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Así Crece

Claves para entender a un niño de dos años

¡Nadie los comprende! Quieren algo y luego lo desprecian, no contestan a preguntas simples, hacen lo contrario a lo que les decimos? Nos están desafiando.

¡Nadie los comprende! Quieren algo y luego lo desprecian, no contestan a preguntas simples, hacen lo contrario a lo que les decimos? Nos están desafiando.

La forma de entender el mundo de un niño de dos años no tiene nada que ver con la de los mayores. A esta edad, los niños no tienen capacidad para ponerse en el lugar del otro, ni para medir bien las consecuencias de sus actos.

1. No muestra gratitud

No había forma de hacer entender a Alberto que el caminador de su primo no era suyo y cada visita a casa de los tíos se convertía en un drama. Sus padres le regalaron uno igual el día de su cumpleaños como sorpresa. Pero cuando lo recibió no se inmutó. ¿Había perdido el interés?

¿Qué le pasa?

No es que Alberto esté descontento, es que está desconcertado por el nuevo sentimiento que empieza a conocer, ya sea agradecimiento o una alegría inmensa. A los dos años todavía no tienen la capacidad de ponerse en el lugar del otro, por lo que, por mucho esfuerzo que hayan puesto sus padres en encontrar un caminador idéntico al de su primo, no entiende que debe mostrarse agradecido.

¿Qué hacer?

Nada, salvo esperar a que crezca para poder ver su alegría al lograr las cosas que desea muchísimo.

2. Desconoce qué es el castigo

Hoy toca estar de latoso, y mamá y papá se están hartando. Para que Salvador cambie de actitud, le dicen: ‘¿Quieres quedarte sin ver Peppa Pig esta tarde?’. Responde tranquilamente: ‘Sí’. Llega la hora de los dibujos y mamá apaga la tele. Entonces, empieza a llorar desconsoladamente y pregunta por qué lo han hecho.

¿Qué le pasa?

No es que no distinga entre respuestas afirmativas y negativas, simplemente no mide la dimensión del castigo y tampoco conoce sus consecuencias.

¿Qué hacer?

Para evitar que luego se eche para atrás, hay que hacer las cosas de inmediato. Así le será mucho más fácil entender la relación entre causa y efecto.

3. Solo contesta a preguntas concretas

Puede pasar toda la tarde hablando, pero cuando mamá o papá le preguntan cómo le fue en la guardería, qué ha hecho esta tarde o cómo ha pasado el fin de semana con los abuelos, obtienen un largo silencio como respuesta.

¿Qué le pasa?

Esta reacción es bastante común en niños de dos años. Son preguntas con una respuesta muy poco concreta y le cuesta resumir todo lo que ha hecho o piensa. Al no saber por dónde empezar o qué priorizar, opta por callarse.

¿Qué hacer?

Preguntas concretas del tipo: ?¿Qué es lo que más te ha gustado del fin de semana?? o ?¿Jugaste con los muñecos de tus primos?? son mucho más fáciles de responder.

4. Un “¿qué?” por respuesta

A pesar de que la virtud de todo padre es la calma, a veces resulta difícil no llegar a la desesperación cuando por décima ocasión nuestro hijo responde con un ?¿qué??.

¿Qué le pasa?

No es que esté intentando que papá y mamá se vuelvan locos, simplemente pide tiempo muerto. Muchas veces está distraído cuando le preguntan, por lo que su atención no se fija al 100% en la persona que le está hablando. Por eso, ese continuo ‘¿qué?’ es una forma de ganar tiempo para procesar lo que le han preguntado.

¿Qué hacer?

La única opción es llamar su atención antes de preguntarle algo y, al hacerlo, hablarle despacio. Así el niño no tendrá necesidad de pedir ese tiempo muerto.

5. Le gusta transgredir los límites

A Jordi le encanta jugar con la comida. Por eso, sus padres le han preguntado antes de darle la papilla si iba a jugar con ella. Su respuesta ha sido un ?no? tajante. Acto seguido, ha metido la mano en el plato, se la ha restregado por la cara y ha escupido. ¿Los desafía?

¿Qué le pasa?

No, más bien está tanteando, le gusta trasgredir límites. Necesita probar dónde está la línea, es una especie de juego. Es su manera de sentirse reforzado y valorado.

¿Qué hacer?

No queda más remedio que ignorar su mal comportamiento y prestarle atención cuando obedezca.

Foto: Pixabay