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¿Miedo o fobia?

Aprende a distinguirlos para tratarlos correctamente.

Aprende a distinguirlos para tratarlos correctamente.

Siempre que sentimos miedo nuestro cuerpo reacciona de una forma singular: el corazón se acelera, respiramos más fuerte y entrecortado, la piel palidece porque la sangre va a los músculos y nos ponemos más sensibles a los estímulos externos.Ante ello, nos volvemos más vulnerables y frágiles.

 

Hay veces en que este sentimiento natural e intermitente, que se dispara por una causa real, llega a aparecer sin que exista una amenaza evidente, sino más bien imaginaria? «Aquí hablamos de ansiedad, un sentir que puede llevar a tu hijo a un estado de gran preocupación, sobre todo cuando el temor se convierte en una constante», señala Armando Castro.

 

Un niño ansioso suele sentir horror ante situaciones que para otros no representan un peligro. En este caso, la ansiedad le paraliza y le impide actuar y ser feliz. En tanto, hay chicos que llegan a experimentar un pánico desproporcionado ante cierto animal, la presencia de alguna persona, objeto o bajo hechos específicos, lejos de cuales cree que se encuentra «a salvo».

 

Hay fobias comunes entre los niños: el miedo a la oscuridad, a los insectos, a los payasos o la agorafobia, que es el estar en una situación donde sea difícil salir o recibir ayuda. Es el caso del peque que se angustia en demasía al perder de vista a su madre en una tienda.

 

Hay que tener cuidado con no confundir la fobia con los naturales miedos infantiles que surgen de acuerdo con la edad de tu hijo:

 

0 a 6 meses
Se da por ruidos fuertes, estruendosos o por cambios bruscos de la posición en que se encuentra tu bebé.

 

8 meses
Sus miedos nacen frente a caras extrañas cuando tú no te encuentras cerca.

 

2 años
Surge por los ruidos, movimientos bruscos, luces, sombras y animales. Aumenta el número de estímulos que le provocan pavor debido a su natural curiosidad.

 

3 años
Es importante que no desestimes sus sobresaltos ni lo obligues a enfrentar lo que le asusta.

 

4 a 6 años
Los temores alcanzan su máximo y se clasifican como «naturales» cuando hay truenos, oscuridad o animales salvajes. Cobran fuerza los miedos imaginarios y es cuando la noche es propicia para que según el niño, los monstruos o fantasmas aparezcan bajo su cama.

 

7 a 8 años
Continúan los terrores a la oscuridad, a quedarse solos y a los animales o insectos. Algunos pequeños pueden generar temor a la escuela.

 

9 años
Se da una ambivalencia porque continúan sus miedos, pero se siente atraído por ellos. Es en esta etapa cuando toma conciencia sobre lo que significa la muerte, aunque aún no la vea como algo natural.

 

10 a 12 años
Aparecen ante la posibilidad de catástrofes o accidentes, a contraer enfermedades graves, a conflictos entre los padres y al mal rendimiento escolar.