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Pon límites sin llorar en el intento

Siempre es posible establecer reglas en casa sin perder de vista el amor, pero hacerlo  equivale a que mamá y papá trabajen su autoconfianza y seguridad. Aprende a poner límite sin sentir culpas. 

Disciplinar puede ser tu mayor dolor de cabeza o tu mejor aliado, según cómo los marques. Recuerda que los niños requieren que papá y mamá les señalen el camino a seguir para saber hasta dónde pueden llegar; los límites lo ubican en su realidad, pero los niños responden mejor cuando se les conduce mediante reglas claras y coherentes, acordes con su edad y sus capacidades, estableciendo las consecuencias de sus actos, lo cual media su conducta y les proporciona la seguridad suficiente para saber cómo actuar.

En esta tarea, los papás suelen perderse. Las grandes expectativas que se centran en la paternidad no dan lugar a equivocaciones, sino que imponen perfección. Y aunque es una meta irreal, se encuentra presente en las relaciones con los hijos. Un resultado común de tal miedo es que muchos padres se paralizan cuando tratan de fijar límites sanos.

En vez de eso, buscan alejar a su niño de los “peligros” del mundo exterior porque consideran que así le demuestran lo importante que es. También sucede que, cuando no están entregados al cuidado de su hijo en un 100%, piensan que le están fallando y sobrecompensan ese tiempo dándole mayor libertad o colmándolo de regalos para que no resienta la ausencia.

La falta de límites deriva en…

La permisividad en el hogar puede ocasionar un incremento en el trastorno antisocial de la personalidad, el cual consiste en el desafío de las normas establecidas. Los individuos con esta patología suelen no tener sentimientos de culpa ni se dan cuenta del daño que sus actos ocasionan a los demás. Lo grave es que esta tendencia crece por el tipo de educación que prevalece hoy día. Para hacerle frente, los terapeutas familiares recomiendan a los padres evitar la sobreprotección, la falta de reglas claras y el darles todo lo que piden.

Tu poder para poner límites

Para que estés en condiciones de dar a tu hijo las herramientas que necesita para modular su conducta debes contar con mucha fuerza interna para transmitir lo que esperas de él, proponiéndote como modelo, pues tu niño te imita. Si te sientes débil frente a él y consideras que sus demandas son excesivas, puedes pensarte rebasada y creer que no cuentas con la capacidad suficiente para guiarlo; es entonces cuando, al no saber cómo actuar, entras en pánico y pasas por alto las reglas.

Pero ¿por qué ocurre esto? Según nuestro experto, sucede en padres que tuvieron una educación autoritaria, por lo que es comprensible que no deseen repetir ese patrón con su hijo. También porque no saben cuál es el punto medio y sano de la disciplina, por tanto, se inclinan hacia la permisividad, dejando que su niño actúe sin control. También sucede en los papás que caen en la trampa de la inconstancia: un día son muy enérgicos y otro condescendientes, lo que descontrola al nene.

“Como papás, cuando no sabemos qué hacer para dar cariño, es frecuente que llenemos de obsequios a los hijos. La razón de ello es simple: no damos amor porque no aprendimos a recibirlo; arrastramos en la vida una carencia de afecto. Esto crea en el niño un hambre de amor cada vez más crónica, al grado que la única manera de saciarlo es con amor”, dice Arturo Ortiz.

De igual manera, los padres sobreprotectores encubren un sentimiento de incapacidad para responder a las necesidades del hijo, entonces el progenitor busca reparar ese hecho volcándose al menor, asfixiándolo al cuidarlo de más. En apariencia, este padre cree que es excelente en su tarea porque cuida, platica, juega, procura y protege mucho al niño, pero en el fondo se trata de un mecanismo inconsciente para apaciguar la angustia de no ser un papá o mamá fuerte.

Recuerda que los chicos construyen su mundo emocional a partir de cómo los adultos responden a sus demandas. Por ello, lo primordial es trabajar tus propios temores al momento de ponerle límites a tu hijo; la confianza en ti misma, autoestima y amor propio (tu empoderamiento) son tus principales herramientas para no dudar que eres la mejor mamá (o papá) que tu hijo puede tener, sin importar que trabajes fuera de casa o te dediques de tiempo completo a su cuidado.

