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Por muy mal que se porte, no le pegues a tu hijo

Por muy mal que se porte, no le pegues a tu hijo, porque aunque de alguna extraña forma siga siendo «aceptable» que los papás golpeen a su hijo NO está bien.

¿Qué harías si un desconocido le pega a tu hijo? ¿Si un policía te golpeara por cometer una infracción? ¿Si tu pareja te pusiera una mano encima? ¿Si tu jefe te diera una cachetada por no entregar algo a tiempo? ¿Aprobarías estas formas de violencia?

Toma en cuenta que todos los niños hacen travesuras y que les toma tiempo aprender a comportarse de una forma «correcta», pero de ti depende, eliminar la violencia en casa.

Cuando le pegas a tu hijo…

Le enseñas que cualquier persona puede pegarle.

Que no merece respeto.

Que los más fuertes tienen derecho a imponer su voluntad.

Que no sirve platicar, porque todo se resuelve a golpes.

Que los golpes son muestras de afecto porque es “por su bien”.

Las amenazas, golpes y gritos te quitan autoridad.

Generas desconcierto en el niño y una atracción por el conflicto.

Tu hijo se aleja de ti.

Por muy mal que se porte, no le pegues a tu hijo

Debes estar consciente de cuáles son tus dificultades para educar a tu hijo y ten en mente que tu hijo es tu espejo, si ve que mamá y papá pelean, golpean, gritan… él también lo hará.

  1. Encuentra el equilibrio entre ser un papá amoroso y estricto.
  2. Sé más democrático.
  3. Incluye a tu hijo en las decisiones familiares.
  4. Participen en pareja en la educación de su hijo.
  5. Explícale a tu hijo qué quieres y por qué de buena forma, sin gritos ni groserías.
  6. Observa a tu hijo. Toma en cuenta el tiempo que emplea en hacer travesuras, tal vez sea una evidencia de que lo dejas mucho tiempo solo y su conducta es respuesta a tu descuido o falta de atención.
  7. Dile un “no” firme, sin discursos.
  8. Explícale con calma, lo que no debe hacer.
  9. Que en tu casa exista un equilibrio, que no todo sea “no” pero tampoco todo “sí”, pon límites.
  10. Si algo no queda claro, explica a tu hijo varias veces pero no toleres insultos o violencia entre hermanos.
  11. Busca la forma de comunicarte con tu hijo, escúchalo, hazle saber que es importante para ti el saber cómo se siente.

Adelantarte a un berrinche te salvará de caer en golpes
y gritos derivados de perder la paciencia.

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Enseña a tu hijo a no ceder a los chantajes de sus amigos

A esta edad son muy habituales los chantajes entre amigos («si no me das ese juguete no te invito a mi cumple»). Te proponemos explicar a tu hij@ lo que son y animarlo a permanecer firme y no ceder a las presiones de los demás. Hacerlo fortalece  el concepto que empieza a desarrollar de sí mismo.

¿Qué es un chantaje?

Se considera una forma de maltrato psicológico mediante el cual se influye en las decisiones y acciones de otra persona. Los involucrado tienen una cercanía emocional (como en este caso, los amigos de tu hijo), justo eso facilita al chantajista lograr sus propósitos, además de que su víctima suele manifestar dificultad a decir no y de defender su criterio; una baja autoestima.

Por supuesto, es dañino para el bienestar emocional de la víctima, porque se ve forzada a actuar en contra de su voluntad (aunque piense que aquello que le pide hacer el chantajista es incorrecto: «miéntele a la profesora o dejas de ser amigo», su necesidad de ser aceptado o amado lo lleva a ceder al chantaje) y se deja influenciar muy fácil. Esta condición provoca que su autoestima se debilite aún más, porque se percibe como débil e incapaz de defender lo que realmente quiere, siente y piensa. ,

¿Qué debes hacer?

  1. Fortalecer el autoestima de tu hijo; enseñarle que él es capaz de salir adelante por sí mismo, que sus sentimientos y pensamientos valen.
  2. Hacerle saber que no está solo, que cuenta con sus padres para solucionar cualquier problema que se le presente.
  3. Darle tu confianza; tu hijo necesita sentir que tú, como mamá o papá, le creen y puede contarles cualquier cosa.
  4. Asegurarte de que sienta amado; ocurre que la falta capacidad de enfrentar los chantajes se relaciona con la percepción de no sentirse amado. Tu niño necesita saberlo y sentirlo.
  5. Enseñarle a reconocer cuando sus amigos pretenden que haga algo que no quiere; a escuchar su intuición, el foco rojo que le avisa lo que está bien y lo que está mal.
  6. Fomentar en tu hijo el empoderamiento; el poder de decisión, de seguridad en sí mismo, el respeto a su emociones y sus ideas, a su valores. A decir no.

