Categorías
Así Crece

Cómo reacciona un niño cuando alguien cercano muere, según su edad

Si a los adultos nos cuesta tanto entender y elaborar un duelo, con más razón a los niños. Por eso es importante conocer cómo tu hijo podría enfrentar la muerte,  según su edad, para poder ayudarlo a vivir este difícil momento. Te compartimos estos puntos acerca de cómo reacciona un niño cuando alguien cercano muere.

¿No sabes qué hacer, cómo reaccionar con tu hijo en un momento como éste?

Si le hablas de la muerte directamente o de modo velado, llevarlo al velorio, esconderle la verdad, hablarle de religión… ¿Qué hacer?

Te comparto una descripción de cómo los niños pueden reaccionar cuando alguien cercano muere, según su edad. Esto te ayudará a tener mayor claridad para entender a tu hijo y poder ayudarlo a entender su emociones y los que está viviendo.

Existen 5 criterios de compresión hacia la muerte de acuerdo con la etapa del desarrollo del niño: 

De 0 a 2 años: No reconoce la idea de la muerte, sin embargo, vive intensamente los sentimientos de separación. Puede captar el dolor de quienes le rodean, cambios de rutinas, tristeza y cambios en el contacto físico. Tip: procura no perder las rutina diaria que llevabas con él antes de la pérdida, en cuanto a sus cuidados, alimentación, hábitos del sueño, etc. 

2 a 3 años: No considera que la muerte sea algo definitivo, confunde la muerte con dormir, aún cree que la muerte es reversible. Tip: evita decirle que la persona que murió está durmiendo o que va a despertar en el cielo, tu hijo lo tomará literal.

3 a 6 años: Todavía percibe la muerte como un estado temporal y reversible, es decir, como que la persona que falleció puede despertar. Si tu hijo tiene su imaginación muy desarrollada, podría experimentar crisis emocionales ante situaciones en la que el muerto pueda regresar. Tip: Háblale de la muerte, dile que es un suceso en el que el cuerpo de la persona deja de funcionar y ya no puede volver a vivir. 

6 a 9 años: Comienza a percibir la muerte como real y que es para siempre (el muerto permanece muerto, no está dormido y no va a despertar). Quizá acepten el hecho de que alguien ha muerto y es definitivo pero aún no aceptan que deba ocurrirle a todo el mundo, sobre todo no a ellos. Tip: ayúdalo a despedirse de la persona; puedes acompañarlo a ver el cadáver, el tiempo que lo tolere y calmando la angustia que esto le provoque. Además, en esta etapa tu hijo mostrará curiosidad por los rituales de la muerte, velorios, entierros etc; permítete hablarle de la tristeza.

9 a 10 años: Comprende que la muerte es inevitable, que no puede hacer nada para evitarla y que no es un castigo, sino que forma parte de la vida. Tip: ayúdalo a entender que ni él ni nadie más tiene la culpa de que alguien muera. Aunque se muestre maduro, tu hijo puede sufrir una regresión ante el impacto de la muerte y no entender con claridad lo que sucedió aunque se lo expliques.

10- 12 años: El concepto de muerte madura casi por completo, en este momento, saber la historia de vida de la persona fallecida permite a los niños llegar al entendimiento de la pérdida. Tip: Busca platicar con tu hijo acerca del tema y observa su comportamiento social para que puedas guiar sus propias emociones.

Si notas que tu hijo reacciona de manera excesiva en sus emociones, actitudes o conducta, al grado tal que afecta sus relaciones sociales (se aísla, por ejemplo,
o está agresivo), podría considerarse un indicador de duelo patológico,
del cual te hablaré en otro artículo.