ESTE ARTÍCULO SALIÓ PUBLICADO EN LA EDICIÓN IMPRESA DE PADRES E HIJOS EN ABRIL DE 2019, FUE REDACTADO POR MAYRA MARTÍNEZ.

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Para disciplinar a tu hijo, suelta el poder y dale más amor

Disciplinar consiste en favorecer hábitos saludables y establecer límites que permitan regular en forma positiva el comportamiento de tu hijo. En este proceso de enseñanza, papá y mamá necesitan “romper con muchos paradigmas de su propia crianza. ¿Estás lista para hacerlo?

El primero de estos paradigmas es creer que la disciplina requiere gritos, insultos o hasta golpes. También, evitar caer en el extremo de la permisividad, «donde la figura de autoridad se ve diluida y los niños crecen sin una clara referencia de límites concretos y sin las bases para una ética y moralidad en su conducta”, advierte la experta en psicología educativa Alma Rosa Martínez.

Gritar y golpear son formas de violencia que enseñan que generar miedo y dolor es una vía para controlar la conducta. En este sentido, la disciplina es la cualidad que nos ayuda a conseguir lo que queremos en la vida, a llegar sin perdernos por el camino.

Piensa que en cuestiones de disciplina no estás frente a tu hijo luchando por el poder, sino a su lado, enseñándole a no sucumbir ante la frustración; transmitiéndole con amor y seguridad las normas que rigen la vida personal y social que le ayudarán a manejarse en la vida.

MENOS PODER, MÁS AMOR

  • Disciplinar se trata de comprender el comportamiento de tu niño y la forma de abordar su actitud para guiarlo en su camino siempre de forma afectiva, pero firme y respetuosa tanto para él como para ti.
  • Para disciplinar necesitas mucha comunicación, el amor, entendimiento y la empatía; obtener las herramientas para entender el comportamiento de tus hijos (incluso cuando no es adecuado) y saber reconducirlo con respeto, sin luchas de poder.
  • La disciplina efectiva no incluye ni el control excesivo ni la permisividad desbordada. Se basa en el respeto mutuo entre padres e hijos y la colaboración, todo con la intención de enseñar a tu hijo competencias básicas para su vida.

ESTE ARTÍCULO SALIÓ PUBLICADO EN LA EDICIÓN IMPRESA DE PADRES E HIJOS EN ABRIL DE 2019, FUE REDACTADO POR JESSICA LÓPEZ CERVANTES.

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Aprende a decir a tu hijo «No» con autoridad, pero sin imponer

Evita gritos y sermones: con hechos, tu hijo debe entender por qué debe comportarse de un modo determinado. ¡Sí es posible educar y decir a tu hijo “No” con autoridad, pero sin imponer! Mira estas sugerencias.

Todos los niños necesitan límites (normas sencillas de comportamiento) claros, precisos y coherentes. Gracias a ellos tu hijo aprende a discernir entre las conductas apropiadas y las que no lo son, algo básico para vivir en sociedad.

Es importante aprender a decir “no” sin ser autoritario, de una manera que tu niño pueda entender. Recuerda que una buena disciplina fomenta la autoconfianza y el respeto por uno mismo y los demás, la clave está en ser coherente, hablar, evitar gritos innecesarios y demostrarle cuánto lo quieres.

Lo que debes hacer:

  • Sé consecuente con actitudes, palabras y gestos: la coherencia generará la confianza necesaria para que tu hijo te respete.
  • No prometas una cosa que no lleves a cabo.
  • Intenta que tu pareja y tú estén de acuerdo en cómo educar al niño.
  • Mantén una buena comunicación, aunque tu hijo sea pequeño.
  • Sean sinceros con tu hijo.
  • No impongas el “porque lo digo yo”.
  • Contesta honestamente sus preguntas y si no sabes algo, admítelo y encuentra con él una solución.
  • Escucha a tu pequeño.
  • Conecta, míralo a los ojos y responde a sus sentimientos.
  • Evita las peleas.
  • Valida sus emociones. Quiérelo mucho, dile que te importa y dale mucha confianza. Es esencial durante sus primeros seis años de vida.
  • Ponle límites de acuerdo a su edad, explícale el porqué de cada uno.
  • Transmítele valores de vida acordes a tus propias creencias.

