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Ser Bebé

La verdad sobre las canciones de cuna

Las canciones de cuna no son algo nuevo: existen desde hace milenios y provienen de diferentes culturas. Son muy populares porque no hay nada mejor para dormir y tranquilizar a los bebés, incluso en el vientre materno.

¿Por qué a los bebés les gustan tanto las canciones de cuna?

Los bebés comienzan a desarrollar sus sentidos desde el útero, tanto los fìsicos como los del sistema límbico (es decir, el que controla las emociones). Un bebé es capaz de escuchar y reconocer las voces de sus padres desde la semana 20 de embarazo, y también puede identificar sonidos musicales o ambientales, los cuales lo relajan.

Ahora, imagina si combinas ambas cosas: una melodiosa canción de cuna cantada por la voz de sus padres, no sólo significa relajación, además reflejan amor y protección para el pequeño.

Las canciones de cuna no sólo sirven para tranquilizar a los bebés, también son un reconocimiento y fortalecimiento del vínculo entre él y sus padres. Si un pequeño de pronto siente miedo, les duele algo o se sienten extraños en un entorno, una canción de cuna cantada por sus padres los hace recuperar la calma y sentirse seguros.

Los efectos de las canciones de cuna, también llamadas nanas, se deben a su ritmo tranquilo, suave y monótono, muy parecido al sonido del flujo sanguíneo y los latidos del corazón de mamá. Según estudios, la frecuencia cardiaca y la respiración de los bebés disminuyen mientras escuchan canciones de cuna, lo que les ayuda a conciliar el sueño.

Una canción de cuna debe ser casi un susurro si los bebés tienen menos de 6 meses, debido a que sus tímpanos son muy sensibles. Si necesitas que duerma, ve bajando poco a poco la voz hasta que sólo haya silencio. Así lo acostumbrarás poco a poco a dormir sin la necesidad de un arrullo.

También para ti será un placer ver cómo duerme después de cantarle muy bajito. Disfruta mucho este momento.

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Lactancia

5 problemas en la lactancia y su solución

Durante los primeros días de lactancia pueden surgir complicaciones, sobre todo si eres mamá primeriza. No te angusties. Todas tienen solución y no son motivo para abandonar esta maravillosa experiencia.

Existen circunstancias añadidas, por una enfermedad del niño o de la madre, o por otros motivos, que pueden entorpecer el inicio de la lactancia. Lo ideal es empezar a amamantar cuanto antes y, si en el hospital no te sido posible, buscar ayuda al llegar con tu bebé a casa; puedes preguntar a una enfermera o a un grupo de lactancia. No te rindas, intenta estas soluciones.

Aquí los problemas más frecuentes de lactancia que tiene solución:

1. Mamas congestionadas:

Los pechos se hinchan por dos motivos: la acumulación de leche y la inflamación de los tejidos. Muchas veces se juntan los dos factores y uno u otro predomina según el caso. Cuando predomina la acumulación de leche, el mejor tratamiento es sacarla. Pero cuando predomina la inflamación, el sacaleches es contraproducente, pues lo único que consigue es atraer el líquido hacia el pezón y dejar la zona todavía más hinchada, lo que comprime los conductos e impide que salga la leche.

Por eso, en la ingurgitación suele ser más útil sacarse la leche con la mano que con un sacaleches. Con la mano, el pezón y la areola no se hinchan más, sino que se vacían. Muchas veces, es necesario comprimir durante diez minutos la zona de la areola para desbloquear los conductos y poder sacar la leche.

2. Pezones planos e invertidos:

Los bebés, en general, pueden mamar aunque el pezón sea plano o invertido. El pezón sirve, sobre todo, como señal táctil que le indica a tu hijo dónde debe succionar. Si todo el pecho es redondo como una pelota, sin nada que sobresalga, sí le costará más encontrar el sitio exacto; pero lo encontrará si le ayudas. La mayoría de los pezones que son planos o invertidos, salen por sí solos a lo largo del embarazo sin necesidad de hacer nada y sobresalen totalmente normalmente en el momento del parto. Y si no, los saca el niño en pocos días al succionar.

