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¿Tu hijo es demasiado extrovertido? Puede tener Síndrome de Williams

Este trastorno es conocido por ser el opuesto al autismo. Aunque creas que tu hijo es demasiado extrovertido y este trastorno no es en sí un problema, no es así, ya que quienes tienen Síndrome de Williams son muy confiados con los desconocidos.

El ser humano nace con un número de cromosomas definidos y sólo hace falta que unos 25 desaparezcan del medio del cromosoma 7 para que una persona tenga este trastorno, que es imperceptible en las pruebas prenatales. Se considera una enfermedad rara porque afecta a menos de 5 personas por cada 10.000.

Los niños con el síndrome de Williams no suelen entender cuándo están en peligro ni cuándo son víctimas de engaños, lo que los hace muy vulnerables. Los niños confían, no conocen la maldad, son inocentes y eso es lo que lo hace peligroso.

Además, aunque pueden entablar una conversación sin problema con cualquier persona, carecen de buenas habilidades sociales para mantener una relación con sus iguales a largo plazo, así que, a pesar de su sociabilidad, se van quedando muy aislados, lo que les provoca sentirse mal por las reacciones de las personas.

¿Cómo saber que lo tienen?

Los bebés suelen mostrar irritabilidad, problemas digestivos como cólicos, bajo peso y crecimiento, cardiopatías, como un soplo en el corazón, hernias, hiperacusia y en el desarrollo presentan retrasos, por ejemplo para empezar caminar, dificultades de aprendizaje, problemas en las articulaciones, en el rango de movimiento y bajo tono muscular.

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Frases que NO debes decir a tu hijo cuando «no puede» hacer algo

Las palabras que usas para corregir, acompañar, motivar o calmar será su diálogo interno que lo acompañará durante toda su vida. Entonces ¿qué frases usar y no debes decir a tu hijo cuando se enfrenta a un reto? 

Ojo! Eso no significa que tu rol sea el mismo que una porrista que sólo quiere hacer sentir bien y animar, es más bien una oportunidad para generar frases en su mente que lo lleven a dirigir sus acciones.

Cuando te enfrentas a un reto en tu día a día, cometes un error o te sientes confundido escuchas una voz interna. Es algo dentro de tu mente que a veces te anima y a veces te hace sentir un poco peor con frases como “¡Claro! Siempre es lo mismo conmigo”.

¿De dónde viene ese diálogo? Se construye en los primeros años de vida, es una interiorización de las frases que otros nos repitieron. Durante la infancia la brújula moral se va creando conforme los límites son marcados, los impulsos manejados y la motivación externa se convierte en interna.

Lo mejor, antes de decir algo, es observar ¿a qué reto se enfrenta? ¿qué es lo que lo lleva a creer que “no puede” hacerlo? ¿es realmente un reto más difícil de lo que puede lograr? Y lo más importante, como decía María Montessori, ¿cómo lo puedes ayudar para que lo haga solo?

NO debes decir a tu hijo

“Ya, yo lo hago”

Con esta frase estamos comunicando que efectivamente, el niño no puede hacerlo. Habrá veces que el reto sea muy difícil para la etapa evolutiva en la que está y necesita que nosotros lo hagamos. En esos casos, es más aconsejable decir algo como “cuando te enfrentas a un reto, puedes pedir ayuda” o “yo te puedo ayudar, seguro luego lo vas a poder hacer tú solo”.

“No digas no puedo”

Cuando un niño dice “no puedo” hay que observar si realmente necesita que lo hagamos nosotros o está buscando un camino fácil para algo que realmente ya sabe hacer. Una buena idea es guiarlo con palabras específicas paso a paso por lo que debe hacer para lograrlo, siempre siendo muy claros. Por ejemplo: “para ponerte el calcetín primero ábrelo, mete primero tus dedos y luego acomódalo para que cubra tu pie”.

“O lo haces o no hay…”

Condicionar las acciones esperando una recompensa o intentando evitar un castigo es muy efectivo a corto plazo porque los niños “obedecen”, pero realmente no se está ayudando a crear una disciplina interna que lo ayude a largo plazo.

Busca cambiar este discurso por una motivación, frases como “yo sé que estás cansado pero ya casi acabas” o “estoy segura que tu puedes con esto” lo ayudan a superar la frustración entendiendo que lo debe hacer, no por algo que viene sino porque eso se debe hacer. Más adelante esto es lo que nos ayuda a mantenernos en un camino para alcanzar nuestras metas.

En suma, lo ideal es hacer conciencia y reflexionar hoy sobre los mensajes que das a tus hijos. ¿Qué diálogo interno estás formando? Y lo más importante,
cómo puedes ayudar a fomentar su autoconfianza.