Psc. Iskra Salcido Valle, psicoterapeuta, orientadora psicológica en el IPN, presidenta de la asociación de egresados de psicología de la Universidad Iberoamericana.

iskrasalcidovalle@hotmail.com Whatsapp 55 8702-1153

Te invitamos a leer también: 

Cómo ayudar a tu hijo a superar la muerte de su mascota

Categorías
Padres e Hijos

¡Adiós vacaciones! Prepara a tu hijo para un regreso a clases feliz

Terminaron las vacaciones… ¿Ya están listos para regresar a clases? Los expertos recomiendan preparar a los niños para que el regreso a clases no se les haga pesado. Te decimos cómo. 

Algunas de las emociones que los niños experimentan en estos días previos a volver a clases son: nerviosismo, ansiedad, miedo, entusiasmo y estrés. La maestra Gabriela Cajiga Ramírez, psicomotricista y especialista en terapia infantil, te comparte algunos consejos con los que puedes colaborar para que tu hijo afronten el ¡terminaron las vacaciones, mami! y tenga un back to school muy natural.

Muéstrate contenta de regresar a tu trabajo y de que él regrese a su escuela

El aprendizaje se da a partir de momentos satisfactorios y estos se deben propiciar con ejemplos y no sólo con palabras. Si tu hijo pequeño observa tu seguridad y que tienes la mejor actitud para regresar al trabajo después de las vacaciones, también repetirá ese comportamiento.

Como mamá o papá debes hacer el esfuerzo de presentar las bondades de enfrentar estos nuevos retos y enseñarles qué haces cuando terminan los días de descanso y tienes que regresar a la oficina. Asimismo, es importante que los apoyes en cuanto a sus dudas y miedos, y les demuestres que se encuentran en un entorno seguro en el que no es malo mostrar sus emociones.

Dale tranquilidad y ánimos

Es fundamental que ejerzas tu rol de sostén familiar. Es probable que los niños digan frases como «no quiero regresar, quiero seguir contigo, no quiero ir a estudiar, quiero seguir de vacaciones…». Debes romper esas barreras y entusiasmarlo: probarles días antes la ropa o el uniforme nuevo que usarán en el colegio o levantarte un día temprano (a la hora necesaria para llegar a clases) hacer la ruta con ellos hasta su escuela, desayunar cerca y hacer un momento agradable transmitiéndoles que todo está en orden.

Alístalos con una rutina antes de la rutina.

A muchos niños les genera rechazo comenzar el colegio de nuevo porque entienden que  ya no podrán jugar en la noche o despertarse tarde. Establece una rutina con horarios antes de regresar a la escuela para que tus hijos se acostumbren: despertar pronto, tomar el desayuno, tener algunas tareas en casa o repaso de asignaturas, establecer horas de juego y distracción así como para ir a la cama. De esta forma sabrán qué esperar en una nueva etapa escolar.

Es importante que como padre o madre de familia brindes todo tu amor y apoyo a tus hijos para que afronten de manera positiva y feliz el regreso a clases, pero debes ser constante, guiarlo en todo momento y fomentarle hábitos de vida saludables.

Por Berenice Gómez

Te interesa: 14 desayunos para niños perfectos para comenzar un día divertido y saludable

Categorías
Especiales

Límites para dos, ponle fin a la rivalidad entre hermanos

Tus hijos compiten por todo: quién tiene más papas fritas en su plato, a quién le dieron el mejor regalo, a quién ama más el perro… su rivalidad es desesperante para ti, así que quizá te preguntas «¿toda la vida será así, ¡qué puedo hacer!?

Algo necesitas saber: su rivalidad es por ti. A lo mejor no te habías dado cuenta de que eres parte de la ecuación, pero es así casi siempre: el fin oculto de la rivalidad entre hermanos y de sus peleas es conseguir que des la razón a uno, quieren ser tu favorito.

Por eso, tu respuesta ante este sentimiento es fundamental justo ahora que están creciendo, pues si bien siempre sentirán tal rivalidad (hasta cuando sean adultos, porque es biológica, es decir, pelean por su territorio, que eres tú), si sabes ponerles límites desde ahora, ellos sabrán manejar este sentimiento y sobre todo, aprender de él, sacar lo mejor de él.

¿Cómo encauzar esta rivalidad?

