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El desarrollo emocional del bebé en el útero

El mundo intrauterino de los sentimientos apenas se está empezando a develar y el papel que juega mamá en la estabilidad emocional de su pequeño.

El mundo intrauterino de los sentimientos apenas se está empezando a develar y el papel que juega mamá en la estabilidad emocional de su pequeño.

¿Emociones en el bebé? ¿Sentimientos en ese pequeño ser apenas en formación? ¡Quién lo diría! Y es que si hacemos un recuento de la información médica de la vida gestacional, hallaremos que existe una extensa y detallada descripción del desarrollo físico del bebé. Pero en comparación, se sabe muy poco acerca de su dimensión emocional.

 

Hecho fundamental

 

Hace unos meses, un grupo de investigadores del Reino Unido dijeron haber descubierto que ya desde las diecisiete semanas, el ser humano es capaz de manifestar emociones. El profesor Stuart Cambell lideró un equipo que estuvo monitoreando imágenes en 4D de un bebé y según afirmó, percibieron expresiones que lo mostraban llorando y también, sonrisas maravillosas. ?Frente a las controvertidas imágenes que al menos a primera vista, avalan lo planteado por Cambell, varios especialistas se mostraron escépticos y argumentaron que en esta etapa, el bebé no puede demostrar sentimientos porque la conexión entre el cerebro y el cuerpo aún está muy limitada.?Habrá que investigar más. Lo que sí se sabe es que independientemente de la posibilidad de expresión, la percepción emocional comienza entre el quinto y el sexto mes de embarazo. Este es el momento en que el sistema límbico está en plena ebullición.

 

El universo del bebé

 

El enigmático universo intrauterino del bebé nos depara muchas sorpresas. El potencial que contiene para crear las bases de su salud biológica o su capacidad intelectual, no le lleva ventaja a los recursos diseñados para un buen desarrollo emocional.?Una personalidad serena, sociable, afectiva y centrada depende de varios factores y aunque se construye a través del tiempo,  la madre naturaleza hace que el entorno que nos acoge desde  la fase embrionaria, contenga los elementos necesarios para darnos estabilidad. Como madres, saber esto nos permite apoyar a nuestros hijos de una mejor manera aunque todavía no estén en nuestros brazos. Resulta que el vientre materno, un espacio que imaginamos silencioso, oscuro y aislado de cualquier contacto, no lo es tanto.  En realidad ha sido descrito como un mundo de sonidos rítmicos, sincopados y acompasados que proporciona al bebé su primer asidero a un estado emocional estable y tranquilizador.

 

Súperconductor sonoro

 

El líquido amniótico es un súperconductor de sonido, mucho más eficaz que el aire. Esto permite que el bebé pueda percibir con toda claridad los ruidos que lo rodean: los rítmicos latidos del corazón de mamá en síncopa con los propios (el corazoncito del bebé late mucho más aprisa), las acompasadas ondas sonoras provocadas por el movimiento del líquido que lo rodea, los sonidos sordos y constantes del funcionamiento intestinal de su progenitora, el eco lejano de su voz, la gama de ruidos externos. A lo largo de nueve meses, este es el mundo que conoce y en el cual aprende a sentirse protegido y seguro. Si no hay demasiados factores que lo perturben (gritos, estridencias, estados maternos demasiado estresantes) sus primeros contactos con las emociones derivadas de ese estado de confort, adormecimiento y necesidades satisfechas, condicionarán positivamente su desarrollo emocional. Pero si por el contrario, lo primero que aprende es a sentirse asustado o irritado, la huella de estas primeras vivencias formará un patrón difícil de modificar.