Por Lic. María Cristina Fernández, Gerente Pedagógico de Advenio

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¿Cómo ayudar a tu hijo a desarrollar la resiliencia desde sus primeros años de edad?

Se estima que la resiliencia será la habilidad humana del futuro; es una capacidad que valorarán las empresas del mañana. Y los primeros años de vida son clave para aprender a ser resilientes. Te invitamos a saber más de esta importante habilidad y de cómo ayudar a tu hijo a desarrollar la resiliencia desde sus primeros años de vida.

El mundo cambia de manera acelerada, la diferencia entre lo que vivió una generación y otra se acentúa más cada vez. Los avances en la tecnología, el cambio climático, la evolución en el pensamiento y las exigencias dentro del mundo laboral nos lleva a reflexionar…

¿Cómo preparar a los niños hoy para un panorama que
no sabemos cómo se verá cuando sean adultos? 

Habilidades como la memorización o seguir instrucciones prevalecían en generaciones anteriores porque el mundo laboral lo requería. Hoy el éxito profesional y personal depende de otro tipo de factores. Las capacidades socioemocionales han tomado un mayor peso en los perfiles que demandan las empresas en crecimiento.

En específico, la RAE la define como “la capacidad que tiene una persona o un grupo de recuperarse frente a la adversidad para seguir proyectando al futuro”. Para entenderlo mejor, pensemos en las palmeras. Frente a una tormenta fuerte, suelen no romperse, se flexionan. Al pasar las fuertes lluvias, pudieron haber modificado su forma, pero siguen de pie.

Las habilidades sociales comienzan a desarrollarse desde muy temprana edad en momentos cotidianos. Es en ese día a día y en esa rutina donde los niños descubren cómo relacionarse consigo mismos y con lo que los rodea.

Estas recomendaciones te ayudarán en casa para desarrollar la resiliencia de tus hijos, desde que son muy pequeños:

  1. Busquen retos para resolver. Encuentra algo que sea desafiante pero posible de lograr. Dependiendo de la edad puede ser subir una rampa, jugar escondidillas, aventarse de una resbaladilla un poco más alta o hacer un rompecabezas. Cuando tu hijo se esfuerza para lograr algo y descubre que lo superó se sentirá capaz de enfrentar un reto mayor.
  2. Atrasa la recompensa. Los niños no son pacientes, está comprobado que si les das a elegir entre tener un bombón en este momento o dos si esperan más tiempo, preferirán comérselo sin importarles que pudieron haber tenido un beneficio mayor (experimento del bombón de Stanford). Ayudar a los niños a generar esa disciplina para mantener el enfoque hacia un fin, les permitirá enfrentar momentos difíciles en la vida. Intenta poner metas concretas a corto plazo que puedas ir extendiendo poco a poco, valora el esfuerzo que requiere hacer para lograrlo. Un ejemplo es juntar monedas para después ir a comprar un juguete.
  3. Mantén límites claros y constantes. Es esencial que tu hijo sepa lo que está permitido y lo que no, eso ayuda a controlar su frustración. Probablemente habrá momentos en que rete ese límite y es normal, pero descubrir que sea cual sea su reacción, el límite no se modifica, le ayudará a generar estrategias internas para entender y superar sus sentimientos.
  4. Busca momentos para educar. Cuando tu hijo hace una pregunta del tipo “¿pero por qué..?”, cuando está jugando a la mamá o representa una pelea entre muñecos; tienes una puerta al diálogo que puedes guiar para entender cómo funcionan los sentimientos y qué podemos hacer, por ejemplo, cuando estamos tristes. Pero cuando está viviendo la frustración o el berrinche, no es un momento para educar, su sistema tiene niveles de estrés que le impiden razonar o entender, mejor espera a que pase acompañándolo y validando la emoción, en otro momento hablen sobre sus sentimientos y estrategias como respirar o expresar lo que le angustia.
  5. Sé paciente. Las habilidades socioemocionales se practican como cualquier otra. Un niño necesita intentar muchas veces antes de poder caminar, comer solo o cualquier otro logro en su desarrollo. Es igual con las habilidades sociales, nadie lo domina en el primer intento. Los niños necesitan practicar y que los apoyes recordándoles las estrategias que puede utilizar antes de contar con esa herramienta en la vida.

Si bien no sabemos cómo será el mundo cuando los niños de hoy crezcan, si podemos prepararlos para adaptarse, mantener la calma frente a la adversidad y superar las crisis e incluso aprender de ella.