ESTE ARTÍCULO SALIÓ PUBLICADO EN LA EDICIÓN IMPRESA DE PADRES E HIJOS EN ABRIL DE 2019, FUE REDACTADO POR MAYRA MARTÍNEZ.

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Razones por las que los castigos no funcionan con tu hijo

Tal pareciera que los niños de ahora son inmunes a los castigos; que los castigos no funcionan con tu hijo. ¿Por qué será?

El experto es neuropsicología Álvaro Bilbao responde esta gran interrogante en su libro El cerebro de los niños explicado a los padres.

  1. Cuando se castiga a los niños, se les enseña que esa es una manera válida de pedir a los demás lo que desean. Aprende que cuando se sienten frustrados por no obtener de los demás lo que quieren pueden arremeter contra ellos, quitándoles lo que quieren, hiriéndolos, haciéndolos sentirse culpables, para que “aprendan a obedecer”.
  2. Facilitan la aparición de la culpa. Normalmente, los padres levantan el castigo a su hijos cuando los ven llorar o ha pasado el suficiente tiempo para que “reaccione, o se sienta mal por lo que hizo y aprenda”. De esto, en realidad, solo asimila que sus padres lo aman solo cuando se porta bien.
  3. Facilita que el niño se forme un mal concepto de sí mismo, por tanto, mina su autoestima. Las etiquetas que suelen acompañar a los regaños y castigos acerca del modo de ser de los niños (“eres un demonio, eres un caos, un malportado…»), se le quedan grabadas en su memoria y forman conexiones neuronales. Simplemente él se la cree porque si tú que eres su cuidador se las dice, son verdad. Y actuará a lo largo de su vida adulta según lo hayas definido en esta etapa de su desarrollo.
  4. Los castigos pueden tener una reacción contraria a la que buscas, es decir, tu hijo puede aprender que solo mediante ellos recibe toda tu atención, por tanto, puede comenzar a usarlos para obtener tu tiempo y dedicación. Ocurre que para un niño que se siente ignorado o poco amado es mejor recibir un regaño que ser invisible para las personas que él ama.

Los castigos tienen más efectos negativos que los deseados por todo papá y mamá, por ello, es mejor usar estrategias más conscientes para ayudar a tu hijo a asimilar lo correcto o incorrecto. Como los límites y la disciplina positiva.

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4 claves para motivar a tu hijo a seguir las reglas

Difílcilmente tu hijo va a seguir las reglas que pongas en casa si no le ofreces algo a cambio. Es verdad: motivar a tu hijo necesita una recompensa. 

Sin embargo, esto no significa que tal recompensa o motivación deba ser material. En el libro El cerebro del niño explicado a los padres , el Dr, Álvaro Bilbao aclara que los refuerzos que realmente sirven a los padres se relacionan con el reconocimiento, tiempo y cariño, no con lo material y la comida:

«Evita ofrecer a tu hijo recompensas o premios a cambio de su compotamiento
y, por el contrario, ayúdalo a sentirse satisfecho
cuando hace lo que le pediste o se porta adecuadamente». 

Motívalo a seguir las reglas

  1. Recompénsalo cuando notes un progreso en su comportamiento, una nueva actitud nueva y positiva; cuando repare un error o quiera compartir un juguete o su comida por que así le nació.
  2. Dale su recompensa inmediata a la acción positiva que veas; así su cerebro asociará su conducta reciente con la recompensa (un abrazo o un gracias): «oh, esto es lo que mami quiere que haga y por ello me da su amor».
  3. Divide por metas chiquitas y recompensas chiquitas un objetivo mayor; es generarle pequeñas satisfacciones, además de constancia y la virtud de la paciencia; esto lo ayudará también a conseguir metas a largo plazo cuando adulto. Por ejemplo, si quieres que ponga su rops en el cesto, haz un calendario y cada día que sí lo haga, pon un carita feliz en la fecha, o en su frente, o dale el beso del «bien hecho, amor».
  4. Recompensa el cambio. No esperes a que tu hijo tenga la conducta correcta para recompensarlo; motívalo cuando haga las cosas un poquito mejor o un porquito menos mal que los días anteriores. Y dile: «que vayamos a caminar juntos es porque hoy no molestaste a tu hermano», por ejemplo.

