidades motoras es precisamente que se mueven mucho más por la noche: dan patadas, reptan por la cama (amaneciendo, casi siempre, justo al revés de como se acostaron), se giran sobre sí mismos e incluso se ponen de pie, cosa que altera el sueño… ¡pero de los padres! Por eso en esa etapa la opción de cuna pegada a la cama de los mayores suele ser la preferida.

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Conocer los estados del sueño de tu bebé también te permitirá ayudarlo a dormir mejor. 

Conoce las estados del sueño de tu bebé para ayudarlo a dormir mejor

Crear un ambiente y hábitos adecuados le permitirán conciliar el sueño profundo, ¡más pronto! Te invitamos a ver este video con tips para lograrlo. 

 

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¿Adicción al celular? Tips para evitar que tu celular te controle

¿Revisas constantemente tu celular durante el día y te causa ansiedad si no lo tienes contigo? Podrías tener nomofobia, que es la adicción al celular. 

Los dispositivos móviles, tales como los smartphones o teléfonos inteligentes, forman parte fundamental de nuestra vida cotidiana, y resulta muy difícil separarnos de ellos. Si observas muy bien, hay quienes los están utilizando mientras comen, van en el transporte público o incluso mientras van caminando por la calle.

Y no falta quien se sienta ansioso si ha salido de casa y ha olvidado llevar consigo su móvil.

Si esta ansiedad es incontrolable, puede tratarse de nomofobia (no-mobile-phone-fobia), un miedo irracional de salir a la calle sin celular. También puede tratarse de comportamientos como nerviosismo al no poder revisarlo si suena un zumbido, si se enciende una luz o aparece una notificación en pantalla.

La adicción al celular puede ir más allá y afectar nuestras relaciones personales: muchos papás pasan más tiempo con su celular que con sus propios hijos. ¿Cuántos papás no has visto en el parque revisando su celular sin disfrutar cómo juegan sus hijos y vigilándolos?

Es importante desprender la mirada del móvil y fijarnos en lo que estamos perdiendo a nuestro alrededor, empezando con una pregunta. ¿Soy dueño de un celular o el celular es mi dueño?

Si la respuesta de esta pregunta te incomoda, posiblemente necesites cambiar tus hábitos respecto a tu teléfono móvil y dejar de depender de él. Para lograrlo, te damos los siguientes tips:

  1. No contrates planes de megas ilimitados: al saber que tienes un límite, gestionarás mejor su uso y reducirás el tiempo y la forma en que lo utilizas.
  2. Elimina apps innecesarias: si crees que hay juegos o aplicaciones que absorben mucho tu tiempo, lo mejor es eliminarlas.
  3. Desactiva las notificaciones de las apps.
  4. No lleves contigo el cargador. Déjalo en casa. Así aprenderás a ahorrar la energía y lo usarás menos.
  5. Procura revisar tus redes sociales cuando no estés en compañía de tu familia.
  6. Salte de grupos de WhatsApp que sean innecesarios, explica a tus contactos que no puedes estar tan al pendiente del celular.
  7. Haz un propósito de descansar, por lo menos, los fines de semana de la tecnología.
  8. Lleva otro recurso para entretenerte: si te gusta revisar el celular mientras vas en el transporte, lleva una alternativa contigo, como un libro.
  9. Haz otras actividades entretenidas: compra pinturas, un libro de mandalas, repara o pega algo en tu hogar… estas pequeñas actividades podrán entretenerte y controlar la ansiedad de revisar tu celular.
  10. Dale tu atención a cada actividad: no tengas el celular en la mesa a la hora de la comida, ni lo conectes cerca cuando te vayas a dormir. De preferencia, apaga el Wi-fi por las noches y enciéndelo cuando te despiertes.