3. Sale mucha:

Durante los primeros días, a veces, hay un cierto exceso de leche que pronto se corrige. Cuando el bebé no succiona bien, por una mala posición o por culpa del frenillo, el cuerpo de la mamá responde produciendo un exceso de leche, que sale a chorro y hace que el pequeño se atragante. Poco a poco, la toma se normalizará, igual que la cantidad de leche que produces.

4. Sale poca:

El peso de tu bebé es lo único que te puede decir si de verdad come suficiente, o no. Si tu hijo engorda, no importa lo blandos que parezcan los pechos o lo poco que goteen: si engorda es que está comiendo, y punto. Si no engorda, conviene buscar un profesional o una asesora de un grupo de madres que te ayude a encontrar la causa del problema y, mientras tanto, sacarte la leche y ofrecérsela a tu bebé.

5. Infecciones del pezón:

Normalmente, las grietas solo duelen mientras el niño succiona, pero siconsigues una buena posición te dejarán de doler. Cuando el dolor persiste e incluso aumenta, aunque tu bebé suelte el pecho, puedes sospechar que el pezón está infectado. Antes se pensaba que eran infecciones por hongos (cándidas), pero parece que en casi todos los casos no son hongos, sino bacterias.

Todavía no está claro cuál es el mejor tratamiento en estos casos: una pomada antibiótica, o antibióticos por vía oral, o incluso lactobacilos por vía oral. En todo caso, es preciso buscar la causa, que suele ser una mala posición.

Aunque la lactancia es un proceso natural, es normal tener dudas
y también molestias si el bebé no toma bien. Una buena opción es resolverlas
en acudir a un grupo de apoyo a la lactancia.

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Ser Mamá

5 cosas que te están impidiendo disfrutar el ser mamá

Estás cada día de tu vida con culpa por dejar a tu hijo con sus abuelos o por llegar tarde a casa; estás en tu oficina y en la mente tienes todos los pendientes de la escuela de tu niño o las recomendaciones que su maestra te dijo para que avance en su desempeño; quizá piensas que nadie te puede ayudar porque “si no lo haces tú no saldrá bien”… Lo mejor en este caso es que te preguntes si realmente disfrutas el ser mamá.

Revisa estos nueve puntos que tal vez te están impidiendo gozar de tu maternidad, de tu hijo y de tu familia al máximo. Ponlos en análisis, ve si te checan y pon manos a la obra: ¡hay que cambiarlos!

¿Disfrutas el ser mamá?

Eres muy autocrítica.

Sueles fijarte en todos tus defectos como mamá. Te exiges y te esfuerzas tanto que cuando no cumples lo que te propusiste o esperabas te deprimes. Lo mismo ocurre cuando tu hijo no cumple con las expectativas escolares, pues eso te hace sentir que es por tu culpa. Nada es perfecto, justo esta es la idea que debes comenzar a trabajar.

Sueles autoabandonarte.

¿Cuándo fue la última vez que dijiste “amorcito, aquí está tu hijo, me voy a pasear”. Estás tan al pendiente todo el tiempo de tu hijo que te olvidas de tus necesidades. Las necesidades de tu niño son primordiales, pero nada pasa si al menos una vez al mes te permites olvidarte que eres mamá. Di “no puedo”. Para lograrlo necesitas trabajar mucho tu angustia por la opinión ajena, la crítica de los demás, o de si te dan o no su reconocimiento.

Te autosaboteas.

Tiendes a mirar lo que tienen los demás y perder de vista todo con lo que tú cuentas. De hecho, piensas que los otros son mejores que tú: tu amiga es mejor mamá, tu vecina es mejor mamá, ellas tienen hijos bien portados… En tu cabeza tal parece que solo habita la carencia. Necesitas empezar a llenarte de lo bello que ya tienes en la vida: tu hijo, único e irrepetible.

Te aíslas.

En tu afán de ser la mamá perfecta y que todo lo puede, puedes estar alejando a los demás de tu mundo, pues además te sientes poco valorado y ayudada. Pero si no les dices cómo te sientes y, sobre todo, que necesitas de su ayuda, ellos nunca sabrán que te hacen falta. Expresa lo que necesitas.

