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Castigos, para cuando todo lo demás ha fallado

Es necesario empezar a corregirlo, pero la guía y regaños no siempre dan resultado y, aunque la idea del castigo te molesta e inquieta, te preguntas si no será algo necesario.

HE AQUÍ LA RESPUESTA

Con los niños, las reglas del juego tienen que ser muy claras y la autoridad que ejercen los papás no debe dejar lugar a dudas. Si los pequeños ignoran cualquiera de las dos, es momento de pensar en un método más efectivo.

Primero… necesitas cerciorarte de que fuiste clara y congruente en las indicaciones. Por ejemplo, decirle:

“Esto no se toca porque mamá lo necesita para hacer su trabajo; si lo tomas, ella no podrá realizar sus tareas y puede tener problemas . Si lo vuelves a hacer tenemos que castigarte hasta que entiendas. ¿Me puedes repetir lo que te dije?”.

Segundo… debes conservar la calma para castigarlo desde un buen lugar, si es el caso. Es decir, si te dejas llevar por el enojo, la desesperación o frustración, lo más probable es que la intención didáctica que debe tener un castigo positivo se pierda.

Además, desde una emoción descontrolada podrías poner correctivos exagerados y que también te serán casi imposibles de cumplir: “Nunca más visitarás a tu prima”, “Voy a castigar absolutamente todos tus juguetes”, “Se acabó el helado para ti”.  Recuerda que los castigos deben ser consecuencias, por tanto sí necesitas cumplirlos.

Tercero… mientras tomas aire, pregúntate:

  1. ¿Por qué está mal esto que hace mi hijo?
  2. ¿Cuáles son las consecuencias reales de su conducta?
  3. En una escala de 1 a 5, ¿qué tan grave es lo sucedido?
  4. ¿Le he advertido con anterioridad que si hace esto sería castigado?
  5. ¿Qué tipo de castigo le permitiría darse cuenta de que esto es incorrecto?

Lo anterior te dará tiempo de poner las cosas en perspectiva y tomar mejores decisiones.

ESTE ARTÍCULO SALIÓ PUBLICADO EN LA EDICIÓN IMPRESA DE PADRES E HIJOS EN ABRIL DE 2019, FUE REDACTADO POR JESSICA LÓPEZ CERVANTES.