Por Josselin Melara

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Te invitamos a ver este video en nuestro canal de You Tube: Nuestra experta te da buenísimos consejos para aprender a convivir con tu hijo en medio de la conectividad del mundo actual. Recuerda que no es malo usar ni entretenerte con este medio, tampoco te hace mala mamá, pero puedes aprender a ponerle límites a tu comportamiento para que no llegue a afectar tu vínculo afectivo con tu familia ni hijo. No te pierdas esta entrevista… 

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Rutinas que ayudarán a tu hijo a dormir bien

Para facilitar el descanso nocturno a tu hijo es importante mantener algunas rutinas durante el día y justo antes de dormir. Cumplidos los seis meses, el bebé empieza a sentarse solo, es capaz de darse la vuelta, emite sonidos, le gusta escucharse… Su cuerpo y su cerebro están madurado rápidamente y es un buen momento para asentar las rutinas que le ayudarán a dormir bien con naturalidad.

  1. Procurar que por las mañanas le dé la mayor cantidad de luz natural posible, dando paseos o colocándolo cerca de la ventana de su cuarto. La luz del sol estimula la producción de melatonina, una hormona que ayuda a inducir el sueño.
  2. Debes ayudarle a sentirse seguro y protegido y esto se consigue a través del contacto físico, abrazándolo y respondiendo de inmediato cuando reclama la presencia de mamá y papá.
  3. Mantén a diario costumbres que pueda reconocer fácilmente, como su baño, una cena tranquila y, sobre todo, tener cerca su muñeco o su mantita favorita, ese objeto de consuelo que le da seguridad y le tranquiliza. Su presencia le ayudará a dormir y a volver a conciliar el sueño si se despierta a media noche.
  4. También es aconsejable dejar abierta la puerta de su habitación (si ya duerme solo), los espacios cerrados pueden agobiar y hacerlo sentir aislado. Muchos padres preguntan si el peque puede dormir con luz.
  5. Lo ideal es que el niño asocie el sueño nocturno con la oscuridad y que la claridad del amanecer vaya entrando de manera gradual en su cuarto. Pero si siente miedo, habrá que tratar primero esos temores antes de dejarlo a oscuras, colocando, por ejemplo, una lamparita nocturna en un enchufe toda la noche. El ambiente que hay cuando el niño concilia el sueño debe permanecer igual mientras duerme, así que no debes apagar esa lucecita a mitad de la noche.

Por Felipe Salinas

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A dormir bien, ¿se aprende o es un proceso natural?

A pesar de parecer un proceso tan natural, tan biológico (que lo es), en el sueño influyen muchos factores. Conseguir que el bebé duerma bien no debería ser un reto. El pequeño tendrá que aprender a dormir bien igual que aprenderá a comer, hablar o caminar, de una forma progresiva y natural.

¿Porqué es un proceso natural?

Como una computadora en fase de reposo, el metabolismo y la irrigación sanguínea del cerebro disminuyen, los músculos voluntarios se relajan y sólo continúan las funciones inconscientes como el latido del corazón, la respiración y la digestión. Es como si nuestro cuerpo se desconectara del mundo: estamos durmiendo.

Y en el cerebro, ¿qué pasa mientras tanto? Pues que las ondas cerebrales cambian y alteran su ritmo, variando según cada momento de la noche; unas áreas del cerebro disminuyen su actividad mientras otras la incrementan, casi igual que cuando estamos despiertos. Este cambio cerebral cumple una importante función reparadora del organismo, que si no se completa puede acarrear trastornos. Además, el sueño pasa por diversas fases que deben cumplirse, e incluso, hasta soñar tiene su papel.

También se aprende…

Aprender a dormir implica que el bebé se despierte una y otra vez, para que le ayudes a volver a conciliar el sueño y después dejes que, poco a poco, vaya madurando y durmiéndose solo. Es un procesos natural para el cual requeires paciencia. Forzar el aprendizaje del sueño es contraproducente. Cada niño evoluciona de diferente manera, igual que unos aprenden a caminar a los 12 meses y otros a los 15, no todos duermen de un tirón al mismo tiempo.

Por lo tanto…

No te sientas culpable de que tu niño duerma mal. ¡Libérate! Nadie los ha enseñado lo que es normal o adecuado para sus hijos. Respiren profundo, tomen las cosas con calma y consulten sus dudas con el pediatra. Para lograr que sus nenes duerman bien, deben transmitirles calma y seguridad. Aprender a dormir no es algo que se logra en días, con paciencia, cariño y mucha calma. Educar es duro, pero vale la pena.

Por Felipe Salinas

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