Por Lic. María Cristina Fernández Arellano, Gerente Pedagógica de Advenio

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¿Cómo crece un niño que tiene una mamá tóxica?

Primero, tenemos que definir, ¿quién es una mamá tóxica? En términos generales es una mamá narcisista; lo cual es una patología grave cuyas consecuencias suelen ser malas para los niños. Te explico cómo crece un niño que tiene una mamá tóxica. 

La patología narcisista, es fundamentalmente, una carencia afectiva importante que incapacita a la persona para relacionarse emocionalmente con los demás, no importan las necesidades de los otros, sólo las suyas.

El vacío interior impide dar amor, no se pueden conectar con las necesidades de sus hijos, exige que se comporten de acuerdo a lo que ella necesita, fomenta la imagen exterior y es sumamente cruel si no se cumplen sus demandas.

¿Cómo afecta la mamá tóxica a sus hijos?

Se repite el ciclo, crecen hijos con un gran vacío emocional, viven sintiéndose que nada los hace felices, ni satisface, buscando «algo más» en todos los aspectos de su vida: más dinero, más trabajo, parejas con más belleza, inteligencia, dinero, recursos…

El “amor” queda condicionado a la aprobación del otro (cuando niños, de su mamá), pero nunca llega, nunca es suficiente; así, cuando adultos, pueden buscar parejas que los maltratan y rechazan, tal cual lo hizo mamá; o, ellos son los narcisistas que nunca están contentos con nada porque nada es suficiente para ellos. La empatía no opera, las relaciones son una transacción de vacío (no hay conexión emociona con las personas con quienes se relacionan), ansiedad, necesidad y utilidad (las personas solo le sirven para cumplir sus propósitos o satisfacer sus necesidades momentáneamente, pero luego las desecha).

¿Qué puede hacer la mamá tóxica?

Si consideras que estás sobreprotegiendo a tus hijos, si quieres que hagan lo que tú consideras correcto sin saber o respetar sus necesidades, si no puedes conectarte emocionalmente con ellos, estás muy preocupada por el reconocimiento y el qué dirán; probablemente estás lidiando con algunos rasgos narcisistas.

Sin embargo, no debes sentirte mal, culpable o «mala mamá» por esto. Son cuestiones inconscientes que no hiciste a propósito, puedes cambiarlas en la medida que generes consciencia. No es fácil, pero es posible; no te sientas culpable.

Tú también fuiste niña y eso fue lo que te tocó vivir, tampoco eres la única responsable de la educación de tus hijos, los papás también influyen para bien y para mal.

Atrévete a romper el círculo y busca vivir de otra manera, por tu bien y por los que te rodean, especialmente tus hijos.

La diferencia depende de si te atreves a reconocerlo y trabajarlo en terapia o sigues sufriendo y lastimando.

Por Psic. Iskra Salcido Valle, psicoterapeuta, presidenta de la Asociación de Egresados de Psicología de la Universidad Iberoamericana

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¿Cómo ayudar a tu hijo a superar un miedo?

¿Lo mordió un perro y ahora no le gustan; o se cayó del columpio y ahora los evita, o lo golpearon con una pelota en la cara y ahora tiene miedo de jugar basquetbol? Usa estas siete etapas para ayudar a tu hijo a superar un miedo específico, como  estos casos. 

¡A superar el miedo!

  1. Utiliza la empatía para calmar su necesidad de salir corriendo. Puede necesitar un poco de tiempo, dáselo, no lo presiones.
  2. Valida el miedo que tiene y dialoga sobre la importancia de afrontar ese miedo; plantéale todo aquello de lo cual se priva al sentir ese miedo.
  3. Utiliza la comunicación cooperativa para que sepa que van a superar ese miedo juntos: «Yo creo que podemos intentarlo juntas; mamá te va a ayudar, vamos al columpio juntas y yo te tomaré de la mano».
  4. Intenta llegar a un acuerdo respecto a lo que quieres lograr: «Vamos a intentarlo, pero solo un poquito. Solo tienes que dar dos pasos cerca del perrito y yo estaré sujetándote la mano».
  5. Realiza la acción sólo cuando tu niño esté preparado, sin presionarlo y sin forzarlo en lo más mínimo.
  6. Pregúntale si se siente satisfecho de lo logrado, cómo se siente; valora y reconoce su capacidad de superar el miedo.
  7. Repitan otro día, en otro contexto, para favorecer la generalización: otros perritos, de otra raza, más grande; otro doctor, otra clínica, por ejemplo.

Fuente: Dr. Álvaro Bilbao. El cerebro del niño explicado a los padres.

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