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11 formas en que los hombres pueden llegar a ejercer la violencia

Los modos de ejercer la violencia pueden ser muy sutiles, casi imperceptibles y pueden dañar tu salud emocional, mental y física. Te decimos cuáles son las formas en que alguien puede ejercer la violencia; asegúrate de no practicarlas tú ni permitir que las apliquen contigo.

Formas de ejercer la violencia

El competidor celoso. Siempre intenta quedar por encima de las mujeres poniendo en tela de juicio todo lo que dicen, así provoca discusiones continuas en un intento de tomar el control y demostrar su superioridad.

El volcán. Es el pasivo-agresivo, engañosamente tranquilo, pero a punto de entrar en erupción mortal. Lo guarda todo, nunca dice lo que siente. Si está triste o molesto tú no lo sabrás, pero mientras tanto lleva un exhaustivo registro mental de todo, y cuando se llena y ya no puede más, explota.

El sabelotodo. Es arrogante y presuntuoso, está seguro de que él tiene todas las respuestas. Siente que es más listo que los demás, que sus opiniones y convicciones morales son las únicas que valen y las que debería adoptar todo el mundo.

El mentiroso. Suele ser seductor, manipulador e infiel. Es siempre muy halagador y muy cortés. No confíes nunca en lo que dice. Se dedica a alimentar tu ego. Pero ojo, tiene una habilidad única para cambiar el sentido de tus palabras, darle vuelta a un argumento y utilizarlo en contra de ti.

El obsesivo del control. Furioso y déspota, se dedica todo el tiempo a controlarte diciéndote lo que tienes que hacer y cómo tienes que hacerlo. Te intimidará con su enojo e ira, llegado el punto, incluso, puede mostrarse agresivo en algunas ocasiones.

El entrometido. Es sizañoso y traidor. Intenta manipular cualquier situación e incluso a ti misma para aprovecharse y conseguir que hagas las cosas a su manera, te parezca o no. No es nada diplomático y se aferra con decisión a sus opiniones.

La víctima. Es tan autodestructivo que lo ve todo negro. Siempre ve la parte negativa de las cosas y espera lo peor. Se ve a sí mismo como una víctima indefensa que no puede hacer nada para cambiar su situación. Culpa a los demás por lo que le sucede.

El espantapájaros. Es débil y sin iniciativa. No es proactivo. Incapaz de tomar una decisión sobre algún asunto y se ve arrastrado por la opinión de la gente. Vive con miedo y nunca creará ningún conflicto ni se reivindicará a sí mismo ni a ningún otro.

El narcisista. Egocéntrico, su lema es: yo, mi, a mí, conmigo y para mí. Su preocupación es él mismo. Él es el centro del universo y espera que tú lo consideres así. Lo único que le importa de ti es lo que le afecte o tenga algo que ver con él.

El congelador emocional. Es frío y no muestra ninguna emoción. Deja ver muy poco de sí mismo y es un hombre de muy pocas palabras. Así que nunca sabes lo que piensa o realmente siente. No es, en absoluto, una persona que inicie las conversaciones.

El sociópata. Este es el tipo más tóxico y peligroso. Tiende a ser desorganizado. Algunos de sus rasgos particulares son: locuacidad y encanto superficial, sensación de autovalía, mentira patológica, entre otros. Son personas muy trastornadas que pueden causar un gran daño o incluso amenazar la vida.

Una esperanza

Es importante que la persona que identifica que está encadenada en una relación violenta sepa que hay una salida. Pero es necesario que reconozca que, como cualquiera, tiene debilidades y fortalezas y que requiere asumir la responsabilidad de trabajar en su propia autoestima, es decir, valorar el conjunto de rasgos corporales, mentales y espirituales que forman su personalidad. Para ello necesita:

  1. Aceptar lo que es.
  2. Aprender a poner límites; una frontera que marca hasta dónde permite que alguien entre a su territorio emocional y que también limita su actuar en el aspecto emocional de los otros.
  3. Cambiar hábitos que le hacen mucho daño.
  4. Aprender a autovalorarse, nunca es tarde.
  5. Encontrar las razones para sentirse valiosa y también los espacios para ser respetada y valorada.

Existen terapias y grupos de reflexión o autoayuda que pueden acompañar este proceso. Aunque nunca se llegará a ser perfecto, es importante renovarse y repararse a sí mismo para lograr una auténtica aceptación y superación. 

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10 acciones que NO debes hacer cuando tu pareja te aplica «La Ley de Hielo»

No caigas en su chantaje. Si después de una discusión tu pareja te aplica La Ley del Hielo (te retira la palabra), o evidentemente está enojado contigo y cuando le preguntas «¿qué tienes?» te responde «nada», evita caer en esta clase de chantaje.

¿Qué puedes hacer o decir en tal caso para no agrandar el conflicto, darle su tiempo de reflexión y cuidar de ti en tal caso de violencia (velada)? Lo mejor, dice Susan Forward en su libro Chantaje emocional  «es ceñirte a los principios de la comunicación no defensiva y ser consciente de las siguientes cuestiones:»

Te decimos:

  1. No esperes que tu pareja dé el primer paso para resolver el conflicto.
  2. No le supliques que te diga qué le pasa
  3. No insistas en que te dé una respuesta, pues se replegará todavía más.
  4. No critiques, analices ni interpretes sus motivos, su carácter o su incapacidad de ser directo.
  5. No aceptes voluntariamente los reproches sobre lo que lo ha alterado a fin de que esté de mejor humor.
  6. No permitas que cambie de tema.
  7. No te dejes intimidar por la tensión y la cólera imperantes.
  8. No permitas que la frustración te lleve a plantear amenazas que, además, no vas a cumplir.
  9. No supongas que si se disculpa, sus palabras irán acompañadas de un cambio significativos de comportamiento.
  10. No esperes grandes cambios de personalidad por mucho que reconozca lo que hace y esté dispuesto a trabajar sobre la cuestión. Recuerda que el comportamiento puede cambiar y que no suele ocurrir con los estilos de personalidad.

Estas acciones ayudan a a romper con el patrón de aquellas personas que suelen recurrir al chantaje callado y colérico que se demuestra con la llamada Ley de Hielo. Algo que es exaSperante para ti, por supuesto, ¡te dan ganas de estrangularlo! Pero, poco a poco, él entenderá que no logrará su propósito mediante tal actitud y, por tanto, que aunque tenga todo el derecho de encolarizarse, solo con la comunicación pueden hallar como pareja una solución a cualquier conflicto o malestar personal. 

Ayuda a tu hijo también a no ceder a los chantajes

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