Un ejemplo: Vas al cuarto de tu hijo mayor, ves al menor llorando, y al grandecito abrazando su juguete: «No me deja jugar, siempre quiere mis juguetes», dice el mayor.

¿Cómo reaccionar a la situación para no crecer la rivalidad, sino que aprendan lo que no deben hacer?

Al grande podrías decirle: «Sé que es duro querer jugar solo y que no te dejen; a lo mejor podrías irte en lugar de pegar».

Y al pequeño: «Comprendo tu deseo por jugar con tu hermano, pero si dice que no, debes hacerle caso».

Hay una premisa en cualquier situación de rivalidad: hay suficiente para todos. Si les transmites que hay suficiente para todos (suficiente amor, sobre todo), harás la rivalidad más llevadera. Dales seguridad evitando compararlos o tomando partido por uno u otro, atendiendo a cada uno en sus necesidades, mostrando que los aceptas en sus diferencias.

¿Están peleando?

No puedes desaparecer para que no se peleen, tampoco dividirte ni siquiera puedes ni debes tratarlos por igual, puesto que son diferentes. Pero puedes responder a su rivalidad de forma que su conflicto les sirva para crecer y aprender. ¿Cómo?

  1. Ponte en calma. Porque, de lo contrario, se puede despertar, a su vez, toda tu agresividad. Y si respondes con gran enfado, sólo avivarás el fuego entre ellos.
  2. Separa a los niños. Hace falta cierta distancia, física y emocional, para afrontar la situación.
  3. Siéntate con ellos. Asume una actitud, no de juez, sino de observador, sin tomar partido por ninguno de tus hijos ni intentar encontrar culpables.
  4. Mostrar comprensión hacia ambos y dejar que asuman su responsabilidad: qué hiciste uno y qué hizo el otro hermano. Ayudánlos a encontrar su parte en el conflicto.

¿Qué no funciona?

  • Buscar al culpables. Aunque lo intentes con imparcialidad, es inútil. Si entras en esa dinámica («a ver, quién empezó, qué hiciste tú, y tú cómo respondiste»), sólo conseguirás que intensifiquen sus peleas, ¡con la esperanza de ser elegidos inocentes!
  • Tomar partido. Es como echar leña al fuego y una fuente de injusticias. Porque, además, en el fondo jamás sabrás quién empezó y qué pasó. A lo mejor quien llora es el pequeño, pero quizá inició provocando con un gesto sutil, sabedor de que cuando grita acudes y regañas a su hermano. O al contrario. Tal vez el mayor provocó al menor con serenas y calculadas palabras («no jugaré jamás contigo»), y éste, que aún no sabe controlarse, pegó.
  • No funciona negar o inhibir la agresividad. Nuestra cultura reprime la agresividad, pero negarla o prohibirla sólo la alimenta.

Tips prácticos 

  • Deja que expresen sus sentimientos.
  • Si insisten en reclamar tu atención cada vez que se pelean, debes decirles que dejen de molestarte por tonterías.
  • Concéntrate en la solución y no en los detalles. Evita preguntas del tipo «¿por qué has pellizcado a tu hermano?».
  • Averigua por tu cuenta qué puede estar originando conflictos y establece la solución más conveniente para ambos niños.
  • Ignora los chismes. Lo mejor en esos casos es decirles: «Siento mucho que te lleves tan mal con tu hermano «.
  • Nunca les grites cuando se pelean; ni los castigues.
  • Tampoco le pongas etiquetas al niño de «peleonero», «diablito»…
  • Enséñales el valor de las palabras y que con ellas se pueden expresar los sentimientos y la ternura, pero también, producir mucho daño.
  • En el caso de niños excesivamente agresivos, toma nota de sus manifestaciones violentas para averiguar qué las provocó y encontrar el modo de evitarlas.
  • Enseña a tus hijos a permanecer en calma ante una provocación.
  • Felicítalos cuando cooperan entre ellos, jueguen y se lleven bien.