¡Ojo! La recompensa debe darle una sensación agradable y bonita para tu hijo;

¡eso sí que lo motivará!

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¿Disciplinar a tu hijo desde los 7 meses de nacido? Sí, te decimos cómo lograrlo

Entre que no quiere comer, tender su cama, levantar sus juguetes, apagar la pantalla, dejar el celular, ponerse los zapatos, vestirse, dejar de correr por la casa… Toda una batalla diaria ocurre cuando de disciplinar a tu hijo se trata. ¿Qué hacer?

Probablemente este recurso que estamos por compartirte te sea de mucha utilidad en el tema de disciplinar a tu hijo.

LA CLAVE ES ESTABLECER RUTINAS

Las rutinas ayudan a los niños a saber de llevar un orden y ser ordenado, cumplir reglas y tener límites; le dan estructura. Por ello, si desde bebé lo acostumbras a las rutinas, cuando niño no te costará trabajo que te haga caso cuando le pidas que mantenga sus juguetes en una caja o que se lave los dientes o que cuando es tiempo de comer no se juega o que hay un límite para usar la tablet.

Aunque, esto no significa que si tienes un hijo mayorcito las rutinas no te sirvan, solo que quizá necesites más paciencia con él.

Las rutinas lo disciplinan desde bebé

Todavía hasta su sexto mes de vida es necesario que te doblegues cada vez que tu bebé quiera dormir o comer. A partir del séptimo mes podrás empezar a atenderlo siguiendo un orden (a: cuando despierte, darle de comer; luego, cambiarle el pañal; después jugar con él y por último, acostarlo para que se vuelva a dormir. Y lo mismo cada día, introduciendo de manera gradual actividades como el baño, el paseo en carriola, etcétera.

¿Cómo trabajarlas?

  1. Las actividades más importantes a incluir en las primeras rutinas son: desayuno, comida y cena; refrigerios, sueño nocturno y, al menos, una siesta. Si logras que tu
    hijo esté satisfecho en todo esto, será más fácil que se adapte luego a un determinado orden.
  2. Establece las rutinas en las horas que requieren una mayor organización, como la mañana, antes del trabajoguardería y la tarde-noche, previo a la hora de dormir. Esto redundará en menos batallas con el pequeño.
  3. Si tienes algún niño mayorcito (de cinco años en adelante), involúcralo en la planeación de las rutinas.
  4. Elabora carteles que ilustren lo más simple posible la secuencia de las actividades a realizar por tu pequeño (y por ustedes los padres, de preferencia). Esto será un
    recordatorio y motivador permanente para todos.
  5. Incluye en la rutina algo de tiempo libre para tu niño, con el propósito de que también dé rienda suelta a su espontaneidad y aprenda a entretenerse por sí mismo.
  6. Coloca recordatorios para el peque (por ejemplo, en las puertas de su cuarto) de lo que tiene que hacer en determinado periodo de tiempo. También puedes hacer
    sonar el reloj despertador para indicar que el tiempo de cierta actividad, como el juego, se ha agotado.
  7. Ya que tu niño esté bien adentrado en la rutina, prémialo cada vez que haga algo sin ayuda ni recordatorio; por ejemplo, cuando guarde un juguete después de usarlo.
  8. Recuerda, un niño necesita tomarse su tiempo para asimilar todas las nuevas cosas que lo rodean, no puede responder con la rapidez que tú quisieras ya que su
    aprendizaje es gradual, sé paciente con él.

Por Felipe Salinas