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La delgada línea entre los castigos y el maltrato, ¡identifícala!

Te compartimos este análisis de los castigos más frecuentes que los padres aplican a sus hijos, para que puedas identificar aquellos errores que como padres solemos cometer. Regina Ojeda, especialista en psicología de niños y adolescentes en Neuroingenia, nos explicó los pros y contras de cada uno.

Quitarle o prohibirle sus juguetes

Inútil… Es un castigo que no le implica un esfuerzo, es decir, tú le quitas su juguete y él es tan creativo que tomará otro o decidirá divertirse con una caja o correteando al gato. No te funcionará.

A menos que… Lo condiciones: “No vas a usar este juguete hasta que recojas todos los demás”. De esta forma tu niño sabrá que existe una solución para su problema: que si hace tal cosa volverá a tener su juguete, por tanto se esforzará en guardar los otros. Si no le pones este esfuerzo de por medio no tomará interés en hacer lo que le indicas porque no encuentra una recompensa: “Si te quito tu carro es porque no has terminado tu tarea, entonces, cuando la termines, te lo devuelvo”. Necesitas darle un sentido a su consecuencia.

Tú no, él sí

Puede funcionar… Lo que más ayuda para cambiar una conducta es reforzar lo positivo; muchas veces los niños se esfuerzan en cumplir algo con tal de obtener lo que quieren: “Los dos tienen que recoger sus juguetes, quien lo acabe primero podrá comer postre”. Pero el secreto de esta consecuencia es plantear bien su sentido y cumplirla; así, el niño que no termine se motivará al ver que el otro ya se está comiendo su postre.

Contraproducente… Cuando la consecuencia no está bien planteada o se va a aplicar mucho tiempo después: ya quedaron que el domingo irán todos al cine, pero el martes previo tu niño no se comió las verduras y le dices: “Tú no irás con nosotros”; realmente no tiene ninguna relación causal y sólo puede hacerlo sentir rechazado. Aplica esta consecuencia cuando necesites que haga una acción particular, aprovecha las cosas que le gustan para que resuelva eso que deseas; como un premio.

Prohibirle jugar con sus primos

Depende… Cada niño es un caso distinto. Si tu hijo es tímido, un castigo como este no servirá: “Me porto mal y me quitan lo que no me agrada, me va superbién”. En cambio, si es muy sociable, claro que te funcionará porque lo estarás reprimiendo de algo que le interesa y por lo cual sí se esforzaría para tener o no perder. No existe una receta de cocina en cuestión de castigos, por ello necesitas conocer bien a tu hijo y su entorno, para que identifiques qué sí le implica un esfuerzo.

No

Cuando le evitas una lección. La convivencia es esencial para el desarrollo de los niños porque les enseña a comunicarse. Retomemos el caso del niño tímido: las actividades en grupo le permitirán manejar su estrés y sentirse cómodo consigo mismo. Ahora hablemos de un niño pegalón: nunca va a modificar su conducta si no lo exponemos ante los demás y le enseñamos otro modo de enfrentar su frustración.

Siempre y cuando tenga relación directa con la conducta que deseas modificar: “No terminaste tu tarea por irte a jugar con tus primos, así que la próxima vez que te inviten no irás con ellos a jugar”. Pero si es: “No te comiste la sopa de verduras y por eso no vas con tus primos”, no tiene un sentido, tu hijo no captará la relación entre su conducta y la consecuencia ni el esfuerzo que debe hacer: en la primera sabrá que está mal no cumplir su responsabilidad, por lo que ahora estará primero su obligación; en la segunda, no siempre necesitará comerse la sopa para salir a jugar con los primos.

Retirarle la actividad que más le gusta

Inútil… No le estarías enseñando un mejor comportamiento. Por ejemplo, si tu niño se porta mal en la clase de futbol, cancelarla no soluciona nada porque cuando vaya a otra actividad volverá a portarse mal. Es necesario describirle la conducta inadecuada: “No obedeces al profesor, muerdes a tu compañero…”; en vez de quitarlo de lo que hace, ayúdalo a entender que esto es incorrecto, a enfrentar su error y solucionarlo. Para lograrlo, la consecuencia tiene que ser clara: “Estás pegándole a tus compañeros de tu clase, no irás dos días y les tendrás que ofrecer una disculpa”.

Ponerle una actividad que no le gusta

Contraproducente… Sólo le va a causar enojo y rebeldía, no le dejará un aprendizaje significativo y, en cambio, le estarás transmitiendo que está bien reaccionar con venganza: “No te cambiaste cuando te dije, ahora tendrás que darle de comer al perro”; es un desquite. Recuerda que cada vez que le pones una consecuencia le enseñas que así es correcto reaccionar: no le gusta sacar la basura, pero es su tarea, entonces le estás enseñando a enfrentar la frustración; esta situación sí tiene una lección.

La ley del hielo

Nunca… Cuando se establece sin explicación y se alarga incluso por un día o más, es ineficaz. Es una forma errónea de enseñar a tu hijo a resolver los conflictos, pues lo que aprende es a evadir los problemas y a ejercer violencia emocional sobre otros. Además, le envías el mensaje de que “es malo” en lugar de especificar que su acción fue la incorrecta.