Autodevaluación.

Al final, tanto cansancio te lleva a cometer errores en todos tus entornos y a no rendir lo necesario. Tu gran temor se hace realidad. Y entonces, te descalificas más y eso te deprime más. No te permitas llegar a este punto. Aprende a conocerte y date el respiro que necesites cuando te haga falta, para parar y descansar.

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Instinto maternal, la fuerza que te ayuda a cuidar de tu bebé

Hay mujeres que afirman que decidieron ser madres cuando el instinto maternal llamó a su puerta, otras dicen haber tenido ese deseo desde siempre y algunas más, que no lo han sentido, ni lo sentirán. También, hay quien afirma que el verdadero instinto maternal aparece en cuanto se mira la carita del bebé; aunque, en realidad, ese torrente de sentimientos que nos despierta el recién nacido tendría más que ver con el vínculo y el amor que sentimos hacia él.

¿Qué es entonces el instinto maternal? ¿El deseo de tener hijos? ¿Ese sexto sentido que afirman tener muchas madres para detectar que su bebé las necesita? ¿Es algo reservado solo a las mujeres, o los hombres también sienten algo especial que los lleva a ser padres?

La realidad es que los expertos no se ponen de acuerdo ni en cómo definirlo. En general, los autores aseguran que si entendemos como instinto maternal la idea de que todas las mujeres quieren ser madres, este no existe; pero si, por el contrario, nos referimos al instinto como la cualidad para cuidar al bebé sin experiencia previa, acertamos. El debate está servido.

¿Impreso en los genes?

La psicóloga Natalia Valverde, del Centro Calma de Madrid, España, explica que “para algunos estudiosos del tema, tener hijos es la meta biológica por excelencia de las mujeres y donde encuentran su máxima plenitud. Sin embargo, otros piensan que el deseo de tener hijos nos viene dado por la sociedad”. Por ejemplo, la reconocida filósofa francesa Elisabeth Badinter, madre de tres hijos, afirmó desde 1981 que “al contrario que los animales, los humanos no poseen instinto maternal y que este es un mandato cultural”.

La socióloga israelí Orna Donath ha desatado un encendido debate en las redes sociales con su libro Madres arrepentidas. Orna, de 41 años, harta de que le digan que se arrepentirá de no haber tenido hijos, ha declarado que “el instinto maternal no existe y que hay una fuerte presión social para ser madre”. La socióloga afirma que “el sentimiento de protección que desarrollamos por un bebé no tiene por qué ser equivalente al instinto maternal y que, en todo caso, si existiera no sería algo exclusivo de las mujeres, pues la prueba está en las parejas gays que adoptan hijos”.

La doctora Ersilia González Carrasco, pediatra neonatóloga del Hospital Severo Ochoa, en España, también opina que el papel de la biología es indiscutible, “ya que al fin y al cabo somos animales con roles de reproducción para la supervivencia de la especie”. Por su parte, Mar Escarpa, responsable de matronas del mismo hospital, añade que “en las mujeres, este instinto es una respuesta biológicamente condicionada por las creencias, la cultura y la sociedad. Por eso, cada vez son más las mujeres que ven el hecho de convertirse en madres como una elección y no como algo incuestionable dentro de sus vidas”.

Entre ambos argumentos, el biológico y el cultural, la especialista Natalia Valverde opina que tanto uno como otro son las dos caras de la misma moneda: “por un lado, está nuestro instinto de procrear, las mujeres venimos al mundo preparadas para quedarnos embarazadas y cada mes, desde la menarquia a la menopausia, la menstruación nos lo recuerda. Por otro lado, qué duda cabe, la presión social está ahí y parece que el mensaje es que si no tienes hijos, no eres normal y algo te pasa…”

¿Un vínculo único?

La otra acepción del instinto sería la que lo entiende como vínculo y que tiene que ver con lo que el pediatra y psicoanalista inglés Donald Winnicott llamó “preocupación maternal primaria”, que es un estado emocional en el que la madre reciente no hace más que pensar en su bebé. Además, le aparece una sensibilidad especial para detectar lo que le pasa y así poder calmarlo y darle lo que necesita (“¡es increíble, me despierto segundos antes de que mi pequeño llore! Parece que tuviera un sexto sentido”, dicen muchas madres). Todo surge de manera espontánea, sin preparación previa.

