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¿Y si es meningitis?

Sus síntomas en un principio suelen parecerse a los del resfriado, pero si no se trata a tiempo puede ser mortal. Identifícala y protege a tu familia de esta enfermedad.

Sus síntomas en un principio suelen parecerse a los del resfriado, pero si no se trata a tiempo puede ser mortal. Identifícala y protege a tu familia de esta enfermedad.

La meningitis meningocócica es una enfermedad muy grave que provoca «un proceso inflamatorio de la capa que rodea el cerebro y la médula espinal, llamada meninges, y se origina por una infección bacteriana», afirma el Dr. Marte Hernández, pediatra infectólogo del Instituto Nacional de Pediatría.

 

La causa

 

La bacteria que la produce es el Meningococo (Neisseria meningitidis) que normalmente vive en la garganta de las personas. Sin embargo, puede diseminarse en la sangre y de ahí pasar al sistema nervioso central y «provocar una infección muy severa que genera graves daños al cerebro y la muerte», señala Hernández. Es común que adolescentes y adultos porten la bacteria en la garganta sin tener la enfermedad, pero pueden transmitirla a otras personas.

 

¿Cómo se transmite?

 

La bacteria puede pasar de persona a persona a través de las secreciones respiratorias o de la garganta; por ejemplo, «de la tos, los estornudos o besos; o por compartir utensilios como vasos y cubiertos. Incluso se puede contraer en lugares en los que haya mucha gente y que sea de espacios pequeños como el metro, cines, internados, guarderías… pues se transmite por vía aérea y respiratoria principalmente».

 

El tratamiento

 

Cuando se diagnostica la enfermedad, es importante que el paciente ingrese al hospital y se le administren antibióticos potentes lo antes posible. Sin embargo, aunque la bacteria se «muera, las secuelas son graves. Y es que una de las características de esta enfermedad es que puede provocar alteraciones de la coagulación y necrosis, por lo que quizás se deban realizar amputaciones», dice el doctor

 

Es mejor prevenir

 

La principal forma prevención es mediante la vacuna conjugada, la cual protege contra los cuatro sero grupos de la bacteria (A, C, Y y W). Puede administrarse desde los nueve meses y hasta los 55 años de edad. El esquema es de dos dosis para niños de nueve a 23 meses, y para los mayores de dos años, es de una sola dosis. Lo recomendable es que la primera aplicación sea a partir de los nueve meses y el refuerzo a los 12 meses de edad.