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Padres e Hijos

Lo que siente un niño cuando sus papás le dicen mentiras

Las mentiras no tienen colores; ni son blancas, ni son negras, ni son término medio. Todas tienen las mismas consecuencias para los niños, pues como apenas están reuniendo las piezas para construir su mundo, pueden provocarles una contradicción, angustia y un caos ante el cual no saben reaccionar.

O mejor dicho, reaccionan tan instintivamente que se vuelven su modo de resolver conflictos, responsabilidades, temores o cualquier situación en la vida, ya que eso aprendieron del entorno en el que crecieron.

Pensemos: ¿cuántas veces en tu vida has “inventado algo” para solucionar algo? Probablemente en esta reflexión llegues al punto en el que muchas veces fue necesario: “no podía decir a mi hijo que su perrito se había muerto, mejor le dije que se había ido con su amigo”.

Sin duda, hay situaciones que nos hacen mentir porque “creemos” que es lo mejor; pero no, no al menos en el mundo de los niños. ¿Por qué?

Conoce las razones que nos compartió Karla Amieva, psicoterapeuta con maestría por la Asociación Psicoanalítica Mexicana:

Viven una contradicción de valores 

Mucho hemos escuchado que los padres somos su primer ejemplo; ellos nos están observando todo el tiempo porque somos su primera fuente de información. Así que si tú le pides que “siempre diga la verdad” pero le mientes a él o a quien sea, él se pregunta: “¿por qué mi mamá dice que yo no puedo mentir y ella lo hace?”.

Sienten enfado y desconfianza

Cuando los niños se enteran que les mintieron se sienten traicionados (“por qué me mentiste, no soy tonto, sí entiendo) y tristes; como aún no saben trabajar inteligentemente sus emociones, su reacción instintiva es el enfado y enseguida, la desconfianza, ya que no alcanzan a comprender cómo su figura de mayor autoridad, amor y seguridad los puede engañar.

Aprenden que mentir está bien y a evadir responsabilidades 

Para los niños entre los 3 y 6 años de edad, lo que dicen sus padres es la verdad absoluta; ellos aún no tienen criterio para discernir entre lo correcto o incorrecto, o para definir lo malo y lo bueno. Si nosotros les decimos mentiras, les estamos mostrando que son buenas y si las decimos para desligarnos de alguna problemática, salir airosos, evadir una obligación… la enseñanza es que las mentiras son el recurso fácil para enfrentar y resolver la vida.

Entonces, para cuando ya tengan la capacidad cognitiva para elaborar mentiras (a partir de los 7 años), ya no serán mentiras chiquitas o por juego, sino unas que puedan incluso poner su integridad en riesgo. Será “algo permitido”.