“Esto suele ocurrir así la mayoría de las veces, pero puede ser que la madre no sienta una unión especial con el recién nacido o perciba que no lo entiende – explica Natalia Valverde-. Aunque normalmente, con el tiempo, va conociendo a su hijo y lo va queriendo cada vez más”. La experta también opina que el instinto maternal tendría, en realidad, más que ver con el vínculo y el sentimiento de protección hacia los hijos que con el deseo de ser madre: “el vínculo madre-hijo (o padre-hijo) es un instinto biológico que garantiza la supervivencia y la protección de la especie. Es algo inconsciente. No se provoca, sino que ocurre. De hecho, los lazos emocionales son cruciales para el desarrollo del bebé porque capacitan a los padres para preocuparse por su cuidado”.

Quizá, por ello, se han escrito ríos de tinta acerca de la importancia de fortalecer este vínculo desde la gestación (hablando al bebé aún en gestación, poniéndole música, acariciando la pancita…), sobre todo, no despegándose del recién nacido desde el mismo momento en que llega al mundo. El ginecólogo francés Michel Odent, conocido por impulsar la necesidad de que madre e hijo hagan piel con piel ya en el quirófano, asegura que esta práctica favorece enormemente el vínculo y además ayuda a iniciar la lactancia.

¿Creación biológica?

En todo este proceso de apego, en el que la madre y el bebé se van enamorando uno del otro día a día, también juegan un papel muy importante las hormonas. El trabajo realizado por un grupo de Neuroanatomía Funcional (NeuroFun) de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Jaime I de Castellón, en España, llegó a la conclusion de que hormonas como los lactógenos placentarios y la prolactina generan en la mujer algunos cambios en la función mental durante la etapa de gestación, que provocan se incremente la motivación para proteger, alimentar y cuidar a los hijos.

La doctora Fermina Liza Román Alameda, en su blog Psicología perinatal afirma que “lo que conocíamos antes como instinto materno, hoy día sabemos que no es otra cosa que la liberación hormonal, siendo la oxitocina o la popularmente llamada “hormona del amor” la protagonista de los sentimientos y cualidades maternales necesarias para defender y preservar la vida del bebé que acaba de nacer. El estrógeno y el cortisol también intervienen en los vínculos de apego”.

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Tus 10 superpoderes de mamá

¡Sí, tú eres una mujer real! Pero con toda una dotación de habilidades, talentos, capacidades…que la maternidad te ha venido proporcionando. ¿Lo has notado? Si no, te dejamos esta lista de grandes virtudes que te caracterizan como mamá, que te hacen toda una heroína (creételo); de hecho, para tu hijo ¡tu eres su supermamá!

El rol de una super heroína es un gran desafío, pero aun así lo juegas: atiendes a tu hijo (física, emocional, psicológicamente…), tu casa, tu pareja; a menudo una jornada laboral fuera del hogar y tareas domésticas, ¡uf!, aunque al final del día caigas rendida. ¿¡Cómo puedes!? Gracias a una serie de «superpoderes» o cualidades que en circunstancias normales las mujeres desarrollamos (o se nos agudizan), precisamente a partir de la experiencia de la maternidad.

Reconoce en ti, si no todos, por lo menos varias de estas virtudes maternales

Ubicuidad

Aunque estés en la oficina, o el dentista, también estás junto a tu hijo, ya sea a través de las instrucciones que dejaste escritas en el refrigerador, para quien lo cuida en casa, o bien, dentro del biberón que preparaste con todo cariño y pulcritud, y que, junto con el niño, se fue a la guardería, o mediante el entorno físico «a prueba de accidentes» que has construido en tu casa, o… ¡Sí!, desde que eres mamá, estás delante, al lado y detrás de él… aunque te halles en otra parte.