Aunque… Depende de cómo la utilices: cuando estés en realidad enfadada y quieras que tu hijo entienda que sus actos son inaceptables está bien que le suprimas la palabra, pero siempre diciéndole en el momento: “Estoy muy enojada y por eso no quiero hablar contigo ahora”. Cuando estés tranquila, siéntate y explícale qué hizo mal o qué te lastimó.

El castigo está hecho para corregir una acción negativa del niño, por ello debe aplicarse bajo el concepto de consecuencia. El maltrato físico o emocional jamás será bueno para educar a un niño, pues lejos de corregir una conducta, le crea miedos y creencias negativas acerca de él mismo y de cómo relacionarse con el mundo que lo rodea.

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11 formas en que los hombres pueden llegar a ejercer la violencia

Los modos de ejercer la violencia pueden ser muy sutiles, casi imperceptibles y pueden dañar tu salud emocional, mental y física. Te decimos cuáles son las formas en que alguien puede ejercer la violencia; asegúrate de no practicarlas tú ni permitir que las apliquen contigo.

Formas de ejercer la violencia

El competidor celoso. Siempre intenta quedar por encima de las mujeres poniendo en tela de juicio todo lo que dicen, así provoca discusiones continuas en un intento de tomar el control y demostrar su superioridad.

El volcán. Es el pasivo-agresivo, engañosamente tranquilo, pero a punto de entrar en erupción mortal. Lo guarda todo, nunca dice lo que siente. Si está triste o molesto tú no lo sabrás, pero mientras tanto lleva un exhaustivo registro mental de todo, y cuando se llena y ya no puede más, explota.

El sabelotodo. Es arrogante y presuntuoso, está seguro de que él tiene todas las respuestas. Siente que es más listo que los demás, que sus opiniones y convicciones morales son las únicas que valen y las que debería adoptar todo el mundo.

El mentiroso. Suele ser seductor, manipulador e infiel. Es siempre muy halagador y muy cortés. No confíes nunca en lo que dice. Se dedica a alimentar tu ego. Pero ojo, tiene una habilidad única para cambiar el sentido de tus palabras, darle vuelta a un argumento y utilizarlo en contra de ti.

El obsesivo del control. Furioso y déspota, se dedica todo el tiempo a controlarte diciéndote lo que tienes que hacer y cómo tienes que hacerlo. Te intimidará con su enojo e ira, llegado el punto, incluso, puede mostrarse agresivo en algunas ocasiones.

El entrometido. Es sizañoso y traidor. Intenta manipular cualquier situación e incluso a ti misma para aprovecharse y conseguir que hagas las cosas a su manera, te parezca o no. No es nada diplomático y se aferra con decisión a sus opiniones.

La víctima. Es tan autodestructivo que lo ve todo negro. Siempre ve la parte negativa de las cosas y espera lo peor. Se ve a sí mismo como una víctima indefensa que no puede hacer nada para cambiar su situación. Culpa a los demás por lo que le sucede.

El espantapájaros. Es débil y sin iniciativa. No es proactivo. Incapaz de tomar una decisión sobre algún asunto y se ve arrastrado por la opinión de la gente. Vive con miedo y nunca creará ningún conflicto ni se reivindicará a sí mismo ni a ningún otro.

El narcisista. Egocéntrico, su lema es: yo, mi, a mí, conmigo y para mí. Su preocupación es él mismo. Él es el centro del universo y espera que tú lo consideres así. Lo único que le importa de ti es lo que le afecte o tenga algo que ver con él.

El congelador emocional. Es frío y no muestra ninguna emoción. Deja ver muy poco de sí mismo y es un hombre de muy pocas palabras. Así que nunca sabes lo que piensa o realmente siente. No es, en absoluto, una persona que inicie las conversaciones.

El sociópata. Este es el tipo más tóxico y peligroso. Tiende a ser desorganizado. Algunos de sus rasgos particulares son: locuacidad y encanto superficial, sensación de autovalía, mentira patológica, entre otros. Son personas muy trastornadas que pueden causar un gran daño o incluso amenazar la vida.

Una esperanza

Es importante que la persona que identifica que está encadenada en una relación violenta sepa que hay una salida. Pero es necesario que reconozca que, como cualquiera, tiene debilidades y fortalezas y que requiere asumir la responsabilidad de trabajar en su propia autoestima, es decir, valorar el conjunto de rasgos corporales, mentales y espirituales que forman su personalidad. Para ello necesita:

  1. Aceptar lo que es.
  2. Aprender a poner límites; una frontera que marca hasta dónde permite que alguien entre a su territorio emocional y que también limita su actuar en el aspecto emocional de los otros.
  3. Cambiar hábitos que le hacen mucho daño.
  4. Aprender a autovalorarse, nunca es tarde.
  5. Encontrar las razones para sentirse valiosa y también los espacios para ser respetada y valorada.

Existen terapias y grupos de reflexión o autoayuda que pueden acompañar este proceso. Aunque nunca se llegará a ser perfecto, es importante renovarse y repararse a sí mismo para lograr una auténtica aceptación y superación. 

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