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10 cosas que debes enseñar a tu hijo por si se pierde (o intentan secuestrarlo)

Los niños son curiosos y suelen alejarse de los padres cuando menos lo esperas para mirar un juguete, dulce o cualquier cosa que llama su atención; o los mismos padres pueden distraerse minutos y al voltear ya no encontrar a su hijo. Por esto, te decimos qué debes enseñar a tu hijo por si se pierde. 

Por si se pierde (o intentan secuestrarlo)

Lo ideal es que no pierdas de vista a tu niño, pero… por si acaso, conviene que le enseñes esto que enlistamos. 

  1. Tu número de celular y el de casa, si tienes. También el de sus abuelos o un tío.
  2. La dirección de su casa.
  3. Tu nombre completo y el de su papá (el de él también).
  4. Puntos de referencia cerca de su hogar, como una panadería o farmacia cercana.
  5. Decirle un punto de encuentro fácil de recordar cuando estén de paseo.
  6. Dale un gafete que contenga sus datos (úsalo cuando salgan a la calle).
  7. Explícale por qué no debe alejarse tanto de ti cuando vayan caminando por la calle: «un extraño te puede jalar y llevarte, y yo no podré alcanzarte porque estarás lejos».
  8. Dile que jamás confíe en una persona que no conozca, aunque le ofrezca dulces o le diga que lo va a llevar contigo.
  9. Muéstrale cómo debe reaccionar si alguien intenta llevárselo por la fuerza: tirarse al piso, gritar muy fuerte, aferrarse en el suelo a los tobillos del extraño, morderlo y si alguien pasa, aferrarse a esa persona.
  10. Inscríbelo, a partir de los 6 años de edad, a un curso de defensa personal (busca uno especial para niños).

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¿Cómo criar, cuidar y proteger a tu hijo entre tanta violencia?

Estamos viviendo tiempos marcados por la violencia, tanto a nivel mundial como local. Violencia que no respeta nada y cuya sombra se extiende sobre todos por igual, por lo que es imposible no pensar en nuestros niños y en cómo protegerlos. Y justamente es lo que te invitamos a descubrir. 

Una de las acepciones de infundir es “causar en el ánimo un impulso moral o afectivo”; justamente, al no poder protegerlos desde lo externo con un escudo, la idea es fortalecerlos internamente.

Quizá nuestra percepción sea que la violencia se ha incrementado en años recientes; pero si nos detenemos a pensarlo, hemos escuchado de muerte y destrucción a través de crímenes, guerras, masacres, hambrunas, etc. desde siempre, pues el ser humano es así.

En nuestra naturaleza está la creación y la destrucción. No obstante, es nuestro deber proteger a los más vulnerables; o en todo caso, ayudarlos a procesar la exposición a la violencia cuando no podemos evitarla.

Una de las primeras áreas que se ve afectada ante sucesos violentos es el sentido de seguridad interno. Tanto adultos como niños pueden sentirse desolados, con una aflicción que se traduce en angustia. ¿Qué podemos hacer cuando no es posible evitar que nuestros niños se enteren o hasta padezcan las consecuencias de actos violentos que afecten nuestra ciudad, colonia, familia o comunidad? Infundirles seguridad.

¿Cómo?

  1. Recordemos que lo más importante siempre será reconocer y poner en palabras aquello que nos causa malestar; pues hablar de las cosas que nos hacen sufrir nos ayuda a “digerirlas” y que nos hagan menos daño. Además, esto requiere tiempo y a veces lo que necesitamos es detenernos para asimilar la experiencia.
  2. También es importante llevar a nuestros hijos a reflexionar sobre los actos violentos, sobre su posible origen y propósito. Claro que habrá que usar un lenguaje y tal vez metáforas adecuadas para su edad, que permitan expresar que no está bien eso que ha sucedido, pues callar lleva a conceder y eso legitima la violencia.
  3. Para algunas personas, es preferible negar lo que ha pasado o restarle importancia, pero no es recomendable. Los niños son perspicaces e intuitivos y casi siempre se dan cuenta de que algo grave ha ocurrido. Si no lo hablamos con ellos, les negamos la oportunidad de confirmar que su percepción era correcta y de tratar de entender, lo cual puede ser fuente de afectaciones psicológicas posteriormente.
  4. Si en definitiva sentimos que no podemos hablar del tema con los niños, podemos pedir ayuda a algún familiar cercano y suficientemente sensible o bien, acudir con un psicoterapeuta calificado. No tenemos que ser superhéroes.
  5. Tener presente que aún cuando los eventos nos sobrepasen, siempre habrá algo que podamos hacer para compensar, reparar, subsanar o mejorar la situación.
  6. Eso nos conduce a tomar una actitud resiliente. Desde la perspectiva psicoanalítica, la resiliencia se puede entender como la capacidad de superar la adversidad y salir fortalecido/a de ella. En el caso de sucesos violentos, puede ayudar a recuperar la sensación de bienestar el hacer un repaso de aquello que sí tenemos, de lo que no hemos perdido, lo que puede continuar.
  7. El apapacho siempre brinda consuelo. Si nuestro hijo nos pide abrazo, cercanía física, “piojito”, etc., es porque los necesita y darlos también puede resultarnos reconfortante.