Humildad

Si de los adultos es molesto recibir críticas, aun cuando son dizque «constructivas», escucharlas de la descendencia puede resultar un tanto vergonzoso: «¡Ay mami, dices muchas groserías!», «¡otra vez se te hizo tarde!», «¿estás embarazada?» (cuando obviamente ni por error), «¿por qué le dijiste una mentira a mi abuelita?»… Y sin embargo, aguantas. Es más, consideras modificar aquello que provoca los cándidos cuestionamientos de tu retoño, porque en el fondo de tu corazón deseas ser un buen ejemplo para él.

Empatía

¿A qué mamá no se le han contraído las entrañas frente al dolor de pancita que aquejaba a su hijo, o ha sufrido por culpa de un pequeño tirano que en la escuela agredía a su nene? ¿Habrá alguna que no hubiera preferido que esa abeja encajara su aguijón en su brazo y no en el de su hijo? La maternidad es quizá la experiencia que más oportunidades brinda la vida para sincronizar con las emociones de los demás, en especial con tu sangre.

Liderazgo

Por cuestiones hormonales, tu cuerpo y mente te pide ser generosa, escuchar con atención, estar al pendiente y administrar toda clase de recursos; al mismo tiempo, tu mayor gratificación es ver crecer a una persona (tu hijo) y facilitar su desarrollo. Por todo esto, como dice Marta Romo, ejecutiva de Eurotalent (consultoría en coaching empresarial) y autora del libro La mujer líder, «la maternidad es la mejor escuela de liderazgo femenino».

Entereza

Hay que reconocerlo, la maternidad es, a menudo, muy cansada: no hay vacaciones ni días festivos y, aunque estemos resfriadas y al borde del colapso, las necesidades de nuestros retoños van por encima de todo. Seguir adelante en tales circunstancias es lo que nos hace personas más fuertes, desinteresadas, completas y capaces de amar incondicionalmente.

Afabilidad

Según reportes de entusiastas madres de familia, desde que adquirieron esta condición vibran más de emoción ante una nueva flor, perciben con mayor nitidez los colores del paisaje y reaccionan con más filosofía (inclusive con placer) cada vez que el viento les deshace el peinado. No hay duda y ellas lo reconocen: semejante cambio sólo puede atribuirse a la convivencia mueganesca que como mamás tienen con sus hijos; de quienes han aprendido las artes de redescubrir el universo y vivir el presente en su máximo esplendor.

Expresividad

Es sorprendente cómo a muchas mujeres dizque fuertes de carácter, la maternidad las vuelve verdaderos manantiales de emoción, capaces de romper en llanto al son de «Mamá», de Timbiriche, y de ponerse azules si su bebé se estira una micra menos que el de la vecina. Ocurre que la maternidad las sensibiliza para responder a las necesidades de su hijo.

Paciencia

¿Cuántas veces tu hijo te pide repetir «Toy Sory» al día durante 36 días; ha reclamado su disfraz de Spiderman o cualquier Avenger; se ha estado privando cada vez que no juegas con él a las escondidillas y se contorsiona cuando no le compras paleta de hielo rumbo a casa de su abuelita? ¿Y quién es la única persona que puede comprenderlo y complacerlo? ¡Supermamá!

Energía pura

Según un estudio realizado en Richmond, Virginia, EU, el alto flujo de hormonas como oxitocina y estrógeno durante el embarazo y parto produce conexiones cerebrales que hacen mucho más fuertes y ágiles a las mamás. En la investigación se revela que esta transformación dura toda la vida; no obstante, en ella también se reconoce que no en todas las mujeres se da, probablemente por un déficit en la corriente de estas sustancias al cerebro.

Intuición

Este poder, cuyos beneficios llegan a ser los mismísimos de una medicina de patente, lo puedes reconocer de muchas maneras: cuando captas que tu hijo está triste, cansado o enfermo, cuando sabes exactamente qué necesita, se lo das y él se tranquiliza,  al descubrir sus talentos o simplemente guardando silencio para permitir que hable o se exprese según su edad. ¡Es mágico!

¿Te gustaría ser mamá de un segundo niño? Mira cómo prepararte. 

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Estimular la vista de tu hijo desde recién nacido, ¡le crea grandes beneficios!

Los bebés vienen al mundo muy preparados para aprender: tienen una enorme capacidad innata de percepción y están ansiosos por recibir estímulos. No hay más que ofrecérselos. Al estimular la vista de tu hijo desde esta edad, despiertas su atención, lo haces feliz y potencias su inteligencia.

Mirar los hace más despiertos

Aprender significa establecer conexiones entre las células nerviosas en el cerebro, que se van haciendo más complejas con el tiempo. Cuanto más variadas sean las impresiones sensoriales que el ser humano recibe, más complejas serán las estructuras que se forman entre las células nerviosas. Por el contrario, las conexiones poco utilizadas se atrofian y se produce un déficit cognitivo permanente.

Michael Kavek, un psicólogo evolutivo de la universidad de Bonn, Alemania, quien investiga la capacidad de percepción de imágenes en profundidad que tienen los niños, explica que a los recién nacidos les gusta ya mirar algo.

“Desde el principio son capaces de distinguir caras y colores”; con lo que ven, ellos se hacen una especie de archivo de imágenes en la memoria. “Si se les muestra la misma imagen una y otra vez, desvían la mirada: no la miran porque ya la reconocen. Pero una nueva imagen o un nuevo color, sin embargo, supone un nuevo estímulo”, explica el Dr. Michael Kavek.

Este especialista recomienda mostrar a los bebés cuentos con sencillas estampas a partir de las seis semanas de vida; lógico, las mismas deben ser grandes y tener contornos bien definidos, si no es así, podrían confundir a los bebés que aún no tienen la visión completamente desarrollada.

También advierte que las representaciones de la televisión no sirven, ya que reproducen imágenes tridimensionales en dos dimensiones y los bebés no son capaces de descodificarlas.

Y añade que la percepción visual del niño también se estimula desde el principio mediante objetos que se mueven, por ejemplo, los móviles que se colocan sobre la cuna o las cajas de música.

Te dejamos estos juegos divertidos para estimular su vista y pases un buen rato con tu bebé; aprovecha después de alimentarlo (si no se queda profundamente dormido), o en esos momentos en que le cueste trabajo dormir para ayudarlo a relajarse. 

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¿Cuándo comenzar a hacer yoga con tu bebé?

Quieres hacer yoga con tu bebé porque además de ayudarte a guardar la línea después del parto, sabes que te ayudará a mejorar tu desempeño como mamá; pero, ¿cuándo comenzar a ponerse en movimiento?

Para Nicole Bishop, practicante de Hatha Yoga (un tipo de yoga) desde hace más de 10 años: «Practicar esta actividad con el bebé hace a las mamás más intuitivas y serenas a la hora de atenderlo, y al pequeño lo ayuda a conectarse mejor con su nuevo medio, de una manera más sana, amable y natura». Por ello, pon en marcha estos consejos; te ayudarán a iniciar del mejor modo para ti y tu bebé.

¿Cuándo empezar?

Como al principio lo más importante no es el ejercicio físico sino la vinculación con el niño, no necesitas estar completamente recuperada del parto para empezar a realizar posturas yóguicas, siempre y cuando la fuerza de éstas no recaiga sobre el abdomen.

El peque, por su parte, también puede beneficiarse con esta disciplina desde los primeros días de su nacimiento.

Puedes comenzar, por ejemplo, recostándote junto con el pequeño y colocando una de tus manos sobre su ombliguito, mientras colocas la otra sobre tu abdomen, cierras tus ojos y te concentras en el ritmo de la respiración de ambos. Es una forma completamente inofensiva (y muy yóguica) de hacer conciencia sobre la llegada de ese pequeño ser a tu vida.

Desde luego, los ejercicios cuya fuerza recaen directa o indirectamente sobre los  músculos del abdomen, debes dejarlos para después; a partir del mes y medio tras el nacimiento del nene, si el parto fue vaginal, y para después del segundo mes posparto, en el caso de que haya nacido por cesárea.

De hecho, practicar yoga con el nene debe ser una actividad relajada, tranquila; si al principio él se rehusara a cooperar, no te preocupes, pospón la sesión y, en tanto, disfruta dándole tu atención, percibiendo su ritmo cardiaco, mirándolo…

Por Felipe Salinas