Si después de un evento violento observas conductas raras en tu hijo,
necesitarás buscar ayuda profesional.

Patricia Osuna @PatriciaOsunaPsicoanalista

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¿Tu hijo tiene el síndrome del emperador?

¿Tu hijo tiene el síndrome del emperador? Pon atención porque quizá tenga una tendencia a la violencia.

¿Tu hijo tiene el síndrome del emperador?

A estas actitudes en un niño, se le denominan como «síndrome del emperador» porque por lo general, un emperador es una persona que gobierna para sí mismo, se siente el centro del universo y no toma en cuenta a los demás.

Le cuesta generar empatía con los demás

No siente culpa ni arrepentimiento sincero cuando hizo algo mal

Su comportamiento es déspota hacia sus papás, sobre todo con mamá

Te ha dicho «mamá tonta» o «papá tonto»

La razón o causa

Quizá tu hijo ha vivido pérdidas importantes o traumas que no fueron solucionados en su momento.

Como papá o mamá quizá deseas que tu hijo sea lo que tú no lograste.

Cuando tu hijo se enoja mucho saca su ira al pegar, morder u ofender.

En la familia tienen tendencias narcisistas.

6 consejos para saber cómo reaccionar

  1. Ten paciencia.
  2. Dile frases como «cuando me dices eso o me pegas, me haces daño, me haces sentir triste y yo te quiero mucho, podemos resolver las cosas de una forma diferente…».
  3. Piensa que tu hijo no sabe reprimir sus frustraciones y no sabe comunicar qué siente de una forma efectiva.
  4. Debes dejarle claro que la violencia no es lo correcto, calma, tu respuesta es clave: con ella desactivarás la conducta violenta como forma de canalizar su enojo.
  5. Pregúntale por qué te lo dijo, qué siente, si algo le afecta.
  6. Pregúntale en dónde escuchó la palabra (si en casa no es algo común)

¿Tu hijo te ha dicho «mamá tonta»?

Mira cómo evitar los golpes y gritos en casa

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Ser Pareja

Cómo evitar los castigos físicos

El castigo físico no educa, con una nalgada, por “muy suave” que sea, tu hijo aprende que puede usar la violencia para resolver conflictos.

¿Te ha pasado que sientes que tu hijo adora rebasar o poner a prueba los límites que le marcas? ¿Cuando estás más cansado, nervioso o enojado, pierdes los nervios y recurres a golpes y a gritos? ¿Después de pegarle o gritarle a tu hijo te sientes mal?

¿Has dicho alguna de estas frases «comunes» al pegarle a tu hijo?

  • “Es por tu bien”

  • “A mí también me pegaron”

  • “Te voy a dar”

  • “Una nalgada a tiempo te ayudará”

  • «Te lo mereces por hacerme enojar»

  • «Si no te callas, te doy otro»

  • «Te voy a pegar para que sepas lo que es bueno»

  • «Cállate o te pego»

  • «Te doy una razón para que llores con ganas»

Cómo evitar los castigos físicos

Un castigo físico es usar la fuerza para corregir una conducta (nalgadas, zarandeo, chanclazos, cachetadas, jalones de oreja, pellizcos…).

Debes dejar de pensar que los castigos físicos son educativos.

Piensa que le enseñas a tu hijo a obedecer por miedo.

Porque le haces pensar a tu hijo que las personas que lo quieren están autorizadas a pegarle (y cualquiera que lo quiera).

Justificar tu violencia diciendo “te pegué por tu culpa”, tu hijo entiende que la violencia es una solución dependiendo de la situación.

Cuando golpeas a tu hijo, él registra que en casa «no lo quieren».

Casi siempre un golpe va acompañado de frases negativas, maltrato verbal y eso baja la autoestima de tu hijo.

Si ves la violencia como forma para descargar tu frustración, ira y otros sentimientos, tu hijo hará lo mismo.

¿Quieres que tu hijo resuelva sus problemas de una forma responsable y civilizada? Trata a tu hijo con respeto. Tu misión como papá: que nadie ejerza ningún tipo de violencia sobre tu hijo. Tu deber como papá es protegerlo, eres el último que debería pegarle o gritarle.

¿Cómo «castigas» a tu hijo?

Mira cómo evitar la violencia intrafamiliar

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Aprende a decir a tu hijo «No» con autoridad, pero sin imponer

Evita gritos y sermones: con hechos, tu hijo debe entender por qué debe comportarse de un modo determinado. ¡Sí es posible educar y decir a tu hijo “No” con autoridad, pero sin imponer! Mira estas sugerencias.

Todos los niños necesitan límites (normas sencillas de comportamiento) claros, precisos y coherentes. Gracias a ellos tu hijo aprende a discernir entre las conductas apropiadas y las que no lo son, algo básico para vivir en sociedad.

Es importante aprender a decir “no” sin ser autoritario, de una manera que tu niño pueda entender. Recuerda que una buena disciplina fomenta la autoconfianza y el respeto por uno mismo y los demás, la clave está en ser coherente, hablar, evitar gritos innecesarios y demostrarle cuánto lo quieres.

Lo que debes hacer:

  • Sé consecuente con actitudes, palabras y gestos: la coherencia generará la confianza necesaria para que tu hijo te respete.
  • No prometas una cosa que no lleves a cabo.
  • Intenta que tu pareja y tú estén de acuerdo en cómo educar al niño.
  • Mantén una buena comunicación, aunque tu hijo sea pequeño.
  • Sean sinceros con tu hijo.
  • No impongas el “porque lo digo yo”.
  • Contesta honestamente sus preguntas y si no sabes algo, admítelo y encuentra con él una solución.
  • Escucha a tu pequeño.
  • Conecta, míralo a los ojos y responde a sus sentimientos.
  • Evita las peleas.
  • Valida sus emociones. Quiérelo mucho, dile que te importa y dale mucha confianza. Es esencial durante sus primeros seis años de vida.
  • Ponle límites de acuerdo a su edad, explícale el porqué de cada uno.
  • Transmítele valores de vida acordes a tus propias creencias.

ESTE ARTÍCULO SALIÓ PUBLICADO EN LA EDICIÓN IMPRESA DE PADRES E HIJOS EN ABRIL DE 2019, FUE REDACTADO POR MAYRA MARTÍNEZ.

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Razones por las que los castigos no funcionan con tu hijo

Tal pareciera que los niños de ahora son inmunes a los castigos; que los castigos no funcionan con tu hijo. ¿Por qué será?

El experto es neuropsicología Álvaro Bilbao responde esta gran interrogante en su libro El cerebro de los niños explicado a los padres.

  1. Cuando se castiga a los niños, se les enseña que esa es una manera válida de pedir a los demás lo que desean. Aprende que cuando se sienten frustrados por no obtener de los demás lo que quieren pueden arremeter contra ellos, quitándoles lo que quieren, hiriéndolos, haciéndolos sentirse culpables, para que “aprendan a obedecer”.
  2. Facilitan la aparición de la culpa. Normalmente, los padres levantan el castigo a su hijos cuando los ven llorar o ha pasado el suficiente tiempo para que “reaccione, o se sienta mal por lo que hizo y aprenda”. De esto, en realidad, solo asimila que sus padres lo aman solo cuando se porta bien.
  3. Facilita que el niño se forme un mal concepto de sí mismo, por tanto, mina su autoestima. Las etiquetas que suelen acompañar a los regaños y castigos acerca del modo de ser de los niños (“eres un demonio, eres un caos, un malportado…»), se le quedan grabadas en su memoria y forman conexiones neuronales. Simplemente él se la cree porque si tú que eres su cuidador se las dice, son verdad. Y actuará a lo largo de su vida adulta según lo hayas definido en esta etapa de su desarrollo.
  4. Los castigos pueden tener una reacción contraria a la que buscas, es decir, tu hijo puede aprender que solo mediante ellos recibe toda tu atención, por tanto, puede comenzar a usarlos para obtener tu tiempo y dedicación. Ocurre que para un niño que se siente ignorado o poco amado es mejor recibir un regaño que ser invisible para las personas que él ama.

Los castigos tienen más efectos negativos que los deseados por todo papá y mamá, por ello, es mejor usar estrategias más conscientes para ayudar a tu hijo a asimilar lo correcto o incorrecto. Como los límites y la